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Domingo 19 de Febrero de 2017

Una empresa de software implanta a sus empleados chips de identificación

La iniciativa, enmarcada en la internet de las cosas, supuso para algunos un adelanto y para otros una injerencia que atenta contra la libertad y la privacidad de las personas..

Una empresa de software belga sugiere a sus empleados implantarse un microchip de identificaciòn bajo la piel que le permite abrir las puertas de la planta y acceder a las computadoras que usan cotidianamente. La iniciativa, enmarcada en la internet de las cosas, supuso para algunos un adelanto y para otros una injerencia que atenta contra la libertad y la privacidad de las personas.

   "No somos Gran Hermano y no podemos rastrear a nuestros empleados con el chip. Es sólo una manera más fácil de abrir las puertas o acceder a tu ordenador. Es completamente voluntario", explicó Tim Pauwels, socio director de NewFusion, una empresa de software especializada en marketing digital que ha implantado un chip a varios de sus empleados.

   El dispositivo, similar al que se utiliza para identificar a las mascotas, consiste en una funda de cristal poco más grande que un grano de arroz con tecnología de identificación por radiofrecuencia y una memoria de 868 bytes.

   Esa tecnología puede ser activa, cuando emite señales rastreables y cuya aplicación es corriente en almacenes industriales o en la ganadería, o pasiva, como la que hicieron implantar en diciembre en siete de los doce trabajadores de NewFusion.

   En el caso de las personas, el chip se inserta en la mano, entre el índice y el pulgar, y funciona como una matrícula cuyo número de serie puede cambiarse desde una aplicación del teléfono móvil. No contiene ningún dato del usuario y no emite señales que permitan localizarle, sino que sustituye a las tarjetas personales comunes en muchas compañías.

   "Los que no quieren el chip pueden utilizar la tarjeta. Algunos de nuestros empleados, especialmente mujeres, usan un anillo o un brazalete con la misma tecnología dentro", comenta Pauwels.

   El chip que usa NewFusion se fabrica en Estados Unidos, cuesta 100 euros y viene con un set de instalación esterilizado. Lo implanta un tatuador con una jeringa como las que se emplean para donar sangre. Se siente el pinchazo, dicen, pero después el dolor desaparece y queda una pequeña marca en la piel, aunque en algunos se evidencia una pequeña protuberancia.

   "No puedes rastrear a nadie porque no tiene GPS ni otro sistema de geolocalización y un profesional puede retirarlo o reemplazarlo fácilmente", subrayó el fundador de NewFusion, Vincent Nys, que considera "ingenuo pensar que nuestra localización y nuestra privacidad son seguros". "Si caminas por Londres, te pueden rastrear todo el tiempo a través de las cámaras de seguridad. Lo mismo con el teléfono. Debería abrirse un debate sobre qué información aceptas compartir con el mundo y cuál no, en lugar de que gobiernos o grandes organizaciones como Facebook o Google decidan lo que hacen con tus datos", añadió.

   La idea en esa empresa belga de Malinas, situada entre Bruselas y Amberes y con una plantilla joven, surgió de los empleados que perdían su tarjeta para abrir la puerta.

La compañía ya utilizaba ese tipo de tecnología inalámbrica en algunos de los productos que diseñan y les pareció natural aplicarlo a sus propias oficinas.

   El empresario apunta a otras aplicaciones potenciales de estos chips, como sustituir a los pasaportes, las tarjetas bancarias y abonos de transporte o incluir información médica que para conocer el tipo sanguíneo de un herido inconsciente al que hay que atender urgentemente, o si es alérgico a algún medicamento.

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