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Sábado 29 de Mayo de 2010

"Jinete de ballenas": la tarea de resignificar un legado

Por Pablo Urbaitel (*) / A pesar de la emergencia de una serie de teorías pedagógicas —actualmente hegemónicas— que desdibujan la función central de los educadores como pasadores de la cultura, creo fervientemente que la tarea axiomática de los docentes es la de transmitir saberes, mostrarles el mundo a las nuevas generaciones, de ofrecerles aquello que no conocen.

A pesar de la emergencia de una serie de teorías pedagógicas —actualmente hegemónicas— que desdibujan la función central de los educadores como pasadores de la cultura, creo fervientemente que la tarea axiomática de los docentes es la de transmitir saberes, mostrarles el mundo a las nuevas generaciones, de ofrecerles aquello que no conocen.

Cuando defiendo la idea de transmisión no pienso en una cadena inacabada de procesos de repetición, sino en la posibilidad de mostrarle al otro un conjunto de conocimientos y creencias, para que haga otra cosa con aquello que le ofrecemos. No se trata de clonación, sino de una resignificación de lo que le dimos. Jacques Hassoun sostiene que una transmisión lograda es aquella interrumpida en algún punto, que deja aparecer la diferencia, y que permite que la generación siguiente recree ese legado de una forma original y única.

La película "Jinetes de ballenas" (2002) aborda esta problemática: muestra con una belleza inusitada el juego entre ruptura y continuidad, reflexiona sobre lo que les pasamos a las nuevas generaciones, y sobre lo que ellas hacen con lo que le damos. La película es una fábula que retoma y actualiza un mito originario de ciertos grupos maoríes. Según la leyenda, un héroe legendario llamado Paikea llegó en tiempos inmemoriales hasta las costas de Oceanía montado sobre el lomo de una ballena para reunir en un solo pueblo las distintas tribus dispersas.

Este mito señala que en cada generación un hombre heredará ese honor; pero en este caso el mito se reactualiza, pues el hijo y la madre del jefe de la tribu fallecen y solo queda Paikea, su hija mujer de 12 años. Contra el mandato patriarcal, la niña hará lo posible por sostener las tradiciones ancestrales de su pueblo.

(*) Investigador de la UNR.

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