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Sábado 23 de Agosto de 2014

Joven, negro y pobre

La muerte de un adolescente negro norteamericano a manos de un policía blanco en un pequeño pueblo del estado de Missouri disparó protestas violentas y reavivó un drama al parecer aún no saldado: la discriminación de los afroamericanos en la primera potencia mundial

El medio oeste de los Estados Unidos vive desde hace dos semanas en convulsión permanente por la muerte de un adolescente negro de 18 años. En Ferguson, una pequeña localidad de 21 mil habitantes, ubicada a unos pocos kilómetros al norte de la ciudad de St. Louis, en el estado de Missouri, reapareció con fuerza lo que podría calificarse como otro caso de gatillo fácil contra los afroamericanos.

Un muchacho llamado Michael Brown, que no llevaba armas, fue baleado por un policía de la ciudad en un caso que todavía es confuso y muy distinto según quien lo cuente, pero rodeado de un aura sospechosamente racista. La policía dice que Brown caminaba por la calle obstruyendo el tránsito y que una vez introducido en un patrullero forcejó con el agente para quitarle el arma, lo que derivó en su muerte. Las fuerzas de seguridad de Ferguson distribuyeron un video donde se ve cómo un adolescente (que aseguran que es Brown) intentaba robar una caja de cigarros en un local comercial próximo donde fue interceptado por el policía, que según parece ignoraba esa situación. Esta filmación, como la negativa durante varios días de dar a conocer el nombre del policía que mató al chico, generó violentas manifestaciones de protesta que derivaron en saqueos y daños generalizados. Finalmente, por la fuerte presión en torno al caso, se informó que Darren Wilson, un policía blanco con seis años de servicio, fue el matador.

La versión de un amigo que acompañaba al chico muerto difiere por completo de la que dio la policía. Según su relato, el agente disparó cuando Brown tenía los brazos en alto. Ese testimonio coincide con una autopsia preliminar encargada por la familia Brown a un famoso médico forense que viajó especialmente desde Nueva York. De acuerdo al estudio sobre el cadáver, el adolescente tenía seis impactos de bala, uno en la parte superior de la cabeza, otro en el ojo derecho y cuatro en el brazo derecho. No da la sensación de haber sido un forcejeo sino más bien una ejecución. Incluso, hace 48 horas apareció un video casero grabado por una mujer con su celular desde su casa donde se ve claramente al chico muerto tirado en medio de la calle y a dos policías caminando por el lugar. La mujer dijo que a Brown lo persiguieron y le dispararon al mismo tiempo.

El caso de este muchacho remite a lo ocurrido hace poco más de dos años en otro pequeño pueblo norteamericano, Sanford, ubicado a pocos kilómetros de Orlando, Florida. Allí, otro adolescente negro de 17 años llamado Martin Trayvon, también desarmado, murió cuando un vigilador privado lo siguió porque le resultaba "sospechoso", lo alcanzó y tras una pelea lo baleó y mató. Un tribunal integrado sólo por blancos exculpó al policía porque el jurado interpretó que actuó bajo legítima defensa. El primer comentario del padre del chico muerto fue más que claro: "Si mi hijo hubiera sido blanco esto nunca hubiera sucedido", dijo. Días después de ese crimen, el propio presidente norteamericano, Barack Obama, avaló ese comentario y se animó a decir públicamente lo que todos saben: "Hay muy pocos hombres afroestadounidenses que no hayan vivido la experiencia de ser seguidos (por vigilantes de seguridad) en un centro comercial donde estaban de compras. Este ha sido mi caso. No quiero exagerar, pero este tipo de experiencias cuentan cómo la comunidad afroamericana interpreta lo que pasó. A este contexto — agregó Obama— se unen las estadísticas que demuestran que hay un historial de disparidades raciales a la hora de aplicar las leyes criminales, desde la pena de muerte a las leyes sobre consumo de drogas. Y todo ello contribuye a la sensación de que si un adolescente blanco se viera involucrado en el mismo escenario, tanto el resultado como las consecuencias podrían haber sido distintas", admitió.

Si a estas actuaciones judiciales y policiales que describe Obama se las encuadran dentro del todavía persistente racismo en gran parte de la comunidad norteamericana, según la zona del país que se trate, y se le agrega la pertenencia de los afroamericanos a un sector social menos beneficiado económicamente, el resultado no tiene que sorprender. Ser negro y pobre en Estados Unidos tiene sus complicaciones, aun siendo ciudadano de la primera potencia mundial y con un presidente afroamericano.

