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Martes 26 de Septiembre de 2017

Corrió con el corazón trasplantado de un medallista olímpico

La brasileña Ivonette Balthazar logró cruzar la meta en Río de Janeiro. En agosto de 2016 había recibido el órgano del atleta Stefan Henze

La brasileña Ivonette Balthazar se sentía algo nerviosa antes de la carrera del domingo en Río de Janeiro, pero su corazón —trasplantado de un medallista olímpico alemán que murió hace un año— la impulsó hasta cruzar la meta. En medio de una larga recuperación por el trasplante que recibió el año pasado, la carrera de tres kilómetros a orillas de la playa de Copacabana parecía un maratón para esta mujer de 67 años.

Su corazón, sin embargo, no la dejaría echarse para atrás.

"El corazón de un atleta late dentro de mí, el corazón de una persona joven", dijo en la línea de salida. "Este corazón demanda más a mi cuerpo de lo que yo estaba acostumbrada", añadió.

Entonces, vestida con mallas y zapatos de correr morados, con el número 2799 y un gran papel rojo en forma de corazón pegados en su camisa, Balthazar participó junto a cientos de otros competidores en la carrera a lo largo del famoso paseo marítimo.

Hace tan solo 13 meses, mientras su ciudad natal era sede de los Juegos Olímpicos, ella se enfrentaba a una muerte inminente.

Su corazón —golpeado por el cigarrillo, años de estresante trabajo en su agencia de recursos humanos y un infarto en 2012— registraba apenas 40 latidos por minuto. Aunque estaba en el tope de la lista de espera para recibir un corazón, parecía ya muy tarde.

Pero el 15 de agosto de 2016, recibió una llamada del Instituto Nacional de Cardiología en Río. Stefan Henze, un entrenador del equipo olímpico alemán de piragüismo y ganador de una medalla de plata en Atenas en 2004, había muerto en un accidente de auto y el corazón de este atleta de 35 años había sido asignado a Balthazar.

Desde entonces, siente que ella y Henze se han convertido en una especie de equipo. Una alianza que puso a prueba este domingo.

"Si no tuviera este corazón, no estaría corriendo", dijo. "Esta carrera de hoy es un reto para mí... y para él", aseguró.

Aunque regularmente va a fisioterapia en el hospital, la carrera fue la primera actividad importante no monitoreada para ella desde la operación.

Nerviosa sobre su capacidad para aguantar, decidió caminar y no correr.

Pero en el camino ganó confianza y fue aumentando poco a poco la velocidad. Lágrimas de alegría le asaltaban cuando llegaba a la señal que marcaba la mitad del recorrido... y luego fluyeron una vez más cuando cruzó la meta.

Incluso en sus días más felices, Balthazar dice tener presente una tristeza que no la abandona, al pensar con frecuencia en la familia de Henze.

Le encantaría conocer a su madre, "para abrazarla y agradecerle", dijo, pero se imagina que esto puede ser muy perturbador para los familiares del atleta fallecido.

Mientras celebra sus pequeñas victorias diarias, "del otro lado hay toda una familia llorando", añadió.

Así que ella decide hacer lo mejor que puede, por ella misma y por su compañero silencioso.

"Los dos estamos aquí", aseguró.

Tras la carrera, Balthazar abrazó a su anciana madre, su hija y sus nietos, antes de posar para fotos luciendo la medalla de la carrera alrededor de su cuello.

Cualquiera que terminara el recorrido podía recoger una medalla, pero para ella tiene un auténtico significado. Copiando un gesto muy visto en los podios olímpicos, Balthazar mordió juguetona el premio: "Esta es una medalla de oro para mí", dijo.

Sebastian Smith

AFP-NA

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