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Domingo 29 de Marzo de 2015

"He visto cómo tremendos delincuentes se transforman en corderos"

La Iglesia Evangélica Misionera Argentina difunde desde Rosario su mensaje a través de Canal Luz.

Mujeres y hombres llegan con sus niños y bebés con sus mejores ropas. Sencillas y austeras, pero con sus mejores ropas. Al encontrarse con los demás fieles se saludan con alegría y afecto, y se suceden las bendiciones. Es domingo y el reloj marca las 19. El templo de la Iglesia Evangélica Misionera Argentina, en Oroño casi esquina 27 de Febrero, desborda de gente, con sus 3.000 sillas ocupadas y muchísimas personas de pie. “Se calcula que un 8 o 9 por ciento de la población argentina es evangélica, y tal vez en Rosario ese porcentaje se eleva un poquito más”, comenta el pastor José María Silvestri, líder de esta congregación, fundada hace 31 años en la ciudad. A partir de la apertura democrática en la Argentina las iglesias evangélicas tuvieron mayor visibilidad y experimentaron un crecimiento sostenido. Si bien no hay datos oficiales, en Rosario y su zona se calcula que existen más de 500 templos de distintas iglesias evangélicas, lo que incluye oratorios y lugares de reunión pequeños (algunos hasta en humildes garajes) así como grandes salas de culto. “Creo que la iglesia evangélica tiene una respuesta a las necesidades de la gente, una respuesta hasta inmediata. El hecho de presentar una propuesta de fe superadora creo que movilizó a mucha gente, y esa propuesta produjo no sólo cambios en lo personal sino especialmente en las familias que son afectadas por este mensaje, con estas palabras de estímulo y de aliento a adherirse a Dios”, reflexiona Silvestri.

—¿A qué se refiere cuando habla de “una propuesta de fe superadora”?
—Superadora digo porque se vincula con experiencias de vida. No me interesa hablar de otras religiones o distinguirnos de nadie, pero hay prácticas religiosas que solo tienen, por así decirlo, una idea o una serie de dogmas y requisitos que se deben cumplir… Nosotros, en cambio, proponemos que la persona tenga una vida interior de búsqueda y de encuentro con la parte espiritual, en definitiva con el Creador. Y esto es lo que vemos que produce cambios en lo personal cuando esto ingresa a la familia.
El pastor Silvestri rememora su propia “experiencia personal”, el día en que su vida “hizo un clic” impactado por el mensaje evangélico. “Nací en una familia que no tenía una adhesión a la religión. Mi ingreso a la iglesia evangélica ocurrió a los 12 años de manera individual. Yo era un pibe de barrio Tablada, vivía en Ayolas al 400, y entonces un día que volvíamos con unos amigos de la cancha de Newell’s nos bajamos del colectivo en Deán Funes y San Martín. A una cuadra de allí pasamos caminando por el frente de una iglesia y alguien nos invitó a pasar y nos dijo «van a escuchar cosas lindas, canciones», y la verdad que fue mi primer contacto con la fe, me movilizaron las palabras que escuché y desde allí arrancó toda esta historia hasta el día de hoy”.
Silvestri cursó la primaria en la escuela República de Perú y la secundaria en horario nocturno en el colegio Belgrano, ya que comenzó a trabajar desde adolescente en un comercio del centro de Rosario. A los 19 años se casó con Mabel, con quien tienen cuatro hijos. En los inicios realizaron tareas solidarias en el Ejército de Salvación y luego, cuando él cumplió 28 años, ambos se convirtieron en pastores y formaron en 1984 la Iglesia Evangélica Misionera Argentina, que cuenta actualmente con dos templos en Rosario: uno el de Oroño y otro en San Martín al 900, donde hace años funcionaba el cine Capitol. La congregación también tiene un área social y de salud (la Mutual La Roca), medios de comunicación (Radio Amiga y Canal Luz Satelital) y un Complejo Educativo Cristiano (Iema), que cuenta con nivel primario, secundario y terciario.  Además, posee templos en Mendoza, San Juan, Salta, Tucumán, Buenos Aires, Misiones y Córdoba. “Tenemos presencia en más de 200 pueblos y ciudades de la Argentina como una expresión de esta iglesia que surge en Rosario y que al difundir esta propuesta ha tomado esta expansión”, resume el pastor levantando su mano derecha con la que durante casi toda la entrevista sujetará su Biblia de lomo color bordó. Un libro que abrirá en varias ocasiones durante el diálogo para avalar sus respuestas con fragmentos bíblicos.

