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Martes 01 de Noviembre de 2011

¿Qué dirá Tonucci que vive en Roma?

"No es posible tomar decisiones sin consultar a los niños, si hasta hay un marco legal —los Derechos del Niño— que invitan a consultarlos”. Las palabras pertenecen al pedagogo italiano Francesco Tonucci y fueron recogidas en junio de 2003, en una de sus tantas visitas a la ciudad.

"No es posible tomar decisiones sin consultar a los niños, si hasta hay un marco legal —los Derechos del Niño— que invitan a consultarlos”. Las palabras pertenecen al pedagogo italiano Francesco Tonucci y fueron recogidas en junio de 2003, en una de sus tantas visitas a la ciudad. En aquel momento el educador, que inspira desde 1996 el proyecto “La ciudad de los niños” en Rosario, había ofrecido una conferencia ante más de mil doscientos docentes reunidos en el Centro de Expresiones Contemporáneas. En la primera fila estaba el gobernador Hermes Binner (en ese momento intendente), acompañado por una buena parte de sus funcionarios, muchos de ellos hoy ministros de su gestión.

Cada tanto el maestro arrancaba un largo aplauso de los educadores y estudiantes presentes. En especial cuando se refería al lugar de la infancia en la educación. En aquella disertación, Tonucci aludió al poema “La oreja verde”, de Gianni Rodari, a quien le dedicó en 1980 su famoso libro “Con ojos de niño”. Un bello poema el de Rodari, que refiere a la capacidad de atención y escucha, también de sorpresa, de los adultos hacia los chicos.

El apego de los docentes a la figura del gran maestro italiano, nacido en Fano (Italia) y que vive en Roma, no es casual. Es bien conocido entre los educadores por sus pensamientos y sus viñetas, un recurso que utiliza bajo el seudónimo de Frato para invitar a la reflexión sobre lo que pasa en la escuela. Las viñetas describen situaciones cotidianas que viven los niños, en especial a la relación con los adultos (maestros y padres) y son en cierta forma un llamado de atención sobre aquellas naturalizaciones instaladas que parecen no admitir discusión. Lo maravilloso es que estas ilustraciones no pierden vigencia.

No fue la primera ni la última vez que Tonucci estuvo en Rosario. Sus visitas son frecuentes a la ciudad y a la provincia, cada tanto se renuevan como en una especie de alianza y garantía de que todo aquello relativo a los derechos de la infancia y la adolescencia están siempre bajo la atenta mirada de su filosofía.

Es por eso que para muchos resultó llamativo que la ministra de Educación de Santa Fe, Elida Rasino, fiel comulgante de la filosofía del pedagogo italiano, calificara de aprendices de piqueteros a los estudiantes del Colegio del Huerto, que la semana pasada protestaran con una sentada por el despido sin causa de dos docentes, en particular de su director, que vaya paradoja, los propios alumnos lo defienden porque tal como expresaron varias veces “los sabe escuchar!”.

“Están aprendiendo a ser piqueteros en lugar de jóvenes que producen para la sociedad”, dijo la funcionaria Rasino, ahora diputada nacional electa por el FAP. Y también en esa misma declaración consideró que “los problemas de los adultos los resuelven los adultos”.

El tono descalificador con que usó el término “piquetero” lo remitió, claro está, al estereotipo negativo instalado mediáticamente que habla de aquellos que “son pobres y no trabajan” (de paso, viene bien recordar que no se recuerda que haya utilizado ese término con la misma intencionalidad cuando se dio el lock out del campo en 2008, y patrones y obedientes seguidores cortaban rutas y caminos).

En ese encuentro de los docentes con Francesco Tonucci realizado en Rosario en 2003, uno de los maestros presentes y que trabajaba en una escuela de una zona marginal de la ciudad, interrogó al pedagogo por el llamado “fracaso escolar”. Quizás el maestro intentaba acotar la inquietud a las dificultades propias con las que debía lidiar a diario en su clase; quizás Tonucci intentó una respuesta más amplia y le contestó con una pregunta seguida de una más que bienvenida reflexión para estos días: “¿De quién es el fracaso? Pienso que es de la sociedad y de la escuela. No es algo fácil. Es el desafío de hacer una escuela para cada uno de los alumnos, los fracasos denuncian a la escuela que no fue”.

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