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Miércoles 16 de Julio de 2008

¿Por qué nos juntamos?

Es un fenómeno social realmente extraño. Hace tan sólo diez años atrás era una fecha que pasaba totalmente desapercibida para la mayoría de los habitantes de Rosario. Pero ahora todos los 20 de julio, y cada vez con mayor intensidad, la ciudad parece conmocionarse por el Día del Amigo. ¿Pero por qué esta fecha cobra dimensiones especiales en Rosario y no en otros lugares del país? ¿Qué tiene de particular la ciudad para que esta fiesta haya sido apropiada por la gente como muy pocas?...

Es un fenómeno social realmente extraño. Hace tan sólo diez años atrás era una fecha que pasaba totalmente desapercibida para la mayoría de los habitantes de Rosario. Pero ahora todos los 20 de julio, y cada vez con mayor intensidad, la ciudad parece conmocionarse por el Día del Amigo. Una fiesta que atraviesa todas las franjas etáreas. Todos o casi todos (porque para algunos esta celebración es insoportable) se encontrarán o al menos se saludarán por este día, aunque no tengan una amistad tan profunda, aunque sea sólo por una formalidad.

Pero lo realmente llamativo es que el Día del Amigo se conmemora en Rosario como en ninguna otra ciudad de la Argentina. Todos los servicios colapsan por la masividad de la convocatoria: bares y restaurantes, colectivos, taxis, líneas telefónicas (el Día del Amigo es la fecha en que se mandan más mensajes de texto por celular en el año, incluso más que en Navidad y Año Nuevo), las casillas de correo… Hasta la policía y la Dirección de Tránsito montan un operativo especial similar al que planifican para las fiestas de fin de año.

¿Pero por qué esta fiesta cobra dimensiones especiales en Rosario y no en otros lugares del país? ¿Qué tiene de particular la ciudad para que esta fecha haya sido apropiada por la gente como muy pocas? Algunos dirán que el rosarino siempre busca cualquier excusa para juntarse con sus amigos. Otros señalarán que es un fenómeno instalado por la presión comercial, y como el rosarino es muy consumista... Pero ningún argumento parece dar una respuesta acabada que explique este suceso extraordinario.
Rafael Ielpi, un buceador de la historia de la ciudad, tampoco encuentra muchas certezas: “No tengo explicación para este fenómeno masivo, me lo pregunté varias veces, pero no tengo respuestas. Es más, yo también me reúno con mis amigos, y durante la cena nos preguntamos: ¿por qué nos juntamos? Tal vez sea la mezcla inmigratoria de esta ciudad, la necesidad imperiosa de colectivizarse, de agruparse. Además, no tenemos muchos motivos para alegrarnos, así que toda ocasión para festejar no es mal recibida”.

Ahora que los promocionados e inflados boom de Rosario, de la soja, de la construcción, del turismo, de los shoppings (y sigue la lista) parecen declinar o al menos amesetarse, el único que nos queda en pie es el boom de la amistad, que no por lo visto es mucho más sólido y duradero.

Rosario es Cuna de la Bandera, capital del helado artesanal y habría que empezar a evaluar (apunten señores concejales) si no se está convirtiendo también en la capital nacional de la amistad.

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