que citará con pronunciadas entonaciones.
—Las iglesias evangélicas pentecostales tienen fundamentalmente inserción en los sectores populares, ¿por qué cree que sucede esto?
—Hay una expresión del Evangelio de Jesucristo en donde dice que “difícilmente los ricos entrarán en el reino de los cielos”. Es decir, los ricos tienen dificultades. Porque cuando a través de tu capacidad personal, económica, laboral y física tenés más o menos cubierta y controlada tu vida estás centrado en vos mismo y a veces no se te abre tan fácilmente la idea de trascender. Los sectores más vulnerables evidentemente tienen una búsqueda tal vez desde una necesidad más fácilmente visible. Por ejemplo, yo nunca encontré gente que resista el Evangelio en la sala de terapia intensiva. Yo visito una sala de terapia intensiva en un hospital o en un sanatorio, y voy cama por cama y cualquiera de los pacientes te pide ayuda, una oración, una palabra, algo... Esta práctica religiosa tiene una afectación más profunda en esta determinada franja de la sociedad porque sin faltar el respeto a las personas acomodadas económicamente, muchos de ellos por tener cubierta su buena prepaga, sus vacaciones, su familia, su casa, lo que sea, por ahí no se dan cuenta de lo frágiles que son. Hay un texto de la Biblia, del libro de los Salmos, que dice: “Sepa yo cuán frágil soy”.
—Es decir, ¿usted considera que las personas con mayores necesidades materiales son más frágiles y vulnerables, y por ello se encuentran más abiertas a acercarse a la práctica religiosa?
—Los sectores más humildes no son más frágiles y vulnerables que otros sectores sociales, sino que lo reconocen. Todos somos frágiles y vulnerables. Reitero: “Sepa yo cuán frágil soy”. Si yo me descuido, me olvido de esto, si no reconozco que necesito ayuda porque creo que todo lo puedo... Este es un mensaje que viene de la antigüedad, que las personas sepan que por más que tengamos, si Dios no nos ayuda tenemos poco.
—Se escuchan testimonios de gente con graves problemas personales que se ha acercado a las iglesias evangélicas y dice experimentar profundos cambios positivos en sus vidas. ¿Son realmente ciertas estas transformaciones inmediatas, estas conversiones radicales? ¿Se puede realmente cortar radicalmente con lo que uno era, trazar una línea entre el pasado y el presente, entre el mal y el bien, incorporando nuevas prácticas, valores, símbolos y creencias?
—El hecho de la experiencia personal se traduce no sólo en algo que es un fuego interior, sino en un cambio hacia afuera de la vida, que se irradia en el hogar, en la familia, se acomodan un montón de cosas de la vida, por supuesto. Incluyendo estas cuestiones donde mi modo de vida cambia. Si yo antes dependía de robar, ahora ya no puedo hacerlo, no sale de mí robar. Entonces, incluso si tengo un proceso de autodestrucción con el consumo de drogas, evidentemente eso cambia por el hecho de volver a valorar la vida y el cuerpo que tengo. Es increíble cómo la gente puede superar la adicción al trabajo, al alcohol, a las drogas, al delito. Eso lo vemos todo el tiempo, todo el tiempo... Porque hay algo espiritual que funciona desde adentro hacia afuera.
