mas
Domingo 19 de Junio de 2016

Hernán Casciari, el antihéroe

El autor de "Más respeto, que soy tu madre" asegura que antes de internet era aburrido y solemne, y que gracias a su blog adquirió frescura. De Rosario, admite tener "recuerdos futbolísticos horribles". Mano a mano con un auténtico personaje de la literatura argentina

Un día se fue de Mercedes, su pueblo natal, a París a recibir el premio del concurso literario Juan Rulfo. Allí se enamoró de una catalana y se fue a vivir a España. Eran los inicios del 2000 y ya había escrito un par de libros, pero la llegada a Barcelona lo cambió todo. La paternidad, la distancia, la nostalgia, internet, un blog, un libro, más libros, una editorial propia, una revista literaria, fútbol, cuentos, lecturas, lectores, conferencias, viajes y… un infarto. Todo esto y más es Hernán Casciari.

Una vida online

"Creo que hubo en aquel momento de la creación del blog esa sensación de comunidad, que fue fundamental. Yo empecé escribiendo un blog para mis amigos de Mercedes (Buenos Aires), con mucho código de pueblo y, sin saber por qué, gente de otros países se enganchó a leer los cuentos. Eso fue el inicio, todo fue un aprendizaje, en aquel momento —año 2000— nadie estaba acostumbrado a leer en internet. Eso despertó al escritor incipiente que estaba dentro mío", explica Casciari acerca del origen de Más respeto que soy tu madre, el weblog convertido en esa obra arrasadora y tan costumbrista, traducida a varios idiomas y adaptada por Antonio Gasalla.

Lo revolucionario para Casciari fue el sistema de los blogs y leer los comentarios que dejaba la gente. Eso le llamó poderosamente la atención: los lectores interactuaban con Mirtha la ama de casa, el personaje, y no con Hernán, el autor. De ahí en más no pudo parar. Un año después, y para el capítulo doscientos de la blogonovela, había cien mil computadoras conectadas en todo el mundo esperando el final "como si fuera un gran fogón virtual". Satisfecho de haber generado ese feedback cibernético, aclara que los medios grandes hoy son tan mastodónticos que han perdido los reflejos, y que el genio ahora se descubre en internet.

"Antes de internet era un escritor aburrido y solemne, estoy muy agradecido al blog porque me dio una voz fresca y frívola, y hoy me siento muy bien con esa voz. Leyéndome en textos de hace años no me avergüenzo, por lo menos era genuino y no quería cagar más alto que el culo". Casciari es contundente. Escribió cuentos gratis por siete años, se armó su blog como quiso y se hizo amigo de sus lectores. Decidió escribir tranquilo, divirtiéndose, abriéndoles el juego a los comentaristas de su blog. "Cualquiera puede salir a pedir guita para crear un proyecto propio, pero sin todo lo anterior, igual no hubiera funcionado", dice de un modo para nada estratégico.

Y esta es la historia de esa barbaridad literaria que es la revista Orsai. Fueron los lectores los que se sumaron al proyecto en 2010 y pusieron via PayPal casi un millón y medio de dólares. No pidió dinero a ninguna empresa ni marca, se liberó de las multinacionales de la cultura, de Mondadori, Plaza & Janés, Sudamericana, y de los diarios El País y La Nación de Argentina. Sumó a grandes como Juan Villoro, Nick Hornby, Fabián Casas, Abelardo Castillo, Mempo Giardinelli, Mario Bellatin, Fernández-Mallo, Rodolfo Palacios, Junot Díaz, Mariana Enríquez y Juan Forn, entre muchos otros capos de la literatura.

La distancia y el fútbol

"No hubiera contado las cosas que conté si me hubiera quedado en Buenos Aires, un germen de nostalgia no se hubiera despertado, con una incomodidad social distinta, lejos del pueblo (Mercedes) y rodeado de españoles" dice Casciari. En el cuento De noche coleccionamos cosas, publicado en el blog Orsai, recrea un dialogo imaginario con un gallego, que le dice: "¡Joder, tío! Todo eso haréis vosotros los argentinos. Aquí nos quedamos dormidos sin tanto jaleo". Y es que a la distancia ciertas diferencias culturales se hacen notar, empezando por la peor de todas: la diferencia horaria para ver los partidos de fútbol. Cuando en Argentina son las nueve de la noche, en España es la una y en el silencio de la madrugada se escucha un solitario y desubicado grito de gol. Casciari es fanático de Racing y ahora que está de vuelta en Buenos Aires no piensa en vivir en otro lado que no sea allí. "Ahora voy a la cancha, la hinchada canta, todos gritamos gol al mismo tiempo, eso me da felicidad".

Y fiel a su estilo, relata una anécdota: "Yo estaba recién llegado al país, y me doy cuenta de que realmente estoy en Buenos Aires cuando me pasa que estoy mirando un partido de River. Jugaba a las siete de la mañana la Intercontinental. Me despierto, me siento en la cama a ver el partido y a los dos minutos hay un tiro del Barcelona que Barovero saca así muy muy contra el palo, y yo hago ¡uuuhh! Y escucho que todo el edificio hace ¡uuuhh! Y ahí me doy cuenta de que estoy mirando el partido al mismo tiempo que todo el mundo, y no en soledad. Entonces lloré. Lo mal que te sentís cuando estás solo y encima se cuelga Rojadirecta".

El cuento Messi es un perro se puede leer online, funciona para muchos como puerta de entrada a la literatura de Casciari, que aclara que no tiene muy buenos recuerdos de Rosario: "Fui una vez sola, y además tengo recuerdos de mierda, porque Racing siempre fue una víctima de Central, tengo recuerdos futbolísticos horribles, pero soy muy admirador del Negro Fontanarrosa, sobre todo como ilustrador y dibujante".

Madre hay una sola. Casciari pensó que ni siquiera alguien que fuera mercedino iba a entender lo que escribía en el blog, cuando empezó con Más respeto que soy tu madre. El tiempo después explicaría todo. El libro salió, además de en la Argentina, en España y México; pero se editó también en Corea. Cuenta que cuando le acercaron el libro en coreano, más allá de no comprender el idioma, no podía entender cómo un coreano podía reírse de chistes tan argentinos. Pero el personaje de Mirtha, la ama de casa, la madre en épocas de crisis, fue el disparador en común de esta historia: todos tuvimos que aguantarnos a nuestra madre. "El humor no es igual en todos lados", aclara, "pero parece que todos tenemos madre y todos nos emocionamos con eso".

Desde que el año pasado tuvo un infarto sus rituales cambiaron muchísimo, antes era noctámbulo y le daba a la marihuana, el tabaco y el mate; ahora es diurno, come sin sal. Experimenta otros hábitos más saludables, y encontró relajación en su Obra en construcción, la performance teatral que hace justamente con Chichita, su madre, que no duda en retarlo en público. Sus familiares, que aparecían como personajes en sus cuentos, ahora lo acompañan en el teatro y hacen de ellos mismos. "Se cebaron, se prendieron en la gira, los aplauden más que a mí", explica. La obra no estaba en sus planes, pero pinta que va a ser un partido inolvidable.


Comentarios