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Sábado 21 de Noviembre de 2015

Jóvenes, ingenieros y brillantes que son premiados a nivel nacional

Ariana Mengarelli (24) y Agustín Poeta (25) se graduaron con las mejores notas. La Academia Nacional de Ingeniería los distingue por ese esfuerzo.

Ariana Mengarelli tiene 24 años y Agustín Poeta 25. Una y otro comparten su pasión por las ingenierías, tanto que egresaron de la carrera con los mejores promedios. Un mérito que la Academia Nacional de Ingeniería no quiso pasar por alto y en pocos días los distinguirá, junto a otros jóvenes brillantes de todo el país, con el Premio “A los mejores egresados de carreras de ingeniería de universidades argentinas”. Dicen que el secreto de este éxito es bien sencillo: ponerles ganas y sacrificio al estudio.
  A los 17 años Agustín empezó a trabajar de mozo en un restaurante de su localidad, San José de la Esquina, para poder pagarse el viaje a Bariloche. En los años que siguieron, no dejó de hacerlo ningún fin de semana más hasta que se recibió de ingeniero mecánico en la Universidad Nacional de Rosario. Nada menos que  con promedio 8,95. “Me volvía cada sábado para trabajar de mozo en el restaurante de mi pueblo, también en un hotel y después en un club. Con eso ayudé a mis padres a costearme la carrera”, dice quien agradece una y otra vez a la universidad pública y en particular a la Facultad de Ingeniería por “la calidad de enseñanza” que recibió en todos estos años.

Desde San Nicolás.  También Ariana llegó recién graduada del secundario del Colegio Misericordia de San Nicolás a estudiar a Rosario. Estaba entre seguir química o alimentos, pero de lo que no dudaba era que su pasión iba de la mano de estas disciplinas científicas. “Siempre me llevé mejor con matemática, química, física que con las ciencias sociales”, repasa la joven ingeniera en tecnología de los alimentos de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (Ucel).
  Ariana rindió su última materia de 5º año en diciembre de 2013 y el año pasado presentó su proyecto final. Por el buen rendimiento que tuvo en su carrera, obtuvo una beca total de la Ucel para cursar los últimos seis meses de sus estudios. Ya al final de su título, conel que se graduó con promedio 8,44,  se fue a vivir a Brasil, como parte de un intercambio entre la Ucel y la Universidad Metodista de Piracicaba (Campus de Santa Bárbara) donde profundizó sus conocimientos.

Salida laboral.  Ambos jóvenes coinciden en que “no es tan fácil como la pintan” conseguir trabajo de ingenieros apenas graduados. Cada uno en lo suyo debió ganarse ese lugar. Actualmente Agustín trabaja en John Deere como ingeniero de manufacturas, en la fábrica de motores y Ariana en San Nicolás como responsable del departamento técnico de la Asociación de Cooperativas Argentinas en la división de nutrición animal. Ella analiza pensando en otros estudiantes que quizás trabajar antes de recibirse pueda servir para sumar experiencia laboral, algo que ellos no tuvieron por terminar rápidamente la carrera. Más allá de estas consideraciones los dos jóvenes graduados se reconocen felices haciendo y aprendiendo en lo que eligieron como profesiones.
  Al igual que su colega, para Agustín no fue un problema decidirse por ingeniería. “Estudié en la escuela técnica (la 476) de mi pueblo, que me orientó a seguir mecánica. Me ayudó también tener materias como matemática, física, con las después en la universidad no tuve problemas”, repasa de cómo lo preparó su secundario para elegir un estudio superior y donde no olvida de mencionar el trabajo de sus buenos profesores.
  La decisión final hacia la orientación mecánica la tomó en una jornada de difusión de carreras que había organizado la UNR. Dice que no fue fácil estudiar y mantenerse en Rosario, pero tampoco imposible: “Al principio resultó fuerte el choque que se da al pasar de la escuela secundaria a la universidad, sobre todo con las horas de estudio que cambian significativamente. Nunca dejé de ponerle esfuerzo a eso”.