—La palabra y la acción, según la práctica religiosa evangélica, son indisociables.
—Necesariamente. La religión evangélica propone un cambio de vida sin alienar a la persona, sin transformarla en alguien masificado o cosificado, sino en alguien libre de absoluta responsabilidad en su libertad, porque no hay libertad sin responsabilidad. Esto le lleva a cambios realmente extraordinarios, cambios económicos muy importantes. Gente que no sabía hacer nada y ahora aprende a hacer cosas y cambia su status de vida. ¡Tantos cambios son posibles!
—Los pabellones y penales evangélicos en cárceles y comisarías llaman la atención por el nivel de convivencia que logran mantener entre los internos. ¿Por qué ustedes tienen éxito en un lugar donde todos, incluso el Estado, fracasan?
—Los pabellones evangélicos son particularmente diferenciales por la calidad de vida que se experimenta allí. El Evangelio es transformar vidas. Si el Evangelio es sólo una serie de requisitos o religiosidades que se practican es una cosa, pero si el Evangelio llega al corazón del hombre cambia a la persona. Es interesante. Y esto ocurre en lugares como estos, de terribles y tremendas adversidades. Cuando recién comenzaba como líder religioso me convocan para ir a un penal en una comisaría de Rosario donde había como 30 detenidos. Las comisarías son penales, y superpoblados. Han tratado de mejorar eso, pero me parece que les cuesta. Y yo recuerdo aquella experiencia porque a mí mismo me impactó. El comisario me invita a ir, pero después me dice: “¿Usted se va a meter ahí adentro? Mire que es gente muy pesada, pero muy pesada”. Yo te digo que es interesante ingresar al penal con este libro sagrado, la Biblia, en la mano. Expresarles el amor de Dios transformaba a estos tremendos delincuentes en corderos, y hemos visto cambios extraordinarios en esta gente, cuando en situaciones distintas por ahí te tomaban como rehén. Cuando vos llevás esta palabra de fe y esperanza la realidad es que las cosas cambian. Una vez en la seccional 11ª había un lío, un desbande porque los policías habían matado a un preso, al famoso futbolista Torito Aguirre (Waldino Aguirre), y yo y otros dos pastores ingresamos a la comisaría y pudimos calmar a la gente. La palabra de amor y la palabra de fe transforman a las personas. En los penales la gente que está detenida no tiene nada, nada de nada, y entonces fácilmente reconoce sus necesidades, y se producen cambios realmente muy rápidos y notables en estas personas.
—Me imagino que alguna vez ha escuchado frases como que ustedes le “lavan la cabeza a la gente”...
—Sí. Hay gente que a veces dice que les lavamos la cabeza a las personas, que las manipulamos, pero en realidad cualquier hecho de manipulación o lavado de cerebro tiene un vuelo corto. En cambio, la transformación de la vida y la experiencia personal tienen una larga cadena de vida productiva. No nos sentimos hostigados para nada cuando escuchamos esas críticas. Vivimos en un país hermoso en este aspecto. Amo profundamente mi país, mi suelo, mi barrio, porque somos un país hecho en base al esfuerzo de la gente. La gente que vino desde lejos a vivir a este país, vino movida por un hecho de fe, hizo cosas que sin fe no se podrían haber hecho. Esto es Argentina, y tenemos que mantener esta fe. Lamentablemente también tengo que decir esto, algunos creen que han dado un paso adelante destruyendo todo eso. A veces se dice, qué bien, estás progresando, diste un paso adelante, pero cuidado, que si das un paso más te caés al precipicio. El tema central es hacia dónde doy el paso.
—¿Estas críticas que a veces reciben las asocian con la tensa relación que históricamente han tenido con la Iglesia Católica, que dice que las iglesias evangélicas son proselitistas y le sacan fieles?
—No hay nada de eso. Incluso hay un respeto interconfesional, tenemos muchísimo diálogo con la Iglesia Católica, y un gran respeto. Cada uno hace la parte que le toca hacer, pero no hay un acoso de ninguna naturaleza, gracias a Dios esto hay que reconocerlo.
