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Martes 24 de Marzo de 2009

Historias

En el diario de estos días se publicó una historia demoledora. Si pueden, léanla. Mi amigo Hernán Lascano la contó muy bien. Es el caso de Mariano Vaccaro, un muchacho de 27 años que quedó parapléjico al recibir un balazo que le perforó la médula. Hernán me la contó antes de que su historia se publicara. Estaba conmovido.

En el diario de estos días se publicó una historia demoledora. Si pueden, léanla. Mi amigo Hernán Lascano la contó muy bien. Es el caso de Mariano Vaccaro, un muchacho de 27 años que quedó parapléjico al recibir un balazo que le perforó la médula. Hernán me la contó antes de que su historia se publicara. Estaba conmovido. Hablamos sobre el caso y también sobre lo que las historias que narramos los periodistas nos provocan a nosotros mismos. Recordé muchas de las que yo mismo conté cuando escribía en la sección de noticias policiales y luego cuando cubría las de Tribunales. A muchas las tengo todavía muy presentes y a otras por suerte las olvidé. O por desgracia, quién sabe. Olvidar a veces es necesario, pero en otros casos hay que recordar (hoy, no casualmente, evocamos el golpe de 1976 y el comienzo de la dictadura más atroz de la historia nacional). Por suerte a veces también nos toca contar buenas historias. Historias positivas, tiernas, saludables. Historias dignas de imitar. En el diario de estos días se contó una de esas historias. Lo hizo mi amiga Isolda Baraldi. Es el caso de Tomás, un nene de tres años, y de su familia. Pero no la voy a contar acá. Si pueden, léanla.

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