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Sábado 07 de Octubre de 2017

El Nobel antinuclear es una mala señal para la defensa de la disuasión

Si bien la atribución del Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (Ican) se vio como una victoria para los partidarios del desarme, los defensores de la disuasión ven en el galardón una mala señal en un mal momento.

Si bien la atribución del Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (Ican) se vio como una victoria para los partidarios del desarme, los defensores de la disuasión ven en el galardón una mala señal en un mal momento.

Mientras que el presidente estadounidense, Donald Trump, está inmerso en una belicosa escalada verbal con el líder norcoreano Kim Jong-Un, que tiene el arma nuclear, "la decisión de atribuirle el Nobel de la Paz a la Ican es, por supuesto, apropiada", declaró complacido el director del Instituto Internacional de Investigación por la Paz de Estocolmo (Sipri), Dan Smith.

"Hace casi 50 años, con el Tratado de No Proliferación, los Estados poseedores de la bomba nuclear se comprometieron a desarmarse. La resonancia de la campaña Ican muestra la creciente impaciencia frente al fracaso de ese proceso".

"Este Nobel es un gran paso adelante para nuestra causa, mientras que nuestra generación nunca ha estado tan cerca de la perspectiva de una guerra nuclear", apuntó Kate Hudson, de la asociación británica Campaña por el Desarme Nuclear, socia de la Ican. Más allá de la victoria simbólica del Nobel, la Ican registró un importante éxito diplomático en julio en Naciones Unidas, cuando 122 países adoptaron un tratado para prohibir la bomba atómica. Pero su alcance sigue siendo limitado, pues nueve potencias nucleares -Estados Unidos, Rusia, China, India, Pakistán, Israel, Francia, Reino Unido, Corea del Norte- rechazaron adherirse.

La Otan, a la que pertenecen tres de las potencias atómicas del planeta, acogió fríamente la decisión del jurado del Nobel de la Paz y reiteró su oposición al tratado adoptado este verano, reclamando que se tengan "en cuenta las realidades del actual entorno de seguridad".

"La Otan está comprometida en preservar la paz y crear las condiciones para un mundo sin armas nucleares", subrayó su secretario general, Jens Stoltenberg, asegurando "lamentar que las condiciones para llegar a un desarme nuclear no sean hoy más favorables".

Un escepticismo que también comparten varios expertos en seguridad nuclear. "El tratado de prohibición de armas nucleares es el pacto Briand-Kellogg del siglo XXI", declaró Bruno Tertrais, de la Fundación para la Investigación Estratégica (FRS), en alusión a un texto firmado en 1928 por 63 países, incluyendo Alemania, Japón y la Unión Soviética, en el que se comprometían a renunciar a la guerra. Para el investigador, "pocas veces la disuasión nuclear ha sido tan legítima" y mencionó "el auge de nuevos nacionalismos nucleares". El tratado de prohibición de armas nucleares y el Nobel del Ican constituyen "un avance en la agenda por el desarme", señaló Corentin Brustlein, responsable del programa de disuasión y proliferación del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri).Pero "entre el retorno de las rivalidades entre las grandes potencias y la vuelta de la intimidación nuclear, es el peor momento desde el fin de la Guerra Fría para enviar una señal a favor del desarme nuclear", insistió, "en un contexto en el que, al contrario, necesitamos reafirmar la importancia de la disuasión". Y más aún teniendo en cuenta que el texto "no va a conducir al desarme", advirtió Brustlein. "Los Estados con armas nucleares no firmarán el tratado, que no es coercitivo. Además, el tratado no prevé ninguna disposición precisa sobre la forma en la que el Estado debería deshacerse de sus armas nucleares o sobre un proceso de control". El tratado "pondrá problemas en la Otan, pues abrirá debates internos dentro de los países miembros, mientras que oficialmente forman parte de una alianza de carácter nuclear y están protegidos por la disuasión", dijo, preocupado, el investigador.

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