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Sábado 27 de Mayo de 2017

A los 77 años, murió el conductor y actor Andrés Percivale

El periodista siempre fue recordado por su conducción en Telenoche junto a Mónica Cahen Danvers y su cobertura de la guerra de Vietnam.

El periodista, conductor y actor Andrés Percivale falleció ayer a los 77 años tras luchar durante mucho tiempo contra un cáncer de pulmón, presuntamente vinculado con su condición de fumador.

    Nacido en Buenos Aires el 23 de julio de 1939 como Andrés Luis Percivale en el seno de una familia acomodada, estudió arquitectura algunos años y nunca se recibió, pese a que le faltaban sólo dos materias.

    Conoció una primera popularidad cuando, en 1966, acompañó a la periodista por entonces llamada Mónica Mihanovich en el exitoso informativo Telenoche.

    "Acepté trabajar en ese programa porque era solamente por un verano y me pagaban bien; en comparación a lo que ganaba entonces eso era una verdadera fortuna", recordó en una vieja charla con Télam. "Mi razonamiento en aquellos momentos era: bueno, yo después de estos tres meses vivo tranquilo económicamente todo el año y me dedico a la facultad, pero el éxito de Telenoche desbordó todos los planes", explicó.

    Por esos días Percivale era un avanzado estudiante de arquitectura que de un día para el otro decidió archivar los planos y el escalímetro para dedicarse al periodismo.

    Ese hecho le deparó ser el único periodista argentino en cubrir sin imaginarlo el Mayo francés de 1968, cuando regresaba de reportar la guerra de Vietnam y casualmente hizo escala en París. Ese trajín le permitió cubrir el Cordobazo a fines de mayo del año siguiente.

    Entre 1970 y 1975 obtuvo cinco premios Martín Fierro, otorgados por la Asociación de Periodistas de la Radio y la Televisión Argentinas por sus trabajos en "Mónica presenta", "Graciela & Andrés" y "Yo amo a la TV", y además apareció en los ciclos "Las tres medias de Andrés", "Los retratos de Andrés", "De acuerdo con Andrés", "Loft", "Gracias por venir, gracias por estar", "El espejo", "Teleobjetivo", "Sábado bus" y "Hechos y protagonistas", que en 2014 fue su última aparición.

    Años después, el vértigo de las cámaras y los micrófonos fue cediendo paso a las prácticas y seminarios de yoga, aunque no lo suficiente como para motivarlo a abandonar la profesión que le valió popularidad y un puñado de vivencias que no olvidaría con facilidad, como sus corresponsalías de guerra.

    "Personalmente poco y nada me he metido en la filosofía del yoga —apuntó entonces—; fundamentalmente mi trabajo es siempre a partir del cuerpo, es decir, tiene que ver más con lo físico que con lo espiritual".

    El animador desembocó en la práctica de esa disciplina a raíz de una afección cervical, que con el tiempo cedió para dar paso a una reformulación de sus hábitos sociales: "Le daba poca importancia al espíritu y mi cuerpo expresaba los efectos de mi contacto desenfrenado con el mundo exterior".

    Un cambio esencial se produjo en él al conocer a la maestra y difusora del yoga Indra Devi en 1982, una discípula de Jiddu Krishnamurti que tras un recorrido por todo el mundo que incluía un paso por Hollywood, donde atendió a muchas estrellas, se radicó en Buenos Aires en los 60 y murió a los 102 años.

    Entre los tiempos del debut y sus últimos años, en los que la enfermedad obligó a Percivale a una larga ausencia en los sets, transcurrieron una treintena de propuestas más o menos homogéneas, todas ellas matizadas por un humor zumbón y reconocidamente fino, así como sus infaltables carcajadas, tan conocidas en su tiempo.

   Hombre interesado en diversas formas de expresión, en 1974 dirigió la obra teatral "Greta Garbo, quién diría, está bien y vive en Barracas" y un tiempo después se lo vio en la revista "Érase una vez en Buenos Aires", junto a Gogo Andreu, Dringue Farías, Rafael Carret y otros grandes.

   Hace unos años, en diálogo con el diario La Nación, el periodista habló francamente sobre su enfermedad: "En cada órgano del cuerpo se aloja una emoción. Así como la ira se aloja en el hígado o la codicia se aloja en el intestino grueso, la pena y el duelo se alojan en el pulmón. Yo fui preguntando, porque no pierdo esa cosa periodística de hacer mis propias estadísticas. Y descubrí que siempre hay un duelo mal elaborado o la reiteración de un episodio muy doloroso", dijo. "En mi caso, es el haber descubierto que mi madre nunca me quiso, e incluso el haberlo conversado con ella, algo que le tengo que agradecer muchísimo", reveló.

   Tras superar la primera etapa de tratamiento, el periodista siguió muy activo.

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