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Miércoles 08 de Febrero de 2017

Postrecitos, chocolates y gaseosas: un bombardeo

Se calcula que en Argentina los niños están expuestos a 60 publicidades televisivas de comida chatarra por semana. Postrecitos, chocolates con sorpresas, chupetines, bebidas azucaradas, todo forma parte de la abrumadora cantidad de información y estímulos que reciben.

Resulta casi imposible para los padres que la publicidad no haga implacable impacto en la criatura, a veces porque tal chocolate viene con sorpresa o aquel postrecito tiene los personajes de la película para coleccionar.

La Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina viene alertando sobre el crecimiento de la obesidad infantil en gran parte y mayor medida por el consumo alimentos no saludables, vulgarmente denominado comida chatarra.

El fenómeno es global: la Oficina Regional de Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó hace poco sobre el bajo nivel nutricional de populares alimentos diseñados por compañías globales.

Según la OMS, en la actualidad existen alrededor de 41 millones de niños y niñas menores de 5 años con sobrepeso, de los cuales más del 80 por ciento viven en países en desarrollo. En la Argentina, el sobrepeso en adolescentes de 13 a 15 años aumentó del 24,5 por ciento al 28,6 por ciento entre 2007 y 2012.

Lorena Allemandi, directora del área de políticas de alimentación saludable de FIC Argentina dijo que el aumento de la obesidad infantil es una "tendencia que se debe, principalmente, a la mala alimentación y al mayor consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas".

Explicó que "el mercado de estos productos ya está saturado en los países desarrollados y las transnacionales de alimentos y bebidas buscan expandir sus mercados en países en desarrollo y lo logran con éxito. Una de las estrategias de las industrias es el bombardeo de publicidad de alimentos de bajo valor nutritivo, tanto en medios de comunicación como en kioscos, supermercados, escuelas, etc. Esta publicidad está dirigida a niños, quienes son extremadamente vulnerables a los efectos del marketing".

Y agregó: "Esta situación sólo puede revertirse con políticas públicas, como la restricción de las estrategias publicitarias de alimentos no saludables dirigidas a niños, que busquen modificar el entorno y facilitar una alimentación saludable para toda la población".

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