Ovación
Domingo 28 de Agosto de 2016

Jugar pese a las carencias

El ingenio muchas veces potencia las virtudes para resolver eventuales contratiempos.

El ingenio muchas veces potencia las virtudes para resolver eventuales contratiempos. Y otras veces fortalece la resistencia para superar las necesidades. Cuando Carlos Bilardo pensó en jugadores polifuncionales para conformar la selección ante posibles lesiones o expulsiones en un puñado de partidos mundialistas, nunca imaginó que el fútbol argentino apelaría a esta modalidad para suplir ausencias crónicas en materia de puestos. Así, en las últimas décadas, fueron apareciendo roles con los respectivos neologismos que engrosaron el vocabulario futbolístico, tendencia que se acentúa con este nuevo torneo en marcha.

Fue un proceso que se cimentó en posiciones específicas que ingresaron en un cono de extinción y que las tácticas fueron reinventando para cubrir de alguna forma esos espacios vacíos. Algunos remiten que estas vacantes comenzaron a producirse por las transformaciones de origen, como la desaparición progresiva de los potreros en el inicio del proceso recreativo que tanto enriqueció a este deporte. Y que tuvo como complemento el condicionamiento que los tacticismos prematuros ejercieron en la libertad de los chicos a la hora de jugar con la espontaneidad como nutriente. Lo calificado como "arte de lo impensado".

Otra corriente de opinión, partiendo del argumento anterior, amplía que un fútbol exportador como el argentino y la falta de políticas consecuentes en las divisiones inferiores de muchos clubes agravaron la falta de recursos. Más el éxodo de varios juveniles virtuosos sin siquiera pasar por una primera división o con apenas un puñado de partidos en ella.

Más allá de la certeza de ese diagnóstico en el que convergen muchos entrenadores y formadores, el volante creativo fue la primera víctima de este escenario. El tradicional número diez, el de juego inteligente, se transformó en la figurita difícil, claro que no de los álbumes, sino de las canchas. Tanto que con sólo repasar hoy los treinta planteles de la máxima categoría alcanza para confirmar la escasez. No en vano los nostálgicos del fútbol siguen destacando a Maradona, Bochini, Alonso, Palma, Zanabria, Riquelme, entre otros.

Esta ausencia derivó en la primera variante y con ella el primer neologismo. Así nace con su particular definición el "doble cinco". Lo que con un discurso más pulido algunos entrenadores señalan a un volante central de marca y otro volante interno con más juego.

Pero la misma carencia del volante creativo, enganche o enlace también provocó otra definición. Y ese innovación retórica es la del "falso nueve". Un delantero o volante ofensivo con condiciones técnicas que permite elaboración de jugadas y antagónico al corpulento centroatacante que hace de punto de referencia de área. Así a algunos hombres de ataque los hicieron retroceder unos metros para jugar a espaldas del 9. Como Tevez en Juventus y en Boca, donde su casaca lleva como dorsal el número diez. Sin ser diez.

Algunas modificaciones que había implementado Bilardo en aquellos mundiales de México e Italia se fueron perfeccionando por la cada vez más notoria falta de jugadores con puestos específicos. Los definidos como "carrileros" o los que "hacen la banda" no sólo responden a la necesidad imperiosa de abrir la cancha para penetrar en campo rival sino también porque en el país comenzaron a faltar laterales y volantes derechos o zurdos, para lo cual varios técnicos conforman líneas de fondo con tres o cinco jugadores.

Como la modalidad o irrupción de los "extremos", otro neologismo, que tuvo un ejemplo nítido cuando Marcelo Bielsa así lo calificó al Kily González en aquella selección argentina que condujo. Y ahora también con el dibujo táctico del 4-3-3 encontramos a volantes devenidos en atacantes por las puntas, lo que antes era realizado por los viejos wings, con especialistas como Santamaría, Mastrángelo, Caniggia, Bóveda, Pedro González, entre tantos otros.

Tal vez la mejor síntesis de todas estas modificaciones como así lo complejo que es la aparición de un volante creativo la formuló Juan Román Riquelme cuando señaló que "el diez siempre la tiene más difícil, porque antes de recibir la pelota debe observar a quién dársela y pensar la maniobra para dar el pase que genere los espacios para llegar al gol. Y la asistencia la tenés que dar con precisión, siempre y cuando tus compañeros se muevan para recibirla. Y al mismo tiempo contrarrestar la marca de los rivales que tratan de no dejarte recibir o evitar que juegues. Pero fijate cómo estamos que a veces cuando das un pase mal te putean y te dicen que sos muy lento para jugar, mientras que luego aplauden a uno que se tiró al piso para tirarla afuera", señaló.

Y en esa línea argumental también puso en crisis al 4-3-3 cuando dijo que si los tres de arriba eran delanteros no había objeciones, pero aclaró que muchos de los que dicen que juegan 4-3-3 en realidad lo hacen 4-4-1-1 o 4-5-1, porque los extremos son más volantes que punteros.

En realidad, lo que antes fue un recurso de pragmatismo táctico en mundiales para tener en un breve tiempo a pocos jugadores con muchas funciones para relevar, con el transcurrir de los años se convirtió en una rueda de auxilio para los entrenadores que ya no consiguen en el fútbol argentino todo lo que necesitan. Por eso muchas veces juegan como pueden y no como quieren.

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