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Sábado, 26 de noviembre de 2011  22:36 | Informacion General

Desde el 2000, una familia argentina recorre el mundo en un auto de 1928

Ya perdieron la cuenta de los miles y miles de kilómetros recorridos en su auto. Hicieron 70 mil de Argentina a Alaska, otros 20 mil por toda el país. Herman y Candelaria Zapp atesoran una increíble mixtura de culturas y anécdotas.  Tienen cuatro hijos, todos nacidos en el camino. Cómo hacen para criarlos y educarlos.

Mario Candioti / La Capital
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Ya perdieron la cuenta de los miles y miles de kilómetros recorridos en su auto. Hicieron 70 mil de Argentina a Alaska, otros 20 mil por toda el país... Son Herman Zapp y Candelaria Chovet, un matrimonio que —literalmente— fue gestando los hijos por el camino. Un periplo iniciado en el año 2000 y que tal vez en un par más culminen. Ellos persiguen un sueño, el viajar como estilo de vida. Y sus aventuras por los cinco continentes quedaron plasmadas en un libro: "Atrapa tu sueño". Hoy están recorriendo Asia en su inseparable Graham-Paige modelo 1928, el mismo que tuvieron que ampliar y convertir en una especie de motorhome cuando la familia se agrandó.

  La Capital los contactó luego de que hubiesen incursionado por el monte Everest y en momentos en que planeaban seguir a Nepal. No fue fácil para nadie resumir tantos años de aventuras. Dicen que no sienten desarraigo, que tan sólo se alejaron un tiempo de los afectos...

  Herman nació en California hace 43 años pero al año ya estaba radicado en Sierra de la Ventana. Candelaria —bisnieta de los fundadores del pueblo de Chovet, en Santa Fe— nació en Capital Federal hace 41 años. El cuenta que antes de partir hacía cableados de redes y fibra óptica y le estaba yendo bien. Candela era secretaria de su padre, que es médico.

  ¿Como surgió la idea de persgui este sueño? Herman es el que empieza a desenmarañarlo: "Es un sueño adolescente; nos pusimos de novios cuando Cande tenía 14 y yo 16. Juntos, por 10 años, empezamos a hacerlo crecer. Nos casamos y el trabajo, la casa, la vida y los miedos nos llevaron por otros caminos hasta que después de seis años de casados quisimos tener hijos y nos preguntamos qué había pasado con nuestro sueño de viajar. Y ahí fue cuando le pusimos fecha. En el año 2000 comenzamos a vivir los mejores años de nuestra vidas".

  Para el gran viaje no había auto pensado. Era una experiencia de mochileros hasta Alaska. Sin embargo... "Al auto no lo conseguimos nosotros, creo que el nos eligió. Un señor me insistió con que lo fuera a ver después que yo le dijera que no estaba interesado. Sin embargo, fue verlo y enamorarme. Es un Graham- Paige modelo 1928", rememora Herman, mientras Candela acota que "el auto tiene mucho de especial, tiene kilómetros de vida. Es un dibujante de sonrisas (como lo llamaron una vez en Colombia) porque lo primero que hace la gente al verlo es sonreír".

  —Están recorriendo Asia, la quinta etapa del viaje. ¿Cómo es la vida de seis personas andando miles y miles de kilómetros en un auto modelo 1928?Herman: Nada fue más difícil que el primer día, empezar. Dejar lo conocido para ir a lo desconocido. Yo la llamaría la etapa mas dura también.

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  —Candelaria: Desde que arrancamos de Argentina a Alaska se pueden mencionar miles de anécdotas. Como cuando nos quedamos sin dinero a los seis meses de viaje antes de navegar el Amazonas y aprendí a pintar acuarelas y Herman a enmarcar para vender y poder seguir. O del nacimiento de Pampa, nuestro primer hijo, en Carolina del Norte. Pero elijo anécdotas de la ultima etapa, porque son las más frescas. Es que a Asia la veíamos tan lejos pero es increíble como todo poco a poco se va haciendo, poco a poco llega. Pasamos Nepal y en este ultimo año y medio hicimos Corea, Japón, Filipinas, Malasia, Brunei, Indonesia, Tailandia, Camboya, Singapur, Laos y ahora China.