En el sencillo pero cuidado templo de bulevar Oroño la música tiene un lugar central en la ceremonia. Canciones y alabanzas se suceden mientras la gente se para, se sienta, levanta las manos, se expresa con total espontaneidad. Desde el escenario, que tiene en el fondo un enorme planisferio con la frase “Jesús es el Señor” y dos pantallas gigantes, distintos pastores conducen el rito, todos con un estilo informal, coloquial, simple, de cercanía con los fieles. Luego será el turno de la gente que micrófono en mano compartirá con el resto de los presentes sus testimonios. Como una pareja mayor que comenta la felicidad que está viviendo al formalizar con el casamiento la convivencia que llevaba desde hace años. O un matrimonio que sube al escenario para presentar a sus hijos ante esta comunidad evangélica. Así, la iglesia no sólo funciona como un lugar de culto, sino también como un marco de contención y un ámbito de pertenencia. 
Silvestri resalta el estilo expresivo y alegre de las ceremonias evangélicas. “Creemos en un Dios no distante, en un Dios cercano. Cristo dijo «el reino de los cielos se ha acercado». Y la realidad es que él mismo pidió que lo dejemos entrar a él en nuestros corazones. Quiere decir que es una experiencia con un Dios vivo, con un Cristo vivo. En pocos días vamos a participar de lo que es la Semana Santa y las Pascuas, que es las Pascuas de la Resurrección. Entonces, no estamos concelebrando un muerto o una desgracia, sino la vida, y eso hay que expresarlo con vitalidad, con fuerza, con alegría… Eso es parte de la expresión espontánea de la alegría de la gente que ve su vida transformada”, señala.
—¿Qué mirada tienen ustedes de las creencias populares como la lectura de manos, los videntes, la astrología, los curanderos...?
—Estos temas están mencionados en el libro sagrado. La Biblia nos muestra que algunas de estas cosas Dios no las aprueba, y si no las aprueba de alguna manera no las alentamos. Ahora, no andamos cazando brujas, no andamos persiguiendo. Lo que tratamos de enseñar es que si se puede recurrir directamente a Dios a través de Jesucristo, por qué vamos a tomar otros caminos, otros atajos en los cuales ese halo de misterio, esa situación de oscuridad puede traducirse después en algunos errores. Una palabra del libro de Proverbios del Antiguo Testamento dice que la única bendición que realmente enriquece es la que viene de Dios, y nunca añadirá tristeza con eso. Nosotros hemos tenido que asistir a gente poseída, dominada por cosas interiores raras, espíritus inmundos, que vinieron de haber transitado algunas de las cosas que mencionás. Hemos tenido que luchar espiritualmente para proveerles la liberación de esas condiciones.
—¿Qué lugar ocupa la mujer dentro de la concepción evangélica? ¿Está a la par de los hombres?
—Dentro de la expresión del mundo evangélico hay una diversidad, porque no hay una cuestión dogmática a la cual se adhiere en cuanto a prácticas. Respecto de la fe coincidimos absolutamente, en Jesucristo, en su deidad, en su obra, en su sacrificio... Pero después cómo lo hace cada uno, en eso hay un respeto a la diversidad. Hay algunas comunidades donde se diferencian mucho los roles, y en este sentido ponen al hombre en un lugar de preeminencia. En nuestro caso, entendemos que hay una diferencia entre el hombre y la mujer, y la Biblia es muy clara en este sentido, y como alguien dijo: “Viva esa diferencia, que nunca se termine”. Entonces también es cierto que en el rol de las funciones también hay diferencias. En nuestro caso específico procuramos que esas diferencias no sean importantes, sino que al contrario, que puedan unos y otros participar en igualdad en la actividad religiosa. No es que los hombres mandan y las mujeres se callan la boca, de ninguna manera. En las iglesias evangélicas además hay pastoras.
