violencias
Lunes 29 de Agosto de 2016

El maltrato se transformó en un problema de salud pública

Las diferentes formas de maltrato entre personas es una cuestión que aqueja a toda la sociedad y excede al adolescente en la escuela o en la calle

Las diferentes formas de maltrato entre personas es un problema que aqueja "a toda la sociedad" y "excede" el marco de los adolescentes dentro o fuera de la escuela ya que se expandió hacia las relaciones familiares, laborales, de amistad o "en el mismo discurso político", por lo que debe ser atendido "como un problema de salud pública" para su prevención, dijo el especialista Jorge Srabstein.

El experto, que coordina una iniciativa mundial sin fines de lucro para la prevención de los acosos denominada Global Health Inniciative, dijo a Télam que "en los últimos diez años esas formas de maltrato dejaron de ser patrimonio exclusivo de las escuelas y se expandieron a todos los ámbitos sociales".

"En realidad han ocurrido siempre, pero sólo ahora lo vamos entendiendo", sostuvo el médico psiquiatra y aseguró que "el acoso existe en el espacio cibernético, en las relaciones de pareja, en las universidades, en el discurso político y especialmente en el ámbito familiar, entre hermanos".

Srabstein, quien se graduó en la UBA y es profesor adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad George Washington, de los Estados Unidos, aseguró que "la gente toma a los acosos como algo normal y lo estoy viendo de manera frecuente en los hogares" y detalló que los casos de muerte asociados a esa forma de hostigamiento "son sólo la punta de la montaña del problema".

Consecuencias. "Las consecuencias físicas son la depresión, problemas emocionales, dolores de cabeza, irritabilidad. Hoy en los Estados Unidos hay un 10 por ciento de los adolescentes que sufren durante la semana problemas de sueño, pesadillas, ansiedad y dolores de estómago asociados con el acoso", aseguró el especialista.

Srabstein, quien vino a la Argentina a dar una serie de charlas sobre el tema entre ellos en la Universidad de Palermo, de la ciudad de Buenos Aires, destacó que "también el acosador sufre estos problemas y hay casos en los que hay un papel dual, una misma persona es acosador y a su vez es acosado".

Director médico de una clínica en la que se tratan específicamente casos de acoso en los Estados Unidos, aseguró que "toda persona es propensa a ser víctima: no se salva el alto, el bajo, el flaco, el gordo, el que tiene pecas, el que usa anteojos, el que habla bajo, el que habla fuerte, por motivos religiosos o políticos", por lo que manifestó la necesidad de poner en práctica mecanismos de prevención ante lo que consideró "un problema de salud pública".

Explicó que en un nivel primario de prevención "están las escuelas que desarrollan programas contra el acoso, pero está comprobado que pueden reducir su prevalencia entre un 40 o 50 por ciento, por lo que hay que trabajar con esa otra mitad que está afectada".

Srabstein sostuvo en ese aspecto que "hay que dejar de cargarles las culpas a los docentes en la prevención, sobre cuyos hombros pesó esta responsabilidad en los últimos diez años. Lo que se necesita es que los profesionales de la salud, como médicos o enfermeras, se involucren en el tema".

Relaciones. "Cuando una persona concurre a un centro de salud a atenderse por una enfermedad o para hacerse un chequeo porque padece de diversas dolencias, se le debe preguntar sobre sus relaciones en el hogar, en la escuela y, si tienen pareja, cómo es esa relación para conocer si esos síntomas pueden provenir de una situación de acoso", propuso Srabstein.

El médico aseguró que aquí "intervendría un tercer nivel de prevención, en donde los médicos psquiatras y psicólogos puedan usar esta información para contener ese acoso, que puede abarcar un amplio espectro, inclusive el abuso sexual o maltrato psicológico, la indiferencia o si son testigos de alguien que es acosado".

Vulnerabilidad. Indicó que "la consecuencia más grave del hostigamiento es el suicidio, pero que también existen otras secuelas que dependen del grado de vulnerabilidad de la persona, que pueden ir desde episodios leves de depresión, irritabilidad hasta pesadillas y recuerdos malos que le traigan episodios anteriores de su vida".

"Esto ocurre en todos los entornos sociales, es multifacético. Pasa en las prisiones, en los geriátricos, y hasta en el discurso político cuando se observa a dos personas insultándose o gritándose y para el público se convierte en una mala película de horror", detalló Srabstein.

Invitado para exponer en el Congreso de Salud Mental, el especialista advirtió sobre "la urgente necesidad de tomar al acoso como un problema de salud pública e involucrar a las autoridades sanitarias, a estudiantes de medicina, psicólogos y enfermeras en la prevención".

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