  Irremediablemente, surgen las anécdotas: "Al ingresar a Indonesia, en la isla de Borneo, no hicimos más de 10 kilómetros cuando rompimos los elásticos de la amortiguación del Graham por los pozos que había. Llovía y anochecía. Paramos a buscar un refugio en la casa de una familia que tenía cinco hijo y no hablaban nada de inglés. Con señas nos hicimos entender y ahí nomás Herman puso manos a la obra. Elásticos nuevos ahí no íbamos a encontrar pero se las ingenió para arreglarlos usando una madera y unas sogas para sostener la pieza rota. Dormimos esa noche en la casa donde nos dejaron cocinar y con sonrisas y gestos nos despedimos de ellos a la mañana siguiente. Tuvimos que parar como seis veces más para ajustar la soga y así llegamos a la isla de Java, después de tres días de viaje en barco desde Borneo".

 

 

 

  —¿Cómo es el relacionarse con gente tan diferente, de diferentes estilos de vida, razas y credos?

 

  —Cuando uno vive una vida de nómade como la nuestra, necesita del afecto de la gente; a nosotros particularmente ese afecto nos ayuda a no extrañar tanto los nuestros. Tanto en Asia como en Oceanía o América siempre hemos encontrado ese afecto. La gente no cambia por vivir en diferentes latitudes, por tener más o tener menos, busca obtener las mismas cosas en la vida, sigue siendo lo mejor y la mejor sorpresa de nuestro viaje. Es increíble que hoy en día ya somos seis en nuestra familia y la gente nos recibe igual en sus casas y nos comparte su mayor fortuna: su familia y su hogar. No importa que no hablemos su idioma, no importa que vistamos diferente, no importa cuánto tengan para ofrecer, ellos quieren ser parte de este sueño y hacen que sea más maravilloso aún.

Lo más lindo del viaje es conocer gente increíble, pero lo mas triste es que nos tenemos que despedir de ellos, constantemente.

 

 

  —¿Hay alguna anécdota que pinte esa intensa relación humana?

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  En Brunei nos hospedó una familia de musulmanes con seis hijos, súper religiosa y como tal todas las mujeres de la casa estaban cubiertas, por lo cual yo, por respeto, vestía chalinas para cubrirme. Nos adaptamos por una semana a su cultura, conocimos su mezquita y a toda su familia. Y fuimos invitados a un casamiento. Las mujeres estaban por un lado y los hombres por el otro. La futura esposa esperó al marido, luego se sentaron al lado de una vasija llena de agua con pétalos de flores flotando, descubrieron sus pies y los más allegados al matrimonio tomaban un poco de esa agua con un jarrito y la vertía sobre los pies. Saludaban luego al novio y luego a la novia. Le preguntaron a Herman si quería pasar. El fue, vertió el agua sobre los pies, saludó al novio con la mano y le dio dos besos a la novia uno en cada mejilla y exclamaciones unánimes sonaron en la multitud "¡Eso no, no!" y otros se rieron. Herman, avergonzado, le comentó a la dueña de casa que había visto que le daban dos besos a la novia. Y ella le contestó: "Sí, pero era su padre y su hermano, sólo ellos pueden besarla".

  "Cuando tenemos problemas, con el auto o con los chicos, crecemos. Por ejemplo, cuando para ir desde a una isla filipina llamada Palawan a Borneo tuvimos que poner el auto en un barco de madera que era sólo para pasajeros. No nos querían dejar subir; navegamos tres días en un mar muy movido, con lluvia, durmiendo nosotros en unos catres. Al vivir ese momento recordé cuando bajamos durante un mes el río Amazonas en una balsa que construimos", cuenta Herman.

  En Filipinas debieron hacerle modificaciones al Graham porque ya no había más espacio para todos. El techo anterior se convirtió ahora en una carpa mas grande que se extiende para los costados y los cuatro chicos pueden dormir ahí. El baúl se convirtió en una mesa para comer y cocinar. "Cada vez que preguntamos si podemos acampar, la gente nos dice «de ninguna manera, vengan a casa a dormir». Nos pasó mil veces que alguien llega a su casa y le dice a su mujer «pon más comida en la cacerola que tenemos invitados». Esa es precisamente la riqueza que nos da este estilo de vida, hacemos lo que la gente del lugar hace".

  Del 2000 al 2003 viajaron desde Argentina a Alaska; después fue Ushuaia-La Quiaca; más adelante EEUU y Canadá; entre febrero del 2009 y enero de 2010 recorrieron Oceanía y ahora es el turno de Asia. Los Zapp siguen moldeando y atrapando sueños. La aventura continúa...

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