—¿Las iglesias evangélicas aceptan el divorcio?
—Hay una realidad. Nosotros nos vinculamos con Dios con una regulación, que es la Biblia. Entonces muchas de las cosas que tienen que ver con las relaciones entre los hombres que están mencionadas en el libro sagrado procuramos que esas sean parte de estos criterios. Cuando dice Dios, “forma al hombre y hace la familia”, “los funde en uno solo”, en el Génesis aparece, primera página del más antiguo y remoto escrito bíblico. Dice: “Varón y hembra los creó y serán una sola carne”. Es un misterio, pero es una cuestión de fe. Jesús ya después retoma y dice: “No está hecho para separarse”. Pero cuando ocurre el divorcio se respeta, y tenemos muchísima gente que llega en esa situación. Nosotros procuramos revalorizar la familia, el amor, la comprensión, la unidad, para que no se produzca el divorcio. Pero si sucede hay que entenderlo, respetarlo y asimilarlo, por supuesto. Y por otro lado no tenemos ninguna restricción a que vuelvan a formar nuevas parejas. No lo alentamos, no lo fomentamos, pero lo aceptamos.
—¿Y respecto de la homosexualidad?
—Ese es un tema también muy difícil, especialmente porque hay aspectos bíblicos que lo señalan como algo salido del orden original. Ahora eso no significa que tengamos una cuestión homofóbica, sino muy por el contrario, tenemos una actitud abarcativa y comprensiva. Esto además es un hecho dentro del orden social donde Argentina es vanguardista con respecto a las leyes y a la aceptación social de la homosexualidad. De alguna manera el hecho religioso está en el mismo contexto, pero siempre avanzamos un poco más de manera moderada porque tenemos mucho respeto por aquel que está por encima de todos los hombres.
—¿Y qué opinión tienen del uso de anticonceptivos?
—La Biblia no dice nada sobre eso. Hay un libro que de alguna manera nos regula, pero hay cosas de las cuales no habla, y si no dice nada procuramos no inventarlas nosotros. Aceptamos por un lado que la sociedad tiene su propio progreso, su propio avance, hoy tenemos electricidad, y en tiempos de la Biblia no había. Hoy tenemos la televisión, redes sociales... ninguna de estas cosas es en sí misma un problema, las cosas no son buenas o malas en sí mismas, el tema es qué uso le doy a eso. Entonces, el tema de la regulación de la natalidad no es ni bueno ni malo, el tema es qué tipo de utilización hago.
La oficina de Silvestri es amplia, pero despojada, sin ningún símbolo religioso. Una puerta corrediza la comunica con un pasillo que da al gran auditorio. En el diálogo con Más, el pastor hace hincapié en las tareas comunitarias que realiza su iglesia. “Procuramos estar cerca de aquellas necesidades que se nos presentan. Ante los problemas sociales intentamos tener una reacción dentro de nuestras posibilidades”, dice. También recuerda la labor solidaria de numerosos miembros de su comunidad en la tragedia por la explosión del edificio de calle Salta asistiendo a las víctimas, familiares, socorristas y bomberos. “En Rosario, por ejemplo, tenemos unas 2.000 personas de nuestra congregación que están afectadas en distintos barrios a asistir a las personas. Reparamos viviendas, ayudamos a las personas solas, a los ancianos, a los enfermos... A estas personas las llamamos maestros, son personas que además de llevar un mensaje de esperanza procuran ser a su vez asistentes sociales”, explica.

“La raíz de todos los males es el amor al dinero”

—Mientras la Iglesia Católica está sostenida por el Estado nacional, periódicamente algunos hablan con no
poca suspicacia sobre cómo se financian las iglesias evangélicas.