Vocaciones. Agustín confiesa que siempre se sintió atraído por las ingenierías y Ariana compara su definición vocacional con su personalidad: “Me gusta entender cómo funcionan las cosas, encontrarle explicación a todo, yo soy así en mi vida también”.
  Los dos están de acuerdo que haberse graduados con las mejores notas y en el tiempo que marca el plan de estudio no les cambia para nada la vida. “La diferencia es que tenemos un título”, manifiestan con absoluta simpleza y humildad.
    Sin embargo los posiciona en un mejor lugar para opinar sobre estos estudios considerados clave para el impulso de la economía de un país. “Se nota que en los últimos años el gobierno ha impulsado las ingenierías con becas y otras ayudas. Creo que sí eso es fundamental para el desarrollo del país, también me parece bárbaro el empuje de estas carreras y que se incentive a los chicos a que las estudien”, reflexiona Agustín.
  Por su parte Ariana valora la multiplicidad de opciones que ofrecen las universidades del país para emprender un estudio superior. “Buenas herramientas” que invita a aprovechar: “Viví en Brasil y vi lo difícil que es conseguir estudiar allá. Hay facultades públicas pero hay que tener un muy buen nivel en la escuela y haberte preparado muy bien para poder entrar; y la privada no la puede pagar casi nadie. Cuando te vas a otro lado y ves esa realidad te das cuenta que en la Argentina tenés todas las herramientas, opciones que nosotros no valoramos y que hay que aprovechar”.
  En sus horas libres ninguno de los dos abandona la actividad física. Cuentan que se hacen un tiempo para salir a correr, jugar al fútbol (Agustín jugó para el Club Centenario de San José de la Esquina) y si se puede ir al gimnasio. Hablan con sentido afecto de las amistades que se cosechan por el paso por la universidad, de lo que se comparte en ese tiempo. Estiman esa experiencia como aprendizajes vitales: “Hay que disfrutar la vida de estudiantes de la universidad, se viven muy lindos momentos con los amigos”.
  También y para desmitificar que las carreras científico técnicas son sólo para los sobresalientes afirman que “no hace falta ser un genio para estudiar ingeniería”. “No hay una receta mágica, si te gusta la carrera, si te ves trabajando en esta profesión, vas poner el sacrificio y esfuerzo necesario y te va a ir bien”, garantizan.

Reconocimiento. El próximo viernes 4 de diciembre en la Ciudad de Buenos Aires, Agustín Poeta y Ariana Mengarelli, junto a otros jóvenes de todo el país, serán distinguidos por la Academia Nacional de Ingeniería. Se trata de un premio instituido por esta academia en 1993, pensado para reconocer todos los años a los egresados sobresalientes de las carreras de ingeniería que se dictan en universidades argentinas (nacionales, provinciales o privadas, reconocidas por el Estado Nacional).
  El premio se propone “evidenciar públicamente a quienes se hayan destacado por su capacidad y dedicación al estudio durante su carrera universitaria, alcanzando un nivel sobresaliente de capacitación científico-técnica reconocida por su Universidad y por la Academia”. Los candidatos a tal distinción deben ser ingenieros egresados con un promedio de calificaciones igual o superior a ocho puntos, además de haber cursado como alumnos regulares en el número de años establecido para la carrera que deberá tener como mínimo cinco años de duración.   
  “Felicidad y orgullo”. Eso es lo que sintieron Ariana y Agustín al enterarse de este reconocimiento nacional. Y los dos expresaron por igual el deseo de dedicarles este premio a sus familias.
 

Más distinciones

Además de Ariana Mengarelli (Ucel) y Agustín Poeta (UNR) el viernes 4 de diciembre recibirán el Premio “A los mejores egresados de carreras de ingeniería de universidades argentinas” que otorga la Academia Nacional de Ingeniería, por la provincia de Santa Fe, los ingenieros Carlos Alberto Bonetti de la Facultad Regional de Rafaela de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN); Lara Trento de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y Fernando Vicentín de la Facultad Regional de Santa Fe de la UTN.
  La entrega de las distinciones (medalla y diploma) será en una sesión pública que la Academia organizó en su aula magna de la sede de Avenida Las Heras 3092, de la Ciudad de Buenos Aires. Para la Academia estos premios “sirven de estímulo a los jóvenes ingenieros que recién comienzan su carrera profesional con la intención de impulsarlos a continuar con el elevado nivel manifestado durante sus estudios”.
  La Academia Nacional de Ingeniería es una institución técnico-científica establecida como entidad civil sin fines de lucro, dedicada a contribuir al desarrollo y progreso del país, en todo lo que concierne al estudio, aplicación y difusión de las disciplinas de la ingeniería.

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