Cartas de lectores
Miércoles 12 de Octubre de 2016

Homenaje al viajante

El pasado 1º de octubre se conmemoró el Día del Viajante de comercio. Es mi profesión y me permito hacer algunas reflexiones sobre este trabajador, para compartir con colegas amigos o, como en la mayoría de los casos, colegas anónimos.

El pasado 1º de octubre se conmemoró el Día del Viajante de comercio. Es mi profesión y me permito hacer algunas reflexiones sobre este trabajador, para compartir con colegas amigos o, como en la mayoría de los casos, colegas anónimos. El viajante de comercio necesita tener la resistencia de Hércules, la psicología de Freud, el tacto y la prudencia de un diplomático, la elocuencia de un buen orador, la paciencia de un amigo de toda la vida, el encanto de un galanteador y la agilidad mental de un matemático. Es el eterno equilibrista entre la empresa y el cliente. Se debe mantener impermeable al maltrato, las quejas, los reclamos, al desánimo y a la indiferencia. Conviene que entienda de fútbol, de política y de naipes. El frío, el calor, la lluvia y el buen tiempo, el sí y el no, la diversión o la tragedia, la esperanza y la desesperación, no lo perturban. Diríamos que es un filósofo. Conoce a sus clientes como a sí mismo, puede hablar en serio y escuchar de la misma manera. Viaja solo en su auto, de ciudad en ciudad, sabiendo que al llegar lo espera la soledad del hotel o un comedor en la ruta. Este hombre en cuestión no quiere otra cosa, no quiere otro trabajo y muy a menudo se dice orgulloso: "Soy viajante, soy vendedor, soy profesional". Sobre la frialdad del mail o del whatsapp, nuestra presencia seguirá siendo fundamental. La mano tendida, una sonrisa o el gesto seductor, el semblanteo del mano a mano, son elementos esenciales, e irreemplazables, para concretar cualquier operación comercial. Somos la profesión menos considerada de toda actividad económica. Para el hotelero, es un buen cliente. Para el empresario, es un vago. Para el gerente, un alfiler en el mapa de su zona de trabajo. Para el contador, es un costo a contabilizar. Para el resto de los empleados, es un charlatán que vive de joda. Para el cliente, es un pesado. Para la suegra es un turista. Para la esposa, es el novio eterno que siempre la deja sola. Para los hijos, un extraño que da órdenes los fines de semana. Para Perón, un turista a sueldo. Un abrazo a mis colegas.

Jorge Omar Bustamante

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