—Es razonable que haya suspicacia porque el dinero y donde hay algún aspecto económico siempre genera suspicacia. Hay una frase bíblica que dice: “Raíz de todos los males es el amor al dinero”. El dinero tiene como un llamado a amarlo. Siempre cuando se habla de dinero se dice “¿qué puede haber aquí?”. Esto lo entiendo y es razonable. Por eso es que procuramos ser absolutamente transparentes en todo lo que hacemos, en nuestras cuentas, en nuestros balances, procuramos que cualquiera que quiera saber de esto tenga acceso a conocerlo. Nosotros tenemos mutuales, obras misioneras, varias escuelas, y todo eso es sostenido con aportes de la comunidad.
—¿Cómo ven la situación social de Rosario?
—En esta ciudad sabemos la hora social que nos toca vivir. Es una hora de declinación de los valores morales, sociales y espirituales. Esa declinación siempre va a traer como consecuencia violencia, inseguridad, crecimientos de todas las cosas que son una afectación al bien del ser humano. Y algo de todo esto nos está pasando.
—¿Es exclusivamente un problema de pérdidas de valores?
—Absolutamente. Y la fe ocupa un lugar clave en este sentido. Nos debieran llamar todos los días de los canales de TV y de las radios para que llevemos nuestro mensaje de aliento a la gente. Recuerdo que en 1989 durante la revuelta social y el saqueo a los comercios, todo era un caos, y yo me paré en mi barrio, en la zona sur, diciendo “no lo hagan”, “por favor, no se sumen a estas cosas”. Como un loco estaba yo en medio de las turbas intentando frenar a la gente... Si tenemos más voces que digan “muchachos, reflexionemos, paremos de hacer algunas cosas” creo que nos iría mejor. Multiplicar en cadenas nacionales la cantidad de hechos de violencia que ocurren es una cosa que no estoy en contra, aunque me parece que se exagera. Pero parecería que no conseguimos tener el mismo espacio para una propuesta superadora. Nos tendrían que estar buscando y llamando desde las autoridades, los gobiernos, la policía, desde todos los ámbitos, diciendo “muchachos, vengan y ayúdennos”.
—¿Por qué dice que los medios de comunicación no les dan a las iglesias evangélicas espacio para difundir sus opiniones?
—Porque nos llaman muy poco, y con vocecita suave. Lo que pasa es que la buena noticia no vende. Nosotros tenemos un canal de televisión y radios para difundir diferentes expresiones de la iglesia evangélica argentina. Y a veces me pregunto por qué nos tuvimos que meter a hacer estas cosas, pero es la única manera de transmitir nuestro mensaje. Por nuestra experiencia con los medios vemos que la gente está entusiasmada en recibir propuestas, pero a veces estamos limitados porque hay toda una cuestión que tiene que ver con los intereses económicos. Nosotros no tenemos dinero, a nosotros no nos van a sacar, no nos van a exprimir. Al contrario, nos tienen que dar para hacer todas las obras para la comunidad que tenemos proyectadas. Una vez le pregunté a un periodista relativamente famoso de la ciudad: “Che, ¿por qué nosotros nunca figuramos dentro de los premios que vos otorgás todos los años?”. Me imagino que ya sabés de quién te estoy hablando. Y él me contestó: “Lo que pasa es que ustedes están fuera del circuito”.
—¿Qué sería estar fuera del circuito?
—Del circuito comercial. Pero hoy no hay gente en Rosario que no conozca Canal Luz, que ya tiene 14 años de existencia. Y tenemos una producción local extraordinaria y enorme. Tenemos casi diez horas en vivo. Es impresionante lo que se hace desde esta comunidad a través de Canal Luz en la difusión de valores, de esperanza, de cosas buenas. Canal Luz es producto de esta comunidad rosarina. Es la única señal de televisión de Rosario que se difunde por satélite, y que es vista en tres millones de hogares en 16 países. Esto que debiera ser reconocido y destacado es ignorado porque no está en el circuito comercial. No lo digo desde la queja. Pero no nos vienen a buscar tal vez porque hay un criterio demasiado económico.

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