Ovación
Jueves 09 de Junio de 2016

Intimidades de la armada rosarina

Messi, Di María, Mascherano, Banega, Guzmán y Lavezzi fortalecen la relación entre ellos y con la ciudad que los vio nacer

La postal que ofrece Chicago es propia de un mundo de contrastes. En el que conviven prácticamente sin molestarse el caos del cosmopolitismo más yanqui con la naturaleza costera que habita en las orillas del lago Michigan. Si bien no es una ciudad para andar a las apuradas, tampoco tiene el ritmo feroz de esa metrópolis por excelencia que es Nueva York. El plantel de la selección argentina se encuentra desde el martes a la noche alojado en el lujoso hotel Park Hayatt, un gigante de siete pisos ubicado en la avenida Michigan, algo así como la Quinta Avenida de la Gran Manzana. Podría decirse que el grupo pasó del sosiego californiano de San José en el Mansion Hayes a estar permanente encerrado en uno de los pisos del nuevo refugio. Precisamente entre esas cuatro paredes exclusivas, Lionel Messi, Angel Di María, Javier Mascherano, Nahuel Guzmán, Ever Banega y Ezequiel Lavezzi, el grupo de los rosarinos que integran el seleccionado de Martino (también de la ciudad), fortalece los lazos afectivos de una relación que ya acumula tantas horas de habitaciones como de concentraciones en torneos de la relevancia de la Copa América Centenario.

Es que este tipo de competencias, que se desarrollan durante casi un mes, permiten inmiscuirse en la convivencia y emprender un viaje a la intimidad de estos jugadores que tienen una ligazón con Rosario. ¿Qué hacen cuando están concentrados? ¿Cómo viven el día a día a la espera de los partidos de turno? Y otras preguntas y respuestas que ellos mismos respondieron con las conductas que dejaron que trasciendan en los diez días que ya pasaron en San José y en los casi tres que llevan en Chicago.

Si hay algo que los atraviesa por igual es que pocas veces los seis cruzaron la frontera de la introspección para dejar escapar algo más de lo que hacen puertas adentro. Por una cuestión generacional es lógico que no se sientan todos amigos. Tampoco hay que andar explicándole a nadie que Messi y Mascherano llevan adelante el liderazgo con la misma facilidad con la que respiran. Leo haciendo uso y abuso de su halo aglutinador para ser el referente adentro y afuera de la cancha. Y Masche desde su injerencia competitiva para robustecer el espíritu del plantel. Por algo son capitán y subcapitán. Ganan por robo el aplausómetro con la gente cuando salen del hotel y enfilan hacia el micro para entrenarse. A Leo le rinden pleitesía, mucho más en California que en Chicago. Por Masche también el hincha se queda sin voz de tanto gritar.

Di María, tal vez por los años que ya acumula de inamovible en la selección, está más cerca de Leo y el Jefecito, pero su aporte debe vincularse con el protagonismo que toma en la cancha. Sin ir muy lejos, contra Chile se cargó a su manera el equipo al hombro y se calzó el traje de salvador junto a Banega.

En ese sentido, Guzmán, Banega y Lavezzi juegan a otra cosa, no son de los que tienen vía libre para agarrar de las solapas a un compañero y hacerlo reaccionar. Aunque el Pocho es una voz muy respetada y a la que escuchan todos, incluido Messi. Miren si será un engranaje clave de la locomotora grupal que hasta Martino admitió públicamente que el desparpajo de Lavezzi potenciaba la autoestima de todos. Aún se recuerda cuando el Pocho en pleno partido contra Nigeria en el Mundial 2014, mientras escuchaba las indicaciones de Alejandro Sabella, le arrojó el agua con la que se estaba refrescando. Durante esta estadía en Estados Unidos, el perfil del delantero bajó considerablemente y en eso mucho tuvieron que ver las críticas que recibió el Tata por traerlo lesionado a Estados Unidos. Igual, a Lavezzi se lo ve sonriente cada vez que sube al ómnibus para ir a entrenar o en las rondas de mate que comparte con el Patón Guzmán, Di María y Banega. Ahí tranquilamente se podría armar un pan y queso con dos jugadores identificados con Newell's y dos con Central, y promocionar la edición de un clásico rosarino en suelo estadounidense.

También es habitual verlos a Messi y Mascherano hablar durante los entrenamientos o cuando se sientan juntos o muy cerca en el micro. Es evidente que forjaron una amistad que excede la selección argentina y que se agigantó en los años que llevan en Barcelona.

La camiseta celeste y blanca los une y la play station los amontona. Cuentan, porque ningún periodista tiene acceso a las habitaciones de los jugadores, que son furiosos los partidos que juegan a la play para matar el aburrimiento entre Messi, Guzmán, Lavezzi y Di María. No hay que andar a las adivinanzas para saber con qué equipo juega cada parejita. Los joysticks arden con el fulbito virtual entre leprosos y canallas. De lo que sí no hay plena certezas es cómo salen los partidos. El que no se prende tanto es Masche. Lo suyo es el truco y las largas charlas, siempre mate de por medio, con Leo para hablar de bueyes perdidos en Rosario.

Porque es la ciudad que los vio nacer, aunque el DNI de Masche diga que fue San Lorenzo, la que hace de anzuelo cuando están concentrados y lejos de la familia. Pequeñas historias de selección que sólo pueden contar Messi, Mascherano, Di María, Guzmán, Banega y Lavezzi porque son los que nunca olvidaron la raíz rosarina.

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