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Sábado 25 de Mayo de 2013

Karla, la transexual que emociona con su historia escolar

De adolescente fue excluida de la escuela por su condición de género. Ahora empezó el secundario en una escuela para adultos

"Me resultó muy difícil el secundario, recibí mucho acoso, mucha discriminación, no sólo de mis compañeros, incluso de algunos profesores. Tuve que dejar, me sentía discriminada; eran burlas constantes en el salón". El recuerdo pertenece a Karla Ojeda, una transexual que comparte cómo fue su paso por la escuela, con nombre de varón y sintiéndose mujer. Su testimonio ayuda a entender la dimensión del "Protocolo administrativo" anunciado por Educación para que los chicos y chicas puedan usar en el ámbito escolar su nombre de género, y la necesidad de hablar de educación sexual en las aulas. "Soy ama de casa, tengo mi pareja, estoy siempre con mi familia y estudio en una Eempa donde todos me tratan de maravillas. Soy feliz", dice hoy, y emociona con su historia.

Karla tiene 41 años, vive en el campo, cerca de Villa Amelia, y no se cansa de decir que es su lugar en el mundo. Allí, este año comenzó el primer año en la Escuela Media para Adultos (Eempa) República de Italia. "Tengo buenas notas, me encantan historia y geografía, ciencias sociales les dicen ahora. Y la verdad es que no tengo palabras de agradecimiento para los profesores y compañeros de clases, para todos, porque fui bien recibida y todos me respetan", relata en una charla abierta y generosa.

Oportunidad. La oportunidad de estudiar de adulta tiene que ver con recuperar, revertir un pasado escolar signado por la discriminación y la intolerancia: "Hace 25 años, un poco antes, fue cuando decidí dar el cambio en cuanto a mi identidad, mi género, fue muy difícil dar el paso. Estaba en plena etapa de la adolescencia y empezaba la secundaria. Tuve que dejar la escuela, por pensar distinto y a la vez tan igual. Digo, igual porque tenía los mismos derechos de cualquier otro chico o chica de ir a estudiar".

Una y otra vez, repasa las burlas, acosos y actos discriminatorios de la que fue víctima no sólo en la escuela, también en el trabajo y hasta socialmente. Es interesante escucharla, seguir sus gestos, no hay rencores en ese recuerdo, más bien una capacidad ilimitada de lucha, de encontrar siempre la mejor salida, la no resignación. Y mucha energía positiva.

Excluida. De aquel paso fugaz por las aulas de un secundario de Rosario —fueron apenas 4 meses— también quedó la imagen del rechazo de sus profesores a que se vistiera como sentía, como una mujer: "Algunos profesores me decían cómo tenía que ir vestida y yo no estaba de acuerdo, porque yo elegía cómo vestirme. Ya me iba vistiendo de mujer, con prendas femeninas y a los docentes les molestaba porque me decían que era un varón y yo les decía que no. Yo no me sentía así, siempre defendí lo que sentí".

"Tenía pocos amigos y amigas —continúa—, algunos entendían mi condición pero la mayoría no y la rechazaban. Hoy todo está cambiado". Karla se fue de la escuela, nunca nadie desde la institución educativa preguntó por ella, por qué había dejado. Excluida, se sumó así a la lista de los que luego el sistema paradójicamente llama "desertores escolares".

Confiesa que nunca se dejó caer, más bien salió a hacerle frente a las situaciones adversas y dar pelea para que las cosas cambien. Entre mates dulces y facturas de hojaldre, relatos familiares y las preferencias en la cocina, más su militancia en la Comunidad Trans de Rosario, Karla rescata esos cambios sociales y culturales que empiezan a darse, sin nunca dejar de advertir que "todavía falta más".

