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Domingo 10 de Septiembre de 2017

En Medellín, el Papa pidió involucrarse en la reconciliación

Ante más de un millón de fieles, Francisco le habló a una ciudad que es de las que más se opusieron al acuerdo de paz con las guerrillas colombianas

Ante más de un millón de fieles en Medellín, el Papa Francisco lanzó un fuerte llamado a la Iglesia a renovarse, dejar el confort e involucrarse en la reconciliación en países como Colombia, que han sido castigados por la violencia. Francisco hizo un nuevo llamado de atención a la Iglesia desde Medellín, una ciudad de profundas raíces católicas y otrora capital mundial del narcotráfico. "Ahora también la Iglesia es zarandeada por el Espíritu para que deje sus comodidades y sus apegos. La renovación no nos debe dar miedo", dijo Francisco en la tercera misa multitudinaria que oficia en el marco de una visita de cinco días que concluirá este domingo en el puerto de Cartagena.

El Papa agregó que los sacerdotes y jerarcas eclesiásticos son "interpelados" por un "clamor de hambre y justicia", y que en Colombia además se espera que se comprometan en la reconciliación de una nación lacerada por medio siglo de enfrentamiento armado con millones de víctimas entre muertos, desaparecidos y desplazados. Después de alentar decididamente el acuerdo que permitió el desarme y transformación de la guerrilla comunista de las Farc, en misas que congregaron a casi dos millones de fieles en Bogotá y Villavicencio, Francisco se enfocó de nuevo en la Iglesia.

Desde la ciudad con más templos católicos en Colombia, el Papa pidió que se involucre más con los más desfavorecidos aunque para "algunos eso parezca ensuciarse, mancharse". "Se nos pide crecer en arrojo, en un coraje evangélico que brota de saber que son muchos los que tienen hambre, hambre de Dios, hambre de dignidad, porque han sido despojados", expresó.

La multitud respondió con aplausos la prédica del primer Papa jesuita y latinoamericano. "La humildad de Francisco es un ejemplo, y la Iglesia se debe comprometer más, porque el comportamiento (del Papa) tiene credibilidad", le dijo a AFP Mónica Arias, una mujer de 50 años que viajó hasta Medellín desde Apartadó, una zona bananera castigada por el conflicto armado.

La visita a Medellín tiene un significado especial para el Papa, porque fue en esta ciudad donde la jerarquía católica de América latina se comprometió en 1968 con la llamada "opción preferencial por los pobres". Fue el punto de partida de los llamados "curas del Tercer Mundo", muchos vinculados a grupos armados de extrema izquierda.

El Papa aprovechó su paso por Medellín para reforzar el llamado al clero de Colombia a que apoye la reconciliación tras el acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y los diálogos en curso con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), última guerrilla activa. Esta guerrilla fue guiada en su origen por un sacerdote católico. El miércoles, el Papa les había recordado a los obispos que no eran "políticos" sino pastores, en alusión a las voces que desde la Iglesia han criticado el pacto con los rebeldes. El acuerdo fue rechazado en las urnas por el pueblo colombiano en octubre de 2016. La victoria del "no" fue mínima: se impuso por 50,2%. Esto forzó al gobierno del presidente Juan Manuel Santos a reformular el acuerdo, con cláusulas más exigentes para los guerrilleros.

Jorge Mora, un campesino de sombrero y poncho, de 65 años, que viajó cuatro horas en autobús para la misa del Papa, cree que la Iglesia también debería acompañar el esfuerzo del presidente Juan Manuel Santos, duramente criticado por sectores de derecha que cuestionan las que juzgan como concesiones a la rebelión comunista. "El Papa viene a ver si cuadra esta paz del todo", expresó Mora, a quien los paramilitares le mataron dos sobrinos.

Con dos millones de habitantes, Medellín no es sólo una ciudad moderna y de vocación católica que intenta superar años de violencia del narcotráfico, sino también una de las que más se oponen a la política de paz de Santos. El mandatario enfrenta la oposición sin tregua de su antecesor Alvaro Uribe (2002-10), un líder de derecha muy popular en el país, que, con Santos al frente del Ministerio de Defensa, sometió a las Farc a un contundente desgaste, eliminando a sus máximos líderes y haciéndole perder territorio. Las Farc pasaron de asediar Bogotá y las autopistas nacionales a refugiarse en las zonas más remotas. Francisco ha respaldado sin ambages los esfuerzos de paz de Santos, pero también ha exigido "verdad y justicia" para las víctimas del conflicto, con cuyos representantes se reunió el viernes en Villavicencio. Convertidas en partido legal, las Farc recibirán una cuota fija de bancas en el Congreso, algo muy criticado.

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