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Sábado 20 de Abril de 2013

Historias de la universidad que nació obrera y sigue formando ingenieros

Pasado y presente de la UTN local en el relato de un graduado de la primera promoción y de una egresada de 2012

Roberto Caputi tiene 81 años y es ingeniero mecánico. Florencia Siso tiene 23 y es ingeniera química. El pertenece a la primera promoción de graduados de la Facultad Regional Rosario de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN); ella a la última promoción (2012) de esta Universidad Nacional, además de contar con el mejor promedio: 9,10. Los une la historia de haber transcurrido por la misma facultad, en tiempos diferentes, pero con la pasión común de abrazar la ingeniería como carrera. Recuerdos de la UTN Rosario en el año de su 60º aniversario.

La creación de la Universidad Tecnológica Nacional (comenzó a llamarse así en 1959) está ligada a la necesidad de contar con profesionales que respondieran a las necesidades de un país que valoraba la industria. No es casualidad que cuando se crea —en 1948, en el primer gobierno de Perón— adopte el nombre de Universidad Obrera. La pretensión era dar prioridad en sus clases a los técnicos que trabajaban en las fábricas.

En Rosario, la Facultad Regional inicia sus primeras clases en 1953, en la que era Escuela Fábrica Nº 40 (hoy Técnica N 468), también se enseñó en el actual Nacional Nº 2, en el Politécnico y en el Nacional Nº 1. El actual edificio de Zeballos al 1300 se inauguró en 1969. Comenzó ofreciendo las carreras de ingeniería mecánica, en construcciones y electromecánica.

Primera promoción. La primera promoción es de la UTN local es de 1958, es a la que pertenece Roberto Caputi que egresó como ingeniero mecánico. "Hay que ubicarse en la década del 50, cuando la industria demandaba ingenieros y no había. Por otro lado, las universidades que dictaban cursos de ingenierías tenían horarios que no eran compatibles con las necesidades de la gente que trabajaba. Y además eran muchos los técnicos que querían seguir estudiando, pero al trabajar no podían. Es cuando aparece esta universidad, que en ese entonces se llama Obrera", repasa prolijamente Caputi sobre cómo se iniciaron los primeros cursos.

Trae a la charla —que la joven ingeniera Florencia Siso sigue deslumbrada— imágenes impecables de sus años de estudiante. "Yo era técnico y sabía que más de ahí no podía pasar porque tenía que contribuir a la economía familiar con mi trabajo. Pero cuando aparece la Universidad Obrera con horarios que permitían seguir trabajando y con la posibilidad de hacer un cursado de un nivel adecuado, muchos vimos la oportunidad de trabajar y estudiar allí".

En ese entonces —cita Caputi— era requisito tener título secundario, especialmente técnico y estar trabajando en una actividad afín a la ingeniería elegida: "Esa era una condición buenísima porque cuando nos presentaban los avances en las asignaturas, muchas cosas eran familiares para nosotros, las veíamos todos los días".

Las clases eran numerosas, de unos 40 alumnos, iban desde las 19.15 a las 23.20. "Eran muy lindas, no faltaba nadie, era mucho el sacrificio que se hacía, sin embargo todo era muy llevadero, porque como teníamos la práctica nosotros ayudábamos a los profesores. Había estudiantes, por ejemplo, que eran especialistas en soldaduras", describe.

Caputi completó sus estudios en los 5 años que establecía el plan. Fue en 1958: "Teníamos un empuje especial, se trataba de no perder la oportunidad. En las clases no volaba una mosca porque nadie quería perder un tiempo que era precioso para nosotros, que trabajamos ocho horas en una empresa y luego cursábamos cuatro por la noche, estudiábamos sábados y domingos".

Presencia femenina. Cuando egresó no había ninguna mujer en sus clases, "eran pocas", dice y cuenta que ingresaron más cuando se sumaron las ingenierías químicas y en sistemas de información.

Actualmente Caputi está jubilado, pero no deja de darse una vuelta cada tanto por la UTN. "Siempre hay algo para hacer", dice. Trabajó en distintas empresas y fue ayudante de cátedra durante 5 años ad honórem. Considera que es una "manera de devolver algo a la universidad pública, un compromiso". Una idea a la que Florencia Siso adhiere plenamente.

"Yo la vi nacer a esta universidad, la viví y disfruté; gran parte de mi vida está unida a ella", agradece Caputi.

Más de cinco décadas separan la primera promoción de graduados de la última. En ésta se inscribe la historia, por cierto muy reciente, de Florencia Siso. La joven ingeniera tiene 23 años y fue el mejor promedio del 2012 en la UTN local: 9,10 apuntan sus notas.

Hizo su primaria en la Escuela Nº 53 Bernardino Rivadavia y el secundario en el Politécnico: "Quizás por eso y a pesar que me tocó el polimodal que quitó los títulos técnicos me orienté por la ingeniería, y me sentí más preparada para esta carrera".

La comparación con la historia académica de Roberto Caputi es inevitable. Se da durante toda la charla, se complementan y se encuentran en diferentes datos y anécdotas. “Cuando empecé —cuenta Florencia— las clases noté dos cosas: que éramos cinco personas de Rosario, el resto de otras localidades, y que más del 80 por ciento sólo estudiaba”.

Y reconoce: “A mí me tocó trabajar durante mis últimas cuatro materias, que además ya había cursado. Fue muy difícil hacerlo. La verdad no me imagino cursando y trabajando toda la carrera. Por eso va mi profunda admiración por los que lo hacen”.

Afirma que es muy valiosa la oportunidad de pasar por una cátedra como ayudante: “Soy la primera defensora de mi facultad, creo que muchos subestiman el hecho de poder estudiar gratis, entonces esta es una forma de retribuirle. También considero que es una forma de acortar la brecha profesor-alumno, ya que permite un mejor acercamiento a los estudiantes que a veces les cuesta manifestar un problema que tienen”.

Experiencia laboral. Para la ingeniera un problema a resolver es que a quienes recién egresan les piden “experiencia laboral”, y muchos no tuvieron la oportunidad de conseguirla durante su carrera. “En esta búsqueda laboral hay una brecha importante, se requiere más profesional con experiencia que la que uno tiene, es una falla a nivel educación. Creo que debiera darse más acercamiento entre las industrias y la facultad que la que hay”, analiza.

En la actualidad a la Facultad Regional Rosario de la UTN asisten unos 5 mil alumnos. En estos 60 años se sumaron otras especialidades y ahora ofrece las ingenierías civil, eléctrica, mecánica, química y en sistemas.

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