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Domingo 09 de Junio de 2013

Insulto, luego existo

Ministros que hablan de jetones, senadores que hace metáforas con bichos que golpean la cara de la presidente o legisladores que vomitan a los tibios, dan cuenta del estado de situación en este año electoral.

Las descalificaciones casi insultantes proferidas por algunos en esta semana son proporcionales al nerviosismo que impera en el gobierno nacional. Ministros que hablan de jetones, senadores que hace metáforas con bichos que golpean la cara de la presidente o legisladores que vomitan a los tibios, dan cuenta del estado de situación en este año electoral. Cristina Fernández de Kirchner se juega el todo por el todo en apenas dos meses cuando se celebren las internas abiertas y obligatorias. Y no se habla sólo de la chance de reelección, que sigue viva y presente a pesar de las tibias gambetas que hizo la propia primera mandataria, sino de la posibilidad de someterse al republicano cambio de autoridades y el temor de ser juzgados por sus actos de gobierno. “Las elecciones Paso van a decidir todo. Si el gobierno obtiene por arriba del 35 por ciento de los votos, en octubre el 40 va a venir solo, por contagio o por falta de controles”, grafica en privado un senador nacional con llegada a la Casa Rosada. “Imaginate si tienen ese resultado, lo que va a ser la presión que se va a meter hasta octubre”, concluye.

El centro del denuesto volvió a ser Daniel Scioli quien, evidentemente, posee un posgrado en control mental para soportar los embates. La semana que viene habrá que escuchar un nuevo rosario de chicanas que se montarán en el déficit económico de la provincia de Buenos Aires y, dicen los sciolistas más cercanos, en la aparición “espontánea” de hechos de inseguridad repetidos. De este modo funciona hoy la política argentina que justifica cualquier medio para llegar al fin electoral. Conflictos económicos que pesan sobre los que menos tienen, inseguridad para el ciudadano común o “carpetazos” de descalificación personal para todos y todas. Así y todo, el ex motonauta no sacará los pies del plato y se mostrará en público como un sostenedor del gobierno K. Algunos dudan si ordenará a sus dirigentes e intendentes aliados actuar de la misma manera a la hora del voto.

Será por eso que Carlos Alberto Reutemann salió a despegarse con virulencia de una supuesta alianza con Mauricio Macri, el enemigo preferido del kirchnerismo. Sabe que no hay lugar para posiciones intermedias y recomienda “volar bajo”. Reutemann no quiere aparecer explícitamente cerca de Macri. El ex piloto de Fórmula Uno fue, en persona, el que llamó al intendente de Buenos Aires para recriminarle el anuncio del PRO de un supuesto acuerdo con él en nuestra provincia. El senador santafesino, afecto a los monosílabos o al silencio, no ahorró calificativos cuando lo tuvo en el teléfono a Macri. Desde un “estoy caliente por lo que están diciendo los tuyos” hasta “qué penoso fue lo de Emilio Monzó” (el operador político macrista que pergeñó la idea), el tono del diálogo fue contundente. Una vez más, el partido de Mauricio volvió a mostrar su ausencia de cintura política. Reutemann cree que el jefe de gobierno de la Capital Federal es el mejor candidato no K digerible por los sectores conservadores del peronismo. Y bien hubiera podido esperarse que al final de la campaña electoral el Lole hubiese apoyado por descarte a la lista de Miguel del Sel en Santa Fe y, por carácter transitivo, a todo el PRO en el país. “Entre Binner, Obeid o el que sea y el Midachi, ¿a quién te parece que va a bancar Reutemann?”, explicó un diputado nacional del sector. “Ahora habrá que ver si se le pasa el enojo y se lo logra sacar de la caverna del mutismo”, sintetizó el mismo legislador. Como si esto fuera poco, los porteños que representan a Macri piensan en una lista de diputados nacionales sin un solo dirigente de Rosario o del Sur. “No entienden nada”, contó con molestia este mismo legislador.

El viernes pasado operó el primer cierre de inscripciones partidarias con vistas a los comicios. Por el lado del Frente Cívico, las cosas quedaron claramente planteadas a pesar del cortocircuito entre Hermes Binner y Mario Barletta que trató de llamar la atención usando la expresión “conchudo” para referirse a Dante Caputo. ¿Había necesidad? ¿Pretende Barletta que lo inviten a Infama, Intratables o a Mauro Viale? Las listas municipales, en cambio, son más moviditas. Jorge Boasso se le animará al oficialismo rosarino por fuera del Frente esperando captar el notorio descontento por la pobre gestión de Mónica Fein. La intendente intentará insuflar renovación a una boleta que encabezará el siempre respetuoso Miguel Capiello, seguido por Carlos Comi que regresa y Daniela León que promete serle fiel, tanto en la prosperidad como en la adversidad, al socialismo. El buen ex presidente del Concejo Pablo Cribioli se inscribió para dar batalla por el radicalismo como así también Mónica Peralta por el GEN. A Héctor Cavallero le apareció un competidor interno de la mano de Fernando Rossúa. ¿Y Diego Giuliano? Anotó un nuevo frente Unión/Pro sin poder, hasta ahora, completar su lista. Laura Weskamp, tironeada entre una diputación o una concejalía, se queda en Rosario. Lo hizo solo, sin la anuencia ni de Reutemann ni de su aliada en el Concejo María Eugenia Bielsa (de paso: esta semana va a tener que atender mucho el teléfono la arquitecta con llamados precedidos con característica 011). Habrá que esperar hasta el martes, fecha tope para los nombres. Si se miran las encuestas de estos días, Boasso y Cavallero marcan tendencia con sus apellidos y el oficialismo confía en su aparato de militancia.

Vienen días muy movidos en donde la Corte Suprema de la Nación volverá a ocupar gran parte del centro de atención para saber si se avoca al tema de la elección de Consejeros de la magistratura y, en su caso, si la convalida o no. El martes pasado, presenciamos el brindis por el día del periodista, y Ricardo Lorenzetti dijo que en política “todo tiene un límite” y que es inadmisible “considerar peligroso al que piensa distinto”. La señal llegó con preocupación al gobierno de Cristina. Encima, el Papa Francisco confesó, en una especie de conferencia de prensa con niños de 8 a 10 años, que no quería ser Pontífice. Aspirar a tener el poder máximo, dijo Bergoglio en síntesis, es no quererse a sí mismo. Otro modelo de ver la cosas, evidentemente.

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