Tampoco a otras minorías, como a la latina, les va mejor a la hora de enfrentar a policías con prejuicios raciales. Semanas atrás la policía de Los Angeles mató a golpes a Omar Abrego, padre de tres niños, y hace un par de años la de Anaheim, California, a los jóvenes Manuel Díaz y Joel Acevedo. Todos casos muy confusos donde predominó el gatillo fácil para resolver situaciones que requerían otros procedimientos preventivos.

En Ferguson, donde murió el 9 de agosto Michael Brown, dos tercios de la población es negra pero en el cuerpo policial de 53 agentes de la pequeña ciudad sólo 3 son afroamericanos. De los seis concejales, sólo uno es negro y nunca ha habido un alcalde de color.

Con la ley de derechos civiles de 1964 los afroamericanos de los Estados Unidos adquirieron los mismos derechos civiles que los blancos. A partir de ese momento, en la región que incluye a la ciudad de St. Louis, la población mayoritariamente blanca comenzó a migrar hacia otros lugares del país porque no quería que sus hijos compartieran las escuelas con los negros, hasta ese entonces separadas. Y con los años los afroamericanos comenzaron a ser mayoría.

En una entrevista publicada en el diario El País, de Madrid, el profesor de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad de St. Louis Terry Jones explicó que no es raro que en Ferguson y otras localidades de la región haya protestas pacíficas de la comunidad negra por discriminación racial de la policía y en el mercado laboral e inmobiliario, pero sí se mostró sorprendido por los saqueos y disturbios. El docente norteamericano dijo que hace casi un siglo que no se registran estos incidentes y recordó el último: un enfrentamiento violento, en 1917, entre trabajadores blancos y negros de una fábrica en la otra orilla del río Mississippi.

El fiscal general de Missouri reveló que el año pasado la policía de Ferguson detuvo en las calles y arrestó a conductores negros el doble de veces que lo hizo con los blancos. A nivel nacional, en 2012, del total de los detenidos por distintos delitos en todo Estados Unidos, un 28 por ciento fueron afroamericanos, duplicando el porcentaje de población negra en el país, que alcanza a un 13 por ciento aproximadamente.

El desempleo en la pequeña localidad donde mataron al chico negro es del 9 por ciento y el ingreso medio llega a los 37 mil dólares anuales, una tercera parte menos que el promedio en el estado de Missouri. En esa zona, una cuarta parte de la población vive por debajo de la línea de pobreza.

Ku Klux Klan. Como para echar más leña al fuego, una nueva versión, ahora autodeclarada como apegada a la ley, del putrefacto Ku Klux Klan provoca a la comunidad negra de Ferguson al organizar una colecta para la familia del policía que mató al chico negro. En la página web el líder nacional del grupo "The New Empire Knights of the Ku Klux Klan", sostiene que el policía, a quien consideran un héroe, hizo su trabajo. "Michael Brown es un negro vándalo, no es un buen chico. Fue detenido por la policía y en lugar de obedecer la ley asaltó al oficial y trató de escapar. Los medios de comunicación judíos y la comunidad negra quieren 1397967985justicia'. Pero la justicia ya se ha hecho, un criminal negro ya no camina más por las calles", se puede leer en un increíble sitio web plagado de consignas racistas, antisemitas, homofóbicas y de extrema derecha. "Nuestro objetivo es salvar a la raza blanca y a nuestro país de los enemigos de Dios", dicen en discurso que se asemeja a los fundamentalistas islámicos que pelean una guerra santa para crear estados islámicos y convertir a los "infieles y herejes" al islam, al tenor de la acción del católico Santo Oficio de la Inquisición, instrumentado desde el medioevo hasta prácticamente el siglo XIX.

Los disturbios en Ferguson, al que se le suma otro caso de un adolescente negro muerto por la policía muy cerca de allí, aunque en circunstancias diferentes, colocan a Obama en una encrucijada. Su color de piel y sus vivencias personales, como las que describió, no pasan desapercibidas y tal vez como nunca antes en un presidente norteamericano lo ubican como juez y parte en una situación muy delicada, donde además del racismo subyacente en parte de la sociedad se suman otros ingredientes, como la desigualdad de oportunidades y el diferente acceso a los bienes de consumo en la primera economía capitalista mundial.

La historia racial de los Estados Unidos vuelve con fuerza en cada episodio donde los descendientes de los antiguos esclavos traídos de Africa son victimizados por el prejuicio ancestral, casi atávico, -como ocurre con otras estigmatizaciones- de pensamientos moldeados en la intolerancia. Ser joven, negro y pobre no es fácil ni siquiera en los Estados Unidos.

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