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Martes 23 de Mayo de 2017

Enjuician al intendente y al ex comisario de un pueblo por proteger a un prostíbulo

Es en La Pampa, donde el presidente comunal de Lonquimay, Luis Rogers, aparece en el banquillo junto al dueño de un cabaret y al policía

En La Pampa comenzó ayer un resonante juicio oral contra el intendente de Lonquimay, el policía que estaba a cargo de la comisaría de la localidad y el dueño de un prostíbulo, acusados los tres de trata de personas con fines de explotación sexual.

Lonquimay, ubicado al costado de la ruta nacional 5, tiene solo 1.700 habitantes y todo el mundo conocía el funcionamiento del cabaret Good Night. Todo el mundo conoce, también, a Luis Enrique Rogers, el presidente comunal perteneciente a las filas del Partido Justicialista que podría terminar preso y que ayer se negó a declarar.

La comuna que administra Rogers otorgó el permiso de habilitación a Good Night para que funcione como salón de baile. Y cuando tras una denuncia se comprobó que el cabaret les retenía el DNI a las jóvenes que iban a trabajar y no las dejaba salir del inmueble (la mayoría de ellas, oriunda de otras provincias), el intendente Rogers declaró que Good Night "es un lugar de contención espiritual para transportistas, viajantes y jóvenes".

Además dijo que vetaría una ordenanza que impidiera el funcionamiento del local porque su cierre "podría fomentar prostitución callejera, descontento social y hasta una epidemia infecciosa".

Además de Rogers, de 67 años, el juicio iniciado ayer es contra el subcomisario Carlos Alanis, contra Carlos Fernández, el propietario del cabaret, y los encargados Eduardo Fernández, su hermano, y Braian Sacks.

El testimonio ayer de Gloria Liliana Abratte, una ex empleada administrativa de la comisaría de Lonquimay que en 2008 denunció el escándalo, contuvo frases potentes como esta: "En el pueblo la prostitución estaba naturalizada. Decían que le daba sustento económico al pueblo y que todo se compraba en la localidad".

La mujer relató que su denuncia tuvo curso porque por esos días la municipalidad de Santa Rosa, la capital provincial, había prohibido el funcionamiento de whiskerías y night clubs, pantallas que escondían a cabaret y prostíbulos. Y que por eso el ministerio de Seguridad de la provincia inició una investigación con escuchas telefónicas de las que surgieron los nombres del intendente Rogers y del jefe de la comisaría, Alanis.

Rogers, en cambio, ente los jueves, ayer eligió el silencio. Sólo hizo una referencia política: "Llevo tres mandatos y en cada elección tengo más votos. Es un pueblo de 1.700 personas, nos conocemos todos, tenemos la radiografía de cada uno. No se gana por la estructura política".

La figura de la trata, en el Código Penal, condena a quien capte, traslade, transporte o acoja a una persona mayor de 18 años en situación de vulnerabilidad con fines de explotación. El delito, que debe ser cometido por tres o más personas, tiene una pena de cuatro a 10 años de prisión.

Alanis, quien era jefe de la comisaría de Lonquimay cuando ocurrieron los hechos, pidió hablar. "Me declaro inocente de todo lo que se me acusa. En ningún momento acogí a las mujeres", dijo en el arranque de su declaración.

El policía sigue en servicio, ya que se desempeña está en el Departamento de Personal de la Jefatura a la Policía provincial. Pero hace varios meses que no trabaja porque tiene carpeta médica.

Alanis dijo que Good Night estaba habilitado como salón bailable desde 2001 y que funcionaba cuando él llegó a Lonquimay en 2005 como jefe de la comisaría.

"Hacíamos controles, casi todas las noches", dijo Alanis. Por eso, su patrullero estaba al lado del cabaret. Iba en forma personal a hacer los controles (para que no hubiera menores) e informaba a los superiores.

"Lo pedía Jefatura", se defendió el policía.

Además, detalló que los controles los hacía la Brigada de Investigaciones, la Policía Federal y Migraciones. Así buscó señalar que otras fuerzas de seguridad fueron a "Good Night" y ninguna observó ni denunció trata o esclavitud.

El exjefe de la comisaría de Lonquimay reveló que le empezaron a pedir más detalles desde Jefatura provincial pampeana: las mujeres debían declarar si estaban por su voluntad en el lugar, cuántos días iban a estar y avisar el día que se retiraban.

"Decían (las mujeres) que estaban por voluntad propia, que estaba bien y que iban por unos días", remarcó Alanis.

El presidente del Tribunal, Marcos Aguerrido, le preguntó: "Concretamente ¿qué había en Good Night? ¿Había prostitución". Y Alanis respondió: "Uno sospechaba, pero no tenía la certeza que había prostitución".

Otro magistrado, José Mario Triputti, le preguntó a Alanis, con 26 años dentro de la fuerza, qué pasaba con las mujeres del lugar:

—¿Qué hacían las mujeres?

EM_DASHSe presentaban como alternadoras. Alternaban copas. Hasta ahí sé.

—¿Por qué tenían libretas sanitarias?

EM_DASHPara que no contagien enfermedades infecciosas

—¿Usted entró a las habitaciones?

EM_DASHSí.

—¿Qué había?

EM_DASHCamas.

—¿Usted sabe a qué se le dice pase?

EM_DASHCuando un varón va con una chica, o dos varones con una chica.

—¿Gratis?

EM_DASHNo, es un arreglo entre las personas.

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