Protocolo. La semana pasada se conoció que el Ministerio de Educación de Santa Fe habilitará un "Protocolo administrativo" —será la primera provincia en tenerlo— en las escuelas primarias y secundarias para que los chicos y chicas puedan usar su nombre de género, aquel con el que se identifican. Esto para trámites como un examen, la libreta de calificaciones, los registros de asistencia, entre otros. De manera que se sientan respetados o respetadas en su identidad, y sobre todo integrados plenamente a la educación. En otras palabras, para que no se repita la historia de exclusión de Karla.

"Este protocolo está muy bien, siempre que tenga el acompañamiento de los padres, eso es fundamental. Ahora bien, no conozco que esto se dé en la primaria, más bien es al inicio de la adolescencia que es cuando descubrís tu verdadera identidad, lo que querés ser, lo que sentís, lo que deseás y sabés que así vas a vivir más cómoda".

¿Y qué pasaba en la primaria, en la niñez? "Antes de ser trans, de dar el cambio en mi vida, de pasar de ser un chico varoncito gay, ya me consideraba gay, porque desde que tengo uso de razón, siempre quería vestirme de mujer. Pero en la niñez, identificar eso, lo que querés ser, si bien lo sentís, es difícil expresarlo. Lo mío era siempre jugar con las nenas, estar rodeada de mujeres, con mis tías y mi madre", responde sobre la identificación femenina que sentía.

Historias diferentes. Karla reconoce que su historia difiere mucho de otras tantas compañeras trans. Ella tuvo el acompañamiento de su familia, de sus padres y 10 hermanos que siempre la comprendieron y ayudaron, y le dejaron "una educación hermosa, divina". "La mayoría se muere joven por la vida que ha tenido, por las enfermedades o víctimas de la violencia", expresa.

A eso —agrega— hay que sumarle la marginación a las que todas eran y todavía son expuestas. Menciona el código provincial que regía en ese entonces cuando empezó a descubrir quién era: "Por el simple hecho de transvestirte del sexo opuesto te llevaban detenida y podías estar un día o dos, eso si alguien te retiraba de la comisaría, sino podías estar 30 o 60 días detenida. Simplemente por eso, por vestirte de otra manera, distinta pero a la vez tan igual, porque no es que usabas una ropa de extraterrestre, sino de acuerdo a lo que se siente y piensa".

Hoy hay normas que acompañan los cambios que se esperan de la sociedad. Menciona entre esos logros las leyes de identidad de género, de salud integral y de matrimonio igualitario. "Tenemos todas estas leyes, pero socialmente los cambios no están dados completamente", acota.

En su opinión, esta decisión de sumar un protocolo que reconozca en los estudiantes su identidad de género en las cuestiones cotidianas y hasta tanto dispongan del DNI definitivo, y con el consenso de los padres, es importante y ayuda. "Pero —se explaya— creo que mucho más importante es la Educación Sexual Integral (ESI), que se aplique esta ley para educar desde la primaria. Recibiendo esta educación los chicos van a saber no solamente cómo prevenir un embarazo o una enfermedad, sino saber que hay otros tipos de orientaciones sexuales, identidades y también respetar a un chico o una chica lesbiana o gay, o si hay un chico o chica trans que quiera dar el cambio aceptarlo".

Aprendizajes. "Cuando recibís la palabra «maricón», «maricón», «maricón» todo el tiempo que está marcándote eso, te hacen creer o vivir de alguna manera que estás viviendo mal en la sociedad, que es malo y no es así. Por eso es fundamental la educación sexual integral", subraya, y continúa: "Sirve también para que todos puedan aprender que hay chicos y chicas diferentes a ellos, con pensamientos y maneras de vestirse distintos, pero que tienen los mismos derechos".

Al deseo de Karla que la educación sexual integral no quede afuera de las aulas se suman otros personales y colectivos: "Mi idea es terminar el secundario, adoraría después hacer una carrera porque es algo pendiente que quedó en mi vida. Pero ahora estoy empeñada en terminar la Eempa. Siempre fui muy positiva, de creer que todo tiene que cambiar". Una convicción que logra contagiar.

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