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Sábado 26 de Junio de 2010

Heridas de un continente

Mucho de lo que nos llega de Perú, en tiempos de Youtube y televisión refritada, son los videos musicales de una pequeña (hoy adolescente) llamada Wendy Sulca.

Por Ulises Moset (*) / Mucho de lo que nos llega de Perú, en tiempos de Youtube y televisión refritada, son los videos musicales de una pequeña (hoy adolescente) llamada Wendy Sulca. A los ocho años de edad, en un acto de brutal exposición, la niña confesaba a través de una canción que añoraba la teta de su madre, generando todo tipo de controversias. El mundo la conoció a través de los buscadores y detrás de escena. Casi como una postal, la cultura de todo un país parecía asomarse.

En ese fondo, y enfocado seriamente en el drama de una adolescente en las afueras de Lima, se construye el relato de "La teta asustada", la película de Claudia Llosa que compitió en los premios Oscar como Mejor Película de Habla Extranjera.

La historia nos incomoda desde el primer minuto. Fausta (Magaly Solier) padece el curioso síndrome de "la teta asustada", una metáfora contundente que nos habla del miedo y de la violencia de género en el pasado reciente de un país turbulento. Hija de un profundo temor, Fausta se introduce una papa en la vagina para no repetir la historia de su madre. El tubérculo es un símbolo indigesto del cuerpo sin vida de esa madre, a la que Fausta quiere enterrar dignamente.

Huérfana de repente, la joven se encuentra en un lugar inesperado. Debe hacerse cargo de su condición de mujer con el peso de los traumas heredados.

La película conmueve, incomoda, remueve. Por momentos desespera y desconcierta. Nos muestra una postal profunda de Perú que achica las distancias y es reveladora. Más allá de algunos aspectos folclóricos, las problemáticas surgidas de la desigualdad social y de las heridas de un pasado violento son similares a las nuestras.

(*)Comunicador social

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