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Sábado 28 de Marzo de 2015

"Intenta hacer tu vida"

En foco. Mientras en la Argentina aún hay quienes quisieran olvidar y cerrar definitivamente el capítulo genocida de la última dictadura, en Alemania y a 70 años del fin de la Segunda Guerra, el estudio y difusión de la barbarie nazi sigue en escena. La dramática historia de Margot Friedlander.

 En la semana del 39º aniversario del último golpe militar en la Argentina parece volver con fuerza un debate recurrente en las sociedades democráticas que han sufrido dictaduras atroces. Se plantea el dilema de hasta cuándo seguir mirando y analizando el pasado de las tragedias vividas, que seguramente han sido únicas y se tornan irrepetibles como la misma historia.

La Argentina, que soportó el infierno de un genocida régimen militar con apoyo civil entre 1976 y 1983, ha sido ejemplo ante el mundo por el juicio a las juntas militares en 1985 y por comenzar a juzgar en 2003 (tras la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final) a criminales, torturadores, ladrones y perversos sexuales, procesos que aún se mantienen abiertos en todo el país. ¿Pero es suficiente, en el campo educativo y como valor moral de transmisión generacional, que sólo haya condenas judiciales o marchas y actos públicos como los de esta semana? Tal vez lo que se ha hecho hasta ahora durante todos los gobiernos democráticos que le siguieron a la dictadura debiera ser plasmado en acciones decididamente destinadas al campo educativo en sus tres niveles. La transmisión de conocimientos, el debate y estudio respecto de la peor tragedia argentina de todos los tiempos no parece estar en relación directa a su verdadera dimensión humana, social y política pese a que en las escuelas primarias, secundarias e incluso en las universidades se trabaja el tema, aunque con dispar dedicación.

Otras latitudes. En mayo de este año se conmemora el 70 aniversario de la rendición de la Alemania nazi, una dictadura que industrializó la muerte de millones de personas. Entre el fin de los nazis y el comienzo de la lacra asesina que lideró Videla sólo transcurrieron 31 años y tal vez por eso ambos regímenes se parecieron tanto en mentalidad y métodos criminales.

Sin embargo, el pragmatismo alemán (“antes nos dedicamos a matar, ahora a hacer plata”, le comentó una vez a quien esto escribe un alto diplomático germano) ha llevado a esa nación a producir un cambio cultural y educativo muy importantes. Niños alemanes de escuelas primarias visitan ex campos de concentración y museos donde nada se oculta y todas las miserias de la barbarie cometidas por sus abuelos o bisabuelos están perfectamente exhibidas y narradas con detalle.

Tal vez por lo próximo del aniversario de la caída de Berlín, la Deutsche Welle, la televisión pública alemana, está emitiendo esta semana y en dos partes un documental titulado “Regreso tardío”, que relata la vida de una mujer berlinesa, Margot Friedlander, quien después de 64 años de residir en Estados Unidos y con 89 años de edad regresó a vivir a su país natal.

La historia. Margot tenía 21 años cuando una tarde de enero de 1943 parecía que se le terminaba el mundo. Judía berlinesa, había intentado en vano junto a su madre y a su hermano menor de 17 años emigrar a cualquier destino, incluido Shangai, para escapar a la deportación a los campos de concentración y a una muerte casi segura. Ese día, regresó a su casa pero no se animó a entrar por la presencia de agentes de la Gestapo en la puerta de su departamento. Fue de una vecina, quien le contó que la policía se había llevado a su hermano y que su madre no lo quiso dejar solo y lo acompañó. También le dio un collar de ambar (que aún hoy conserva) y una agenda telefónica que su madre le había dejado junto a un mensaje: “Intenta hacer tu vida”. Margot nunca volvió a ver a su madre ni a su hermano (luego supo que fueron asesinados en Auschwitz) y sola en el mundo y con lo puesto su vida cambió radicalmente para siempre, pero con la claridad mental de una joven que se propuso vivir, tal como su madre se lo había indicado.
Margot estuvo escondida en Berlín entre 13 y 15 meses gracias a la ayuda de alemanes solidarios que ni siquiera conocía, una minoría no fanatizada por el nazismo. Pero su suerte terminó en 1944 cuando fue descubierta y enviada al campo de concentración de Theresienstadt, hoy República Checa. Sobrevivió hasta que las tropas rusas liberaron el campo y allí conoció a quien sería su esposo por más de medio siglo, otro alemán judío berlinés. Emigraron a Estados Unidos, donde trabajaron y vivieron por años en Nueva York, pero no tuvieron hijos.

Cuando Margot enviudó repensó la promesa que habían hecho con su marido de nunca regresar al país donde habían asesinados a sus familiares. Fue así que aceptó la propuesta de un cineasta norteamericano de viajar a Berlín a filmar un documental sobre su vida, el que ahora se exhibe en televisión. Pero no todo terminó ahí porque en 2010 Margot resolvió regresar definitivamente a Alemania a cumplir una misión, la de hacer conocer su historia a las nuevas generaciones de alemanes. Con una agenda cargada y hoy con 93 años es requerida en escuelas y centros educativos para leer partes de su libro autobiográfico, titulado como el mensaje que le había dejado su madre, “Intenta hacer tu vida”.

Desde su departamento en la famosa avenida Kurfürstendamm, en el distrito Charlottenburg de Berlín, donde vivió los primeros años tras su regreso a Alemania, Margot explicó la importancia de que se conozca lo que ocurrió y lo que ella sintió el día en que se quedó sola en el mundo. “Les hablo a los jóvenes desde el corazón y por los que ya no pueden hablar más”, dijo. Pero fue muy clara cuando advirtió que la gente que vive hoy en Alemania es la tercera o cuarta generación posterior a aquellos sucesos y no “sería correcto condenarlos.”

Tiempo después, Margot se mudó a una casa de ancianos donde continúa tan lúcida como siempre, pero allí tiene reparos en hablar francamente del pasado porque convive con personas de su generación, que sí fueron contemporáneos de la barbarie nazi.

Cuando en un acto público le restauraron la ciudadanía alemana, Margot le dijo al auditorio: “No esperen que les agradezca, me están devolviendo lo que me pertenecía y me arrebataron hace décadas”.
El olvido. Mientras en la Argentina se escuchan voces que hablan de dejar atrás la terrible historia del país cuando el propio Estado se convirtió en terrorista en lugar de emplear la ley, suenan muy encendidas las palabras de otros dirigentes que también tienen que enfrentar el pasado. La canciller alemana Angela Merkel, en la conmemoración de la liberación de Auschwitz en enero pasado, dijo lo siguiente: “No tenemos derecho a olvidar. Es algo que les debemos a muchos millones de víctimas. Lo que ocurrió nos llena de vergüenza porque fueron los alemanes los responsables de ese dolor y los que cometieron los crímenes que representan un quiebre para la civilización”.

Esa frase de Merkel puede traspolarse tranquilamente a lo ocurrido en la Argentina, donde sin embargo se escuchan insólitas generalizaciones sobre el “curro de los derechos humanos” y barbaridades del mismo tenor que no hacen más que colocarnos en un lugar primitivo.

Mientras Margot sigue siendo convocada por las escuelas alemanas para hablar del pasado, en la Argentina todavía algunos ponen en duda el valor de la memoria y la educación de las nuevas generaciones en los valores éticos de una sociedad civilizada. Un error que puede traer terribles consecuencias.

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