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Sábado 17 de Octubre de 2015

Historias que van del barrio a las escuelas

Guardianes del pasado atesoran relatos, fotos y objetos, que en juegos y charlas comparten con alumnos del lugar.

"Los cronistas e historiadores barriales tenemos otra forma de ver el pasado: además de poseer fotografías, mapas, cartas y documentos, también tenemos material genético del lugar. En diciembre cumplo 80 años y me gusta difundir en las escuelas las historias de Belgrano, mi barrio", dice Wildemar Bengochea.

Desde El Abasto, Enzo Burgos, explica: "Si le digo a alguien que en Dorrego al 1800, entre Cochabamba y Pasco, funcionó un cementerio de disidentes, quizás poco le interese". Pero, el autodenominado "Narrador popular urbano", también de 80 años, advierte: "Despierta atención si cuento una aventura que vivió allí un changador del antiguo Abasto (Sarmiento, frente a la plaza Libertad)".

"Estas personas recopilaban las historias desde un lugar no académico", señala el arquitecto Gustavo Fernetti, del Museo Itinerante del Barrio de la Refinería (ver aparte). Remarca que "son casi coleccionistas, que apuestan a esas historias por una pasión".

"Es importante esa tarea que desarrollan, rescatan el pasado de Rosario, hoy una ciudad muy intervenida, tiene un suelo antropizado (alterado por el hombre)".

Cosas de vecinos. "Trabajaba como viajante y también como cobrador de Ecco, la empresa tenía una revista. No escribía, pero una vez le mandé un artículo sobre los mosaicos del club Ben Hur, puestos en reemplazo en 1941, de la superficie de polvo de ladrillo sobre el que se jugaba al básquet, pero no era bueno para hacer los bailes", explica Burgos.

Agrega que "le gustó la nota y me pidió otras. Así empezaba a escribir sobre los curanderos de barrios, los vendedores ambulantes y el Cuadrado Mágico, como denominé a nuestro barrio, situado entre Pellegrini, San Martín, Moreno y 27 de Febrero".

Además, señala: "Escribo una revista barrial, llegué al número 46, pero es de impresión imprevisible, antes hacía fotocopias, ahora me la empezaron a imprimir".

Pero Burgos también quiso retomar y difundir tradiciones de otros tiempos, como las célebres pelotas de trapo con la que jugaban los pibes, ya que hace años no era accesible un "redonda", de goma y las cuero eran de profesionales. En mayo de 2012, lanzó una campaña para fabricar pelotas de trapo. En noviembre de ese año, unas 2 mil pelotas de trapo rodaron por las escalinatas del Parque España, impulsadas por pibes.

"Con los chicos —agrega— fabricamos ese juguete tan nuestro que luego repartimos para el Día del Niño y en la plaza Libertad. "También la llevamos a las escuelas y hablamos con los chicos"..

Cuenta que cuando era pibe jugaban en la vereda de Cerrito, entre Corrientes y Entre Ríos. "Era una calle adoquinada y de doble mano, entonces", cuanta Burgos, quien en 2008 publicó su libro "El cuadrado mágico". Editado por solicitud de vecinos que impulsaron su realización a partir del presupuesto participativo, fue publicado por la Editorial Municipal. "Pero no hay, queremos volverlo a publicar y hablamos con el municipio, pero no pasa nada", admite.

También colecciona objetos. "La gente tira todo lo que ya no usa. Pero, los que me conocen me traen documentos cuadros y fotos. Tengo unas de el Negro Lavie, jugando al billar en el club Buen Orden, España al 2100", recuerda.

Aportes de vecinos. "Formaba parte de la comisión cooperadora de la escuela 91 República de Brasil (Provincias Unidas al 1100), y al cumplir un aniversario, allá por años 40, salimos a buscar datos del lugar y del establecimiento. Había gente adulta del lugar que nos daba datos muy importantes, algunos

eran descendientes de fundadores", dice Bengochea.

"Recibí recortes, fotos, planos y testimonios de vecinos. Me entusiasmé y recopilé una documentación y relatos de valor. En noviembre de 1991, cuando Belgrano cumplía cien años, sus crónicas e imágenes fueron editados por la comisión de la parroquia", remarca.

"Mi familia llegó a la zona en 1935", pero como me interesó la genealogía, descubrí que en 1580 hay registros de antecesores, como algunos de los primeros pobladores de Buenos Aires", explica.

Sobre su trabajo detrás de las historias y personajes del barrio Belgrano, remarca: "Fui mucho a buscar datos a la Biblioteca Argentina, también hice muchas entrevistas con vecinos, recopilé fotografías, notas de diarios, planos de loteos. Iba a la biblioteca argentina, y registre muchas entrevistas con vecinos

En cuanto al nombre de Belgrano, cuenta que la zona nació como Pueblo Eloy Palacios, luego tomo el nombre de barrio Vila, "hasta que en 1910, en oportunidad de los festejos del Centenario de la gesta de Mayo, cambia el nombre de varios barrios. Se bautiza en memoria de próceres de 1810 a algunas barriadas que habían tomado la designación de los antiguos propietarios de tierras. Barrio Vila, pasó a homenajear al creador de la bandera nacional".

"Me preocupé por reavivar a la historia barrial. Muchos no saben cómo, ni cuándo se fundó el lugar donde viven. Además, las secciones policiales no siempre coinciden con los trazados de la zona. Belgrano se extiende desde calle Solís, al esta; avenida de Circunvalación al oeste; la vía del ferrocarril Mitre que va a Córdoba, y al sur con la calle Pasco, según una ordenanza. Pero, desde algún escritorio, se lo cortó en calle Pellegrini".

Temía que al fallecer los fundadores se fuera perdiendo toda esa memoria. "Tengo la suerte de tener recortes de la primera línea de troles K".

universidad. Bengochea resalta que "todo esto es para volcarlo en las escuelas. Siempre me llaman y hacemos charlas, también los chicos suelen hacer representaciones de la fundación del barrio. Se entretienen y aprenden. Preguntan mucho sobre cómo el".

Sobre su relación con los "colegas" académicos señala "los historiadores barriales alimentamos a los universitario con nuestra mirada. Han venido estudiantes de facultades en búsqueda de datos sobre la zona, para conocer sucesos y origen del lugar, la parroquia, escuelas. Algunos necesitan esa datos para realizar sus tesinas".

"Reconocen el trabajo y el aporte que hacemos en forma amateur, la tarea de recopilación y registro. Tenemos contacto con el profesor e investigador Miguel de Marco (hijo). "Entendemos que esta actividad cumple una función social, el resguardar y recuperar las historias de barrios tan viejos y queridos, como Belgrano, donde han vivido y viven cinco generaciones de vecinos", explica.

"Recopilar datos del pasado y testimonios, documentar todo con fotos, papales, y nunca fue desmentido", admite con humildad.

Muchos barrios y ciudades tiene su pasado resguardado por el trabajo de memoriosos del lugar. Además de Bengochea y Burgos, se debe recordar a Luis Meriggi, Barrio Industrial; Roberto Wersio, Pichincha; Nora Laborde, Saladillo; Chela Pazos, Arroyito y Parque Field, Miguel Milano, de Alberdi y Triángulo, y Francisco Granados, de Azcuénaga, y a Amador Salinas, San Francisquito, entre otros que dejaron sus historias.

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