Información Gral
Lunes 03 de Abril de 2017

Del dolor a la solidaridad en Comodoro Rivadavia

Las inundaciones que desde el miércoles último castigan a la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia, que hoy sufrió nuevamente fuertes lluvias, tienen a un sector del barrio San Cayetano como epicentro del trabajo a destajo de los vecinos que no quieren que este temporal, el peor de los últimos 60 años, acabe con sus viviendas en la "ciudad de los vientos".

Las inundaciones que desde el miércoles último castigan a la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia, que hoy sufrió nuevamente fuertes lluvias, tienen a un sector del barrio San Cayetano como epicentro del trabajo a destajo de los vecinos que no quieren que este temporal, el peor de los últimos 60 años, acabe con sus viviendas en la "ciudad de los vientos".

   El barrio del "Patrono del pan y trabajo" se sitúa en la zona sur oeste de Comodoro y entre tanta agua y barro se ve cómo vecinos con palas, barretas y baldes intentan impedir que siga subiendo el nivel del lodo, que ya alcanzó una altura de un metro treinta centímetros y se metió en las casas.

   "Acá la única alternativa de que esto no suceda más es con un (desagüe) pluvial que esperemos que alguna vez llegue, pero ya no tenemos nada en nuestras casas, lo perdimos todo", lamentó Jorge Albornoz, uno de los damnificados, al contar su odisea por el temporal que azota a esta ciudad del sur chubutense.

   Albornoz dijo que hace ocho años que vive en este barrio y que la propia gente se ha organizado para mitigar los daños.

   "Nos estamos dando una mano desde hace días, en los que trabajamos a full", dijo el hombre y explicó que la casa en la que vive con su esposa fue invadida por casi 1,40 metro de barro.

   Durante la charla Albornoz dejó entrever que hacía dos días que no dormía, hasta que en un momento relató que "estaba relajado" porque lo medicaron por una afección cardíaca.

   "Me agarró un preinfarto, yo ando con pastillas. El infarto fue el viernes, más un cuadro de hipotermia, y acá sigo trabajando", dijo resignado y entre risas ante la mirada de otros vecinos que preocupados le preguntaban si estaba "loco" por lo que estaba haciendo con su salud.

   "Salí del hospital y me vine para acá, no dormí nada, pero ¿qué voy a hacer?. Tengo que cuidar mi casa", se excusó, pues como algunos se dedican a robar lo poco que les queda a los inundados armaron con su hermano una carpa contra la pared de la vivienda que da al río de barro.

   La precaria construcción es una bolsa de nylon negra y dos palos apoyados a 45 grados, sobre la pared y el terreno barroso. La única comodidad ahí son dos asientos improvisados con cajones de cerveza.

   "Ya es la tercera inundación que sufrimos, uno trabaja para recomponer sus cosas, pero así no podés, nunca te recuperás", relató. Mientras tanto, las máquinas viales que trabajan sobre la avenida Roca también cargan colchones, bidones con agua y hasta gente para que cruce desde un camino hacia el otro, y un grupo de personas cargadas con termos de té, cajas con pan casero caliente y tortas fritas convidaba a los damnificados, que paleaban con el agua hasta las rodillas. En el barrio San Cayetano hay fisuras y zanjas en las calles, destrozos a granel y muchos pies fríos por trabajar en medio del barro, pero la unión de los vecinos y el calor humano para afrontar la adversidad es una muestra de solidaridad y un ejemplo, en medio de tanto desastre y desesperanza.


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