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Sábado 12 de Octubre de 2013

Alejandra Suárez, la rosarina integra la ONG que ganó el premio Nobel de la paz

La Organización para la Prohibición de Armas Química (OPAQ), con sede en La Haya, se quedó con el preciado reconocimiento mundial por su "exhaustivo esfuerzo".

"Esto es un sueño ¡estoy muy feliz por la organización, que tanto se lo merece! Es lo más grande que nos podía pasar", dijo ayer emocionada Alejandra Suárez, la bioquímica rosarina que integra la ONG que ganó el Nobel de la Paz. La Organización para la Prohibición de Armas Química (OPAQ), con sede en La Haya, se quedó con el preciado reconocimiento mundial por su "exhaustivo esfuerzo para eliminar las armas químicas".

Suárez, investigadora del Conicet, docente de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y directora de la Escuela Universitaria de Química, es la actual presidenta del Consejo Consultivo Científico de la organización ganadora del Nobel. Asumió su tarea en 2009 y este año fue elegida por otro período más, por lo que seguirá en funciones hasta 2016. Suárez sucedió a otro rosarino en ese cargo, el profesor Rolando Spanesello.

La OPAQ, integrada por expertos de todo el mundo, tiene como misión principal hacer cumplir la Convención sobre Armas Químicas (un tratado internacional conocido como OPCW por sus siglas en inglés) que busca la destrucción de estos arsenales que son una amenaza, pero sobre todo, una triste realidad.

El pasado 21 de agosto unos 1.500 civiles, entre ellos 300 niños, murieron en Siria como consecuencia de un ataque contra la población que habría sido perpetrado por un grupo leal al dictador Al Assad, a cargo del gobierno.

Con gas sarín provocaron la matanza que conmovió al mundo.

Las imágenes del horror que mostraron a chicos, bebés, hombres y mujeres muertos, tirados en el piso, sin haber tenido la mínima posibilidad de defenderse, son una evidencia estremecedora del poder letal que tienen las sustancias cuando son utilizadas con fines bélicos.

La tarea silenciosa de la organización que ayer se quedó con el Nobel de la Paz, y que lleva adelante desde hace 20 años, se hizo explícita en ese momento ya que los miembros de la OPAQ consiguieron que finalmente Siria se sume a la lista de 189 países que ya adhirieron a la convención para que estos atentados no se repitan.

Expertos miembros de la entidad ya destruyeron en Damasco (Siria) misiles, bombas y equipos para mezclar químicos.

El lunes que viene, la adhesión formal de Siria a este programa por la paz será un hecho y con esa firma, llegará un nuevo logro para esta entidad que trabaje por un mundo más pacífico.

La educación es clave. Alejandra Suárez llegó ayer de Ginebra donde estuvo reunida durante varios días con sus compañeros de la OPAQ. A poco de bajar del avión habló con La Capital.

Durante la charla no pudo ocultar que estaba viviendo un torbellino de sentimientos. Por un lado, la alegría por la distinción, a la que definió como "un regalo de la vida" que permitirá "hacer mucho más visible la tarea de la organización y generar más conciencia sobre el poder destructivo de las armas químicas".

Pero también reconoció estar particularmente conmovida porque "en estas jornadas de trabajo analizamos mucho todo lo que sucedió en Siria y lo que pasó en otros lugares del mundo y es tan desolador que cuesta asimilarlo; no sólo por los que han muerto sino por todos los heridos y los testigos de la masacre, gente que ha quedado afectada de por vida y que está tan indefensa ...", reflexionó.

"Creo que lo más positivo del Nobel de la Paz es que muestra que la química puede estar al servicio de la humanidad y que la educación es una herramienta fundamental para luchar contra los fines destructivos", destacó.

Otra de las misiones principales de la OPAQ (además de detectar y destruir armas químicas) es crear conciencia entre los estudiantes de carreras vinculadas con esta ciencia.

Lamentablemente, detrás de los atentados terroristas con sustancias peligrosas siempre hay especialistas involucrados.

De hecho, Suárez estuvo en un encuentro en Ginebra presentando un proyecto educativo sobre el uso responsable del conocimiento que se lanzó en Rosario a mediados de año y que se llamó "Química para la paz".

El objetivo de esos talleres es sensibilizar a estudiantes universitarios de carreras ligadas a la química sobre los riesgos para la humanidad que conllevan las sustancias peligrosas.

"Fuimos a contar lo que se hizo en la facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR y tuvimos una gran aceptación para que el programa se replique en otros lugares del mundo", comentó.

Aún consternada, la experta rosarina dijo que nadie en la organización se esperaba el Nobel. "Desde el aeropuerto lo llamé a mi marido para saber cómo estaban él y mis tres hijos, y me contó lo del premio. Todavía no caigo, estoy muy feliz porque soy parte de un equipo que trabaja incansablemente por la paz, con perfil bajo y en acción constante. Todos sus integrantes lo merecen".

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