El Mundo
Jueves 09 de Junio de 2016

Hillary Clinton acaricia la nominación demócrata y quiere hacer historia

La ex primera dama ganó en California superando el umbral de 2.382 delegados necesarios para ser confirmada candidata presidencial.

Sucedió en Nueva Jersey, a la sombra de los rascacielos de Nueva York. Tras las primarias más largas, caras y reñidas en la historia de los demócratas, Hillary Clinton logró superar claramente el umbral de los 2.382 delegados necesarios para asegurarse la nominación a las elecciones de noviembre. Y ser la primera mujer en pelear por la presidencia de Estados Unidos. La ex primera dama no será la candidata oficial del Partido Demócrata hasta que sea proclamada como tal en la Convención Nacional Demócrata, que se celebrará en julio en Filadelfia, en el estado de Pensilvania. Probablemente pase cinco meses trenzada en un duro duelo verbal con el virtual candidato republicano, Donald Trump, antes de que los estadounidenses voten a su presidente el 8 de noviembre. En esa fecha, Clinton podría convertirse en presidente, 100 años y un día después de que Jeannette Rankin lograra ser la primera mujer en ser elegida al Congreso de Estados Unidos. Trump buscará evitarlo.

Pocas horas antes de la gran final del "supermartes", en la que los demócratas estaban convocados a votar en seis Estados, la revista Forbes nombró por sexta vez consecutiva a Angela Merkel como la mujer más poderosa del mundo, mientras que Clinton quedó en el segundo puesto, al igual que el año anterior. Detrás de ella se ubicó la directora de la Reserva Federal, Janet Yellen. Cada vez que esta mujer levanta o baja el pulgar a una decisión sobre las tasas de interés, el mundo de las finanzas contiene la respiración.

Promesa. Clinton, en cambio, es una mujer poderosa en espera. Sin embargo, su campaña está teñida por una promesa histórica: convertirse en la primera mujer en llegar a la Casa Blanca, así como Barack Obama fue el primer presidente afroamericano del país. Clinton se ve dentro de la tradición de las sufragistas y las mujeres que lucharon por sus derechos en los años 60 y recuerda su propio discurso en Pekín en 1995, cuando dijo: "Los derechos de las mujeres son derechos humanos y los derechos humanos son derechos de las mujeres".

Esto apenas se notó en la campaña por la candidatura. Detrás de Clinton, de 68 años, no hay un gran movimiento femenino. Se trata, sobre todo, de un feminismo institucionalizado.

Muchas mujeres, sobre todo las más jóvenes, prefirieron votar por su rival demócrata, Bernie Sanders, quien sigue resistiéndose a tirar la toalla. A muchas de ellas no les importaba hacer historia, sino otros temas. Esto podría cambiar en el duelo directo con Donald Trump. A muchas mujeres, la retórica despectiva del magnate inmobiliario neoyorquino y su actitud misógina les generan rechazo.

Sin embargo, los politólogos advierten a Clinton acerca de poner demasiado énfasis en temas femeninos: "Las personas preocupadas por los derechos de las mujeres votan de por sí a los demócratas", dice la profesora Amanda Friesen de la Universidad de Indianapolis. En otras palabras: este tema no le ayudará a Clinton a ganar demasiados votos. A esto se suma que los niveles de aprobación de Clinton están históricamente bajos, algo que comparte con Trump. Para muchas personas, representa parte del establishment, una maquinaria de políticos profesionales cercanos a los grandes capitales.

Recuerdos vivos. Eso tiene que ver también con su esposo. Para algunas personas aún están muy vivos los recuerdos de los 90, los escándalos que rodearon al ex presidente Bill Clinton y su affaire con la becaria Monica Lewinsky como la punta de un iceberg de pasos en falso. Muchos de los perdedores de la crisis financiera de 2008 no le perdonan a Bill Clinton que en vez de domesticar al sector financiero, le diera margen de maniobra.

Hillary Clinton lucha por su credibilidad. Entre otras cosas porque aún no quedó aclarado el escándalo por el uso de su cuenta privada de e-mail como secretaria de Estado, tema actualmente investigado por el FBI. En el peor de los casos, podría ser demandada.

Superdelegados. Estas circunstancias permitieron a un senador de 74 años de Vermont, Bernie Sanders, tener en vilo durante meses a Clinton. Los seguidores de Sanders incluso celebraron en las playas de California el martes, a pesar de que algunos ya se habían rendido. El senador cosechó millones de votos menos que Clinton. Pero se propuso seguir en campaña hasta la convención y conseguir el apoyo del varios de los superdelegados que se inclinaron por Clinton. A diferencia de los delegados que están obligados a votar al precandidato vencedor, los supedelegados (cargos electos y orgániços del partido) tienen libertad de elegir a cualquiera de ellos. Es una pequeña piedra en el zapato con la que Clinton tendrá que lidiar hasta la convención partidaria de los demócratas. Si la ex secretaria de Estado quiere evitar en la Convención Nacional Demócrata en Filadelfia, a fines de julio, que Sanders le haga frente, debe hacerle concesiones políticas. El senador anunció nuevos actos para la semana que viene. Pareciera que no está dispuesto a ceder sin dar batalla.

Maren Hennemuth-Michael Donhauser / DPA

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