Diego Osella
Domingo 25 de Septiembre de 2016

Hay que sacarse el sombrero por Nacho

A Ignacio Scocco le bastaron sólo cuatro partidos para volver a ser aquel goleador serial que deleitó a los hinchas de Newell's en el título 2013, bajo la conducción de Gerardo Martino.

No existe la mínima intención de caer en exageraciones inconducentes. Tampoco la idea es quedar atrapado en los tentáculos de los comentarios aventurados. Pero bien vale la pena decirlo ahora sin temor a equivocarse. A Ignacio Scocco le bastaron sólo cuatro partidos para volver a ser aquel goleador serial que deleitó a los hinchas de Newell's en el título 2013, bajo la conducción de Gerardo Martino.

Nacho no podía olvidarse de jugar así nomás. Es demasiado buen delantero como para seguir amnésico con sus gritos. Ya empezó a poner en marcha esa maquinaria goleadora que lo ubicó en lo más alto del pedestal rojinegro a la hora de los reconocimientos. Por algo el ojo clínico de Marcelo Gallardo lo tiene en la mira cada vez que se abre el libro de pases. Es uno de los jugadores fetiches del entrenador de River, quien se lo imagina en un futuro como el alma gemela para ser el acompañante de Lucas Alario en el ataque.

Pero ahora el tema que convoca es el presente esperanzador de Scocco en Newell's. En esa dirección debe apuntársele un poroto grande al entrenador Diego Osella. Es que por lo visto hasta ahora, Nacho luce recuperado físicamente. Con el tanque de nafta cargado para sacarse de encima a un rival con la misma naturalidad con la que respira. En los dos goles que convirtió ayer contra los tucumanos también mostró esa repentización tan propia de los goleadores fantasmales, esos que aparecen en un santiamén para clavar el aguijón en el momento inesperado. Justamente en esto mucho tiene que ver la preparación que le programó Osella para encarar este torneo. Lo puso en condiciones y Nacho supo reconvertirse. Por eso hoy merece que el hincha se saque el sombrero para volver a recibirlo como en sus mejores épocas.

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