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Domingo 16 de Agosto de 2015

Ielpi: "No nos interesaba una visión turística"

El Negro, que nació en 1939 en la lejana Esquel pero es más rosarino que el Monumento, le da un trago a su whisky con soda y evoca los lejanos tiempos de la Vigil

Rafael Ielpi se mueve inquieto sobre una silla del bar El Cairo y los recuerdos comienzan a fluir. El Negro, que nació en 1939 en la lejana Esquel pero es más rosarino que el Monumento, le da un trago a su whisky con soda y evoca los lejanos tiempos de la Vigil, cuando él era todavía un muchacho y trabajaba en la editorial al lado de fogueados veteranos, como Rubén Naranjo, Rodolfo Vinacua y Jorge Riestra.

"Creo que la idea del libro fue de Rubén, con participación de Rodolfo, con quien tenían muchas coincidencias pero también discrepancias: Rubén era más militante, Rodolfo más reflexivo. El proyecto era novedoso, casi revolucionario para la época: reflejar la realidad cotidiana y social de la ciudad. No interesaba una visión «turística». La novedad era que, además de las imágenes, se incluyeron textos. Debe haber sido una de las primeras veces que la ciudad reflexionaba sobre sí misma. Pero ojo, no se podía escribir lo que uno quería. Había una edición rigurosa. A mí, por ejemplo, me encargaron escribir sobre el río. ¡Y yo, que era en cierto modo un intelectual, un hombre de café (iba siempre al Ehret, donde también paraba Aldo Oliva), un periodista que por entonces trabajaba en la revista Boom, vinculado al ambiente literario, no iba nunca al río!" (risas).

Me acuerdo, también, de que las instrucciones a los fotógrafos eran precisas: había que sacar a la gente, el Paraná y el nuevo perfil de la ciudad, que por entonces estaba cambiando a pasos agigantados: los edificios de pisos crecían como hongos, de mano del boom de las constructoras. Ese fue uno de los rasgos clave de la Rosario de los setenta .

¿Y dentro de la Vigil, cómo se vivió la aparición del libro?

—Había mucha expectativa, una sensación de que se había hecho algo realmente distinto. Ya desde el formato, casi cuadrado. Y es que seamos honestos, la ciudad que aparece en el libro —marginalidad incluida— no aparecía en los diarios.

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