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Viernes 13 de Abril de 2012

Igualdad y educación, claves para atender a la infancia

Por Patricia Redondo / En el sistema educativo está pendiente la discusión sobre la brecha escolar que hay entre los distintos sectores sociales

Somos América Latina. Nuestra cartografía presenta un mapa cultural único, donde el castellano y el portugués comparten su territorio lingüístico con las lenguas propias de nuestros pueblos originarios. Región sonora, verde y de una riqueza cultural incalculable plena de recursos humanos y naturales, como dramático contrapunto desde hace siglos es una región extremadamente pobre y desigual. El capitalismo latinoamericano, como bien lo sugiere Borón, se ha instalado como modo de producción predominante en la mayoría de las economías latinoamericanas y pese a haber experimentado períodos de altas tasas de crecimiento económico, la realidad de nuestros países es que continúan sumidos en el subdesarrollo debatiéndose entre el atraso y la exclusión, la extrema concentración de la riqueza y el aumento de la pobreza y la marginalidad.

Este, es el talón de Aquiles de los actuales gobiernos democráticos que a pesar de denodados esfuerzos, enfrentan la herencia de siglos de despojo sistemático más los efectos de las políticas neoliberales que profundizaron la brecha ya existente. Cabe señalar que todavía el subdesarrollo provoca que las democracias latinoamericanas no alcancen —incluso cuando se lo proponen— a revertir la ausencia de los más elementales derechos humanos. Basta mirar la situación de la niñez para nombrar la sociedad.

En nuestro país, en las últimas décadas y, en particular, a mediados de los setenta con el golpe de Estado, los niños y niñas fueron también víctimas del terrorismo de Estado, no sólo por la apropiación de bebés que aún hoy las Abuelas de Plaza de Mayo siguen buscando, sino porque se inicia una etapa que empobreció a una parte de la sociedad argentina y enriqueció como nunca antes a otra. Ya en 1993, la mayoría de los niños eran pobres y la mayoría de los pobres eran niños. Un proceso traumático conocido como de infantilización de la pobreza se instala en nuestras latitudes.

Cambio favorable. Asimismo, el comienzo de siglo presenta un cambio favorable en la historia del continente, en una fase de construcción de alternativas al modelo impulsadas por gobiernos democráticos. En la Argentina, políticas activas y leyes dirigidas a la infancia como la asignación universal abren la posibilidad de otros futuros posibles para los ciudadanos más “nuevos”, más “pequeños”. En el presente, miles de niños y niñas asisten a la escuela y antes no lo hacían. Este dato es de una crucial importancia, si bien no es suficiente para resolver la posición desigual de la niñez constituye otro punto de partida y marca un rumbo. El de la responsabilidad pública.

La tarea por delante es de una enorme magnitud. Al interior del sistema educativo está pendiente la discusión sobre la brecha existente entre los itinerarios educativos de los diferentes sectores sociales Es imprescindible que junto a los recursos que se suman hoy a las aulas, se ponga en discusión las representaciones imaginarias sobre el presente y el porvenir de los niños y niñas de nuestro país que hoy están en las escuelas. Ya que un conjunto de factores todavía inciden en que la escolaridad de los niños con mayores dificultades que llegan a circuitos escolares empobrecidos, donde es posible que se encuentren con colectivos de maestros y maestras que disputan otros horizontes educativos o, por el contrario, con escuelas que reducen las oportunidades educativas en una cruda reproducción de la desigualdad. Es necesario profundizar las políticas y prácticas educativas que alojen la necesaria relación entre igualdad y educación para que con urgencia se articulen las decisiones políticas y esfuerzos sociales y estatales para interrumpir la lógica despiadada de la exclusión.

Hoy, nos encontramos frente a la oportunidad histórica de que los niños y niñas en la Argentina se constituyan en verdaderos sujetos de derecho y que la infantilización de la pobreza sea sólo una vieja pesadilla desplazada por una nueva cartografía y paleta de colores, la de la justicia y la igualdad.

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