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Domingo 22 de Enero de 2012

Irán: las sanciones sí funcionan

La línea diplomática de Francia en el caso Irán no podría ser más clara: que los ayatolás elijan entre la supervivencia de su régimen o tener la bomba atómica.

La línea diplomática de Francia en el caso Irán no podría ser más clara: que los ayatolás elijan entre la supervivencia de su régimen o tener la bomba atómica. Para lograr eso, hay que apretar las clavijas rápido, ya que Israel se alista para atacar en el próximo verano (boreal), o sea, hacia mediados de 2012, según los franceses y casi todos los expertos que siguen el tema.
 
La línea diplomática de Francia en el caso Irán no podría ser más clara: que los ayatolás elijan entre la supervivencia de su régimen o tener la bomba atómica. Para lograr eso, hay que apretar las clavijas rápido, ya que Israel se alista para atacar en el próximo verano (boreal), o sea, hacia mediados de 2012, según los franceses y casi todos los expertos que siguen el tema. Esa fecha se considera el punto a partir del cual Irán podría tener la bomba y tal vez hacer un ensayo subterráneo del arma. Los especialistas estiman que el artefacto podría tener una baja potencia (un kilotón), pero suficiente para demostrarle a todo el mundo que tiene "la" bomba. Por esto Sarkozy, que como Obama también compite por su reelección este año pero seis meses antes, debe mostrar liderazgo y resultados. Lo logró en abundancia en Libia, donde lideró la postura intervencionista que finalmente resultó vencedora. Francia ratificó así su rol de potencia del Mediterráneo y elevó la percepción internacional que se tiene de ella.

Hoy, los norteamericanos reúnen dos portaaviones y sus respectivos grupos de batalla afuera del Golfo y tienen 15 mil tropas en Kuwait. Pero a la vez acaban de postergar un enorme ejercicio de defensa aérea y antimisiles con Israel, para no enviar más señales de alarma a Teherán de las necesarias. El general Nº1 de EEUU viajó este jueves a Israel para reunirse con sus pares israelíes y el gobierno de Netanyahu. Públicamente se han ventilado las diferencias de criterio sobre Irán entre EEUU e Israel, con Washington más renuente a atacar y ofreciendo garantías de protección a su principal aliado medioriental en caso de que Irán llegue a fabricar la bomba.

En este escenario complejo y grave, debe sumarse que el ala más dura del régimen iraní, la del líder supremo Khamenei y su Guardia Revolucionaria, siguen acorralando al presidente Ahmadineyad, como se comprobó con el encarcelamiento reciente de su asesor y jefe de la agencia de noticias oficial IRNA. Como creen los franceses y casi todo el mundo, un bombardeo sobre el complejo nuclear iraní logrará aumentar instantáneamente el apoyo interno al régimen, que hoy flaquea (desde 2009 en realidad, como demostró el fraude masivo que debió hacer ese año el poder para "reelegir" a Ahmadineyad). Un bombardeo sería un regalo del cielo para los ayatolás, más allá de los resultados militares que pudiera obtener.

En cambio, el torniquete de las sanciones, especialmente de las aplicadas por fuera de la ONU, parece estar funcionando, y en dos sentidos: pone al régimen contra la pared y lo aísla, y a la vez aumenta el descontento de la población, que anota en la cuenta del gobierno sus crecientes padecimientos económicos. antes que en las del "enemigo imperialista". Así, la vía de las sanciones, tan criticada invariablemente por los analistas de línea progresista, está resultando en el caso iraní.

Acá van dos pruebas —rigurosamente objetivas— del aislamiento internacional creciente de Irán que han logrado las potencias occidentales: la patética gira de Ahmadineyad por Venezuela-Ecuador-Nicaragua y Cuba, como si esos lejanos y marginales países fueran los únicos que hoy aceptan recibir al presidente de Irán, y otra gira, la del primer ministro chino Wen Jiabao por el Golfo. Sólo visitó a los países árabes, los de la ribera sur, y no pasó por Teherán pese a la gran importancia comercial de la relación bilateral.

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