Edición Impresa
Martes 31 de Mayo de 2011

Inseguridad de mercado

Hace doce días este diario publicó un informe de la Oficina Judicial de NN que señalaba que al 15 de mayo habían sido sustraídas 1.493 motos en la Unidad Regional II, a un promedio de diez por día. La nota principal daba cuenta de la recuperación de 26 motos robadas en Rosario y vendidas a precio absurdo en Puerto Gaboto.

Las cifras describen una economía delictiva muy desarrollada. Hay robos porque luego esos vehículos se negocian en un mercado informal. En ese ámbito donde no hay registro dominial, ni papeles, ni garantía los bienes, lógicamente, se venden más baratos porque el que vende no tiene costos, porque lo que ofrece no lo paga.

Sí existe costo, sólo que asumido íntegramente por la víctima. Los robos de motos hace diez años eran fenómenos donde ladrón y dueño rara vez tomaban contacto. Pero los mecanismos de seguridad de los rodados más la proliferación de estos delitos complicó el atraco en ausencia por las precauciones que tomaban los dueños. Por tanto los robos exigen más el encuentro de ambas partes y, con ello, la escalada de las agresiones, a veces extremas.

En consecuencia el robo de motos se vuelve un factor que acrecienta la chance del delito más temido: el homicidio en ocasión de robo. Es un fenómeno a prevenir con firmeza porque promueve una forma irrebatible de inseguridad.

Actuar sobre este mercado delictivo implica molestias para el usuario, por su propio bien, porque son ellos los blancos de los robos. Por eso los controles sobre los que prueban la titularidad del dominio deben ser permanentes y rigurosos. Ningún conductor debe moverse sin los documentos en regla.

El Ministerio de Seguridad empezó a actuar hace dos años en este ámbito y encontró con un mercado altamente informalizado, donde a veces las propias agencias violaban la obligación de vender con las patentes en regla, lo que posibilitaba vender un bien sin registro. No deben relajarse. Los controles a todo nivel originan molestias pero evitan daños y salvan vidas. 

Comentarios