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Lunes 31 de Diciembre de 2007

¿Por qué sólo tres deseos?

El tres tiene sus peculiaridades. Está inserto en lo triangular de la geometría y de las relaciones amorosas; en las proclamas revolucionarias como la de "Hermandad, igualdad y fraternidad"; en las reglas matemáticas (que siempre me han costado aplicar); en trilogías literarias imperdibles como la de "El Señor de los Anillos"; en películas sublimes como "El Padrino", y en el humor: valgan para este ejemplo sólo dos tríadas de lujo, "Los tres chiflados" y "Los hermanos Marx"...

El tres tiene sus peculiaridades. Está inserto en lo triangular de la geometría y de las relaciones amorosas; en las proclamas revolucionarias como la de "Hermandad, igualdad y fraternidad"; en las reglas matemáticas (que siempre me han costado aplicar); en trilogías literarias imperdibles como la de "El Señor de los Anillos"; en películas sublimes como "El Padrino", y en el humor: valgan para este ejemplo sólo dos tríadas de lujo, "Los tres chiflados" y "Los hermanos Marx".

   Con la resurrección al tercer día también el tres está en la doctrina cristiana. Puede ser interpretado como un mal número (en Vietnam se cree que dan mala suerte las fotografías de tres personas) y recuerda a partes escabrosas de la historia de la humanidad (los nazis llamaron Tercer Reich a Alemania, tras interpretar que los dos imperios anteriores habían sido el romano y el de Prusia). Y, entre otras tantas cosas, también refiere al equilibrio: se necesita al menos de tres puntos para lograr un buen trípode.
   Ahora me pregunto, ¿por qué cuando se cumplen años y se termina el vivido uno apela sólo a tres deseos? Para mí es un número escaso, ingrato; un número de miércoles. ¿Por qué solo tres deseos? ¿Porque lo impusieron los genios y los magos en los cuentos? ¿Porque hay poco por desear? No señores, en épocas en que hay que achicar todo (el bolsillo ante el aumento del colectivo; la luz ante la crisis energética; las vacaciones ante la inflación), me niego a pedir sólo tres deseos. Que sean más, muchos más y que se cumplan los que se puedan cumplir, qué tanto. En todo caso lo único que nos empuja a vivir es el deseo. A no retacearlo.

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