La ciudad
Domingo 12 de Febrero de 2017

"Hay que trabajar en tomar conciencia sobre lo que consumimos"

Crítico de las políticas que llegan "tarde y lento", el ecologista Mirko Moskat vinculó el incremento de la última década en la cantidad de basura que producen los rosarinos a la expansión de la economía.

Crítico de las políticas que llegan "tarde y lento", Mirko Moskat, integrante del Taller Ecologista y especialista en temas vinculados a residuos, vinculó el incremento de la última década en la cantidad de basura que producen los rosarinos a la expansión de la economía, y lejos de considerar que la meseta de los últimos de los dos años se deba a una mayor conciencia por las políticas de difusión, apuntó a dos factores: la paralización del consumo y el incremento de la actividad de recolección informal. Consideró que además de políticas locales, deberían encararse normativas a nivel nacional que contemplen, por ejemplo, el principio de responsabilidad extendida al productor; aunque hizo hincapié en que cada vecino "tome conciencia de lo que consume, y su proceso productivo".

   —De 2004 a 2014 se duplicó la cantidad de basura que genera cada rosarino, ¿cómo analiza la suba y las políticas en consiguiente?

   —Los números que tenemos es que se pasó de 0,359 kilos de basura promedio por habitante en 2004 a 0,506 en 2014, un poco menos del doble. Hay una correlación entre los residuos que se generan y el contexto económico. Allí, los residuos que más se incrementan son los de alimentos y fundamentalmente los envases, un tema que debería abordarse en políticas nacionales. En lo local, se pudo avanzar en el tema de las bolsas de supermercados con políticas tendientes a disminuir su utilización. Sin embargo, también podrían hacer acciones locales para reducir, por ejemplo, el uso de vajilla descartable en locales comerciales, o trabajar con bares y restaurantes para bajar el consumo de descartables en las bebidas.

   —¿Cuáles son las políticas que pueden impulsarse a nivel nacional?

   —Habría que trabajar en una normativa para que las empresas que producen artículos con envases, como son las de bebidas por ejemplo, asuman la responsabilidad por los impactos ambientales que sus productos generan, basado en el principio de responsabilidad extendida del productor. A través del articulado de la norma se puede plantear que las compañías tengan incentivos para la reducción del uso de esos envases; y otra alternativa es que tengan obligación de hacerse cargo de los costos de tratamiento y reciclaje que esos envases, y que ahora pagan los municipios en la disposición final de los residuos.

   —El municipio relaciona la meseta en la producción de residuos de los últimos dos años a una mayor conciencia ciudadana y a las campañas de concientización, ¿creen que es así?

   —En lo que llega al relleno sanitario y allí hubo una mejora en relación a los volúmenes totales, que bajaron. Sin embargo, no creo que tenga que ver con políticas de concientización, sino que está más ligado al contexto económico y parate del consumo que viene dando tanto en la ciudad como en el contexto nacional, y al incremento de la actividad de los recolectores informales. Las referencias indican que hay más gente cirugeando y que en forma incipiente se repite el proceso de hace 15 años, la gente que pierde sus trabajo se vuelca a la recolección. Incluso hay una demanda de estos recolectores de formar parte de estrategias de reciclaje y eso no se logra porque no hay voluntad política del municipio. Y habría que agregar como un tercer factor, el impacto de la planta de compostaje de Bella Vista, que si bien no involucra a los vecinos, puede tener una cierta incidencia en la disminución.

   —¿Lejos estamos de tener mayor conciencia de lo que se tira?

   —El trabajo pasa por tener conciencia de lo que consumimos, y eso se vio en la jornada de limpieza que se hizo en la costa del río Paraná, donde se encontró enorme cantidad de envases de bebidas. Problematizar sobre qué compramos y el proceso que eso implica desde su producción a su descarte, es fundamental. Son procesos productivos que requieren del uso de montones de recursos y de su traslado en miles de kilómetros, aunque también mano de obra, que es positivo, pero también factores negativos. Eso es lo que hay que dimensionar.

   —En enero, la Secretaria de Ambiente puso en marcha un esquema de recolección alternada. ¿Es un paso importante?

   —Apunta a recuperar lo orgánico limpio, dividiendo los residuos en origen en dos. Es está bien, ya que hace muchos años que planteamos la importancia de enfocarse en los orgánicos, que es lo que llega a los rellenos sanitarios. No es suficiente el compostaje que se hace en la planta de Bella Vista, que es sucio, lleno de contaminantes y que no sirve. Y esto permitirá el compostaje limpio. Llega tarde y lento, pero es importante que se haga; aunque sería interesante que se tome la experiencia y se amplifique a toda la ciudad.

   —¿Cómo avanza la ordenanza basura cero?

   —La comisión de seguimiento que integramos no funcionó el año pasado y este año apenas se reunió una vez, más que un espacio de debate de políticas, es de vez en cuando un lugar donde informan algunas cosas, cuando debería tener un rol protagónico. La ordenanza en sí estamos lejos de cumplirla, ya que se producen y se entierran más residuos que cuando se aprobó, pasando de 230 mil toneladas anuales a 300 mil. Para el 2017, deberíamos haber reducido los residuos un 50 por ciento: es decir, deberíamos estar debajo de las 350 toneladas diarias, y estamos en 800. Muy lejos de las metas propuestas.

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