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Miércoles 02 de Abril de 2008

Instantáneas de la Argentina

Los cánticos que se entonaron en los actos y cortes de rutas durante los 21 días de protesta del campo son una muestra de la fragmentación social y política que impera en el país. "El campo no se toca, el campo no se toca", gritaron unos subidos a la montaña de soja, el oro verde de la economía argentina. "Patria sí, colonia no", replicaron otros como salidos del túnel del tiempo...  

“El campo no se toca, el campo no se toca”, bramaron con un cántico sectorial los caceroleros en la plaza de Mayo tras el primer discurso de Cristina. Entre estudiantes universitarios y gente acomodada del barrio de Recoleta, allí se mezclaban confusamente también desde la mediática ensayista Beatriz Sarlo y la dirigente María del Carmen Alarcón (ex secretaria de Reuteman y actual funcionaria de Binner), hasta Cecilia Pando (defensora política de torturadores, asesinos y ladrones de bebés de la última dictadura militar).
“Patria sí, colonia no”, fue el eslogan salido del túnel del tiempo con el cual respondieron los piqueteros de D’Elía mientras desalojaban a los primeros a las trompadas. El gobierno nacional estrenó así una nueva modalidad: en lugar de mandar a la policía para desactivar una protesta, de ahora en más cuenta con su propia fuerza de choque, y eficiente cien por ciento: la plaza quedó limpia en pocos minutos.
“No pasarán, no pasarán”, gritaban los chacareros de la Federación Agraria en la ruta 14 en Gualeguaychú, rememorando la épica consigna de los republicanos en la Guerra Civil Española, pero en este caso con el sólo objetivo de impedir el paso de camiones cargados con alimentos para los centros urbanos e insumos para la producción. Claro que mientras entorpecieron las actividades de otros sectores, los productores en verdad nunca dejaron de trabajar tranqueras adentro y sus cosechas no se pudrieron como muchas de las que dejaron varadas en las rutas.
“Ya lo veo, ya lo veo, no manda chacarero, acá manda Camioneros”, vociferaban amenazantes los pesados de Moyano a pocos kilómetros de allí indignados porque los cortes perjudicaban a sus afiliados, cuando ese sindicato se cansa de hacer piquetes para defender muchas veces sólo intereses corporativos.
“Ponga huevo, huevo, presidenta...”, alentaban los militantes oficialistas en el acto de Parque Norte, ante lo cual Cristina Fernández de Kirchner se permitió el único toque humorístico en estos 21 días del paro: “En nombre del género femenino, cambien la consigna”.
Palos contra cacerolas; piquetes buenos y piquetes malos, productores que paralizan el país cuando les tocan sus bolsillos alimentados por el boom de la soja, pero nada dicen de la vida miserable que padecen millones de argentinos; un gobierno que quiere manejar el país como si fuera justamente un patrón de estancia y sin apostar al diálogo; y una oposición patética y oportunista.
En fin, “si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”.

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