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Domingo 23 de Marzo de 2014

Jugar con fuego en días de furia

"Los estábamos esperando. Pero por favor, quédense también a la noche" le dijo el jueves una mujer a uno de los jóvenes integrantes de la Policía Comunitaria que comenzó a caminar las calles del barrio Las Flores Este.

"Los estábamos esperando. Pero por favor, quédense también a la noche" le dijo el jueves una mujer a uno de los jóvenes integrantes de la Policía Comunitaria que comenzó a caminar las calles del barrio Las Flores Este. Fue el primer desembarco formal de la flamante fuerza que tendrá por objetivo pacificar un sector de la ciudad golpeado por el delito (en rigor, toda Rosario está igual) y donde los efectivos apelarán al diálogo y a la resolución de conflictos interpersonales.

Repartieron volantes, dejaron sus tarjetas y empezaron a transitar un largo sendero que tiene como fin devolver los barrios a los vecinos. La tarea no se presenta fácil, pero ellos son optimistas. La contracara está a pocas cuadras de allí, en La Granada, la zona donde la banda delictiva Los Monos hizo su feudo y en la que también estos jóvenes policías desarrollarán una tarea de sensibilización.

Así, el Estado intenta recuperar presencia en las barriadas castigadas por la narcocriminalidad. Sitios intransitables para el común de los mortales donde sin pago de peaje es imposible entrar, los dispensarios cierran para evitar robos, las escuelas son destrozadas y los médicos se alejan hartos de sufrir arrebatos.

Con los violentos adueñándose de las calles cada vez son más quienes tienen su "Día de furia", como en el recordado filme protagonizado por Michael Douglas. El municipio capacita a sus empleados de las áreas de Control para no repeler agresiones con violencia, un hombre le asesta una puñalada a otro tras una discusión de tránsito en la puerta de una escuela, un vecino la emprende a los huevazos contra un grupo que arma un piquete en pleno centro, y un iracundo automovilista "invita" a un colectivero a bajar de la unidad para agarrase a trompadas en la calle, atestada de bocinazos y de insultos, ya que el municipio sigue adelante con su incomprensible tarea de repavimentar las calzadas más neurálgicas en horas pico.

En medio de tanta agresión, basta preguntarse si el plan de convivencia que enarbola la Intendencia está llegando a buen puerto. Por el humor que se percibe en las calles, todo indica que ese ansiado muelle está cada vez más lejos.

Mientras tanto, y como para atemperar los ánimos, en el Concejo todo el mundo presenta proyectos pero nadie se sienta a resolver de una vez por todas el problema más acuciante: la crisis del transporte.

Así, esta semana se debatió sobre la regulación de los precios de las cocheras y el monto que se cobra por los servicios de mesa en los restaurantes, entre otras cuestiones. Discusiones necesarias, pero que tal vez podrían haber quedado a un lado para dar paso al debate por el transporte.

Sin tratamiento. Así, un tema clave y que podría dejar a miles de rosarinos a pie sigue sin tratarse en el Palacio Vasallo, el ámbito que reclamó una y otra vez la potestad de fijar la tarifa de colectivos pero que cuando tiene que hacerlo habla de restaurantes y cocheras.

Eso sí. Hubo tiempo para tejer alianzas pensando en 2015, saltar del peronismo al socialismo y volar en palomita hacia acuerdos que, vieja rémora de la política, están lejos de la coyuntura de los problemas de la gente.

Con la inminente llegada de un paro de colectivos (el dueño de Rosario Bus ya anticipó que no pagará aumentos salariales el jueves próximo), los rosarinos se encaminan a una semana crítica. Remanidos, volverán los discursos armados para la tribuna. Malditas coincidencias, justo en vísperas donde el aumento salarial llegará al Concejo para engrosar los bolsillos de quienes deben resolver los problemas de la gente. Lástima que por ahora sólo juegan con fuego en medio de tanto rosarino al borde de un día de furia.

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