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Domingo 29 de Marzo de 2015

“Hay que descubrir qué hace cantar a tu corazón”

La pasión emprendedora es un valor que transmite en sus multitudinarias charlas. Está convencido de que ayudar a otros redunda en una mayor plenitud personal. Claves para el éxito del propio proyecto.

Cuando vendió la empresa que había creado su carrera profesional tocó la cima del éxito. Sin embargo Andy Freire reconoce que ese logro, tan esperado, no redundó en una mayor felicidad, algo que finalmente encontró cuando se dedicó a ayudar a los demás y a fomentar los emprendimientos sociales. Gracias a su experiencia sostiene que “el 5 por ciento de tu tiempo puede mejorar el ciento por ciento la vida de alguien que lo necesita”.
  Casado, con cuatro hijos, este muchacho que transmite fuerza y energía participa de un programa para emprendedores de Telefé. Estuvo en Rosario, invitado por la Casa de Buenos Aires, para compartir su exitosa experiencia de emprendedor y presentar el proyecto #Voslohacés.
  —¿Por qué pasaste de ser un empresario tradicional a alentar los proyectos de otras personas?
  —En parte ese cambio que dio mi vida se debe a lo que recibí de mi familia. Crecí en un ambiente donde mi papá, que era médico, los fines de semana se dedicaba a operar a los presos en forma gratuita. A su vez, la recuerdo a mi mamá trabajando toda la noche, haciendo traducciones para la Fundación Leer sin tampoco cobrar por esto. Ese fue el clima que respiré desde chico. Siempre admiré a los que dedican su vida entera a la solidaridad, pero no es mi caso. Yo soy de la idea del 5 %, es decir: si cada uno dedica el 5 por ciento de su tiempo a los demás se pueden cambiar muchas cosas. Todos tenemos un gen social que nos lleva a hacer algo por el otro.
  —¿En esto encontrás plenitud?
  —Cuando vendí Officenet, la compañía que había creado, me di cuenta de que ganar guita no te daba plenitud. Venía corriendo como loco para vender la empresa y lo logré, pero no pasó nada. Sí, tenía cuestiones económicas resueltas, pero en esencia nada había cambiado en mi vida. De chico había participado de un trabajo social en escuelas de la Patagonia y en ese momento de “éxito” profesional me acordé de aquella experiencia,  y pensé que eso sí me llenaba el alma. Y así empecé a buscar un balance más sano en mi vida, y a dedicar parte de mi tiempo a mi trabajo y otra parte de ese tiempo a algo que pudiera ayudar a cambiarle la vida a otro. Mi primer 5% fue crear la Fundación Iniciativa Joven, en la que armábamos seminarios de liderazgos para chicos de todo el país, en los que participaban desde indios mapuches hasta los más conchetos de Buenos Aires. Juntábamos 200 pibes. Y haciendo esto comprobé que cuando hacés algo social tenés un “pago” egoísta, es cierto, y es la satisfacción de sentirte pleno.
  —¿Cómo encontrás el equilibrio?
  —El equilibrio pasa por conocerte a vos y ver “qué cosas hacen a tu corazón cantar”, una frase que digo mucho. Tenés que entender qué te hace vibrar y tratar de ser fiel a eso. Integrar a tu vida cotidiana el placer de hacer cosas por los demás, pero no sólo dar plata. No, sino poner el cuerpo y el alma. Estoy convencido de que eso llena el corazón.
  —El público de tus charlas es en su mayoría gente muy joven, ¿qué mirada tenés sobre la juventud, su presente y su futuro?
  —Los veo deseosos de encontrar su camino, pero sin herramientas. Los veo buscar oportunidades, pero también noto cierta decepción por no poder cumplir sus sueños. Y eso se debe en parte a que la Argentina nunca hizo del emprendedorismo una estrategia de Estado, lo cual daría a cada uno las herramientas para hacer realidad su potencial.
—¿Ese rol lo suplantan las ONG’s?
—En un mundo ideal las ONG’s no existirían porque el Estado haría todo, pero ese es un escenario poco realista. El Estado debe aceptar que no tiene todas las respuestas y que muchas veces son los emprendedores sociales los que pueden resolver los problemas mucho mejor. El idealismo es fundamental porque te despierta el entusiasmo para hacer algo, pero sin realismo es peligroso porque te hace quedarte en tu casa pensando en hacer algo pero sin hacer nada.
  —¿No pensaste en dedicarte a la política?
  —Tuve muchas propuestas pero mi mejor manera de apoyar a la sociedad es fomentar el emprendedorismo a través de los medios. Participo de un reality en Telefé y en programas de radio, desde donde intento ayudar y divulgar lo que pienso. Creo que cada uno tiene que encontrar el lugar desde donde hacer su aporte. Yo siento que encontré la posibilidad de promover la pasión emprendedora.
  —¿Qué cambiarías de la Argentina?
  —El problema de Latinoamérica es que estamos muy retrasados en materia de innovación. Tenemos que entender que hay que interactuar con Brasil, Colombia, Chile, Perú para ser socios y crear juntos. Así tendríamos éxito en el mundo. Además, los argentinos somos extremadamente creativos, lo vemos en los que se van al exterior que se destacan por ser versátiles, resilientes, todo el mundo los busca.
  —¿Y por qué acá se destacan menos?
  —Porque creo que somos muy buenos a nivel individual pero malos a nivel colectivo, nos es difícil trabajar en equipo. Falta construir un proyecto conjunto donde la gente esté dispuesta a optimizar su agenda individual para generar algo más ambicioso. Eso es parte del desafío que tenemos.
  —¿Por dónde hay que empezar?
  —La clave de ser emprendedor es encontrar algo que te impulse, ya sea mejorar la calidad de vida de otros o lograr tu propia mejora en el ámbito privado. El 90% de las ideas exitosas tiene relación con algo de tu vida cotidiana, de allí surgen las oportunidades. La clave está en tener conocimiento y destinar la energía a cambiar y proponer algo diferente, estar alertas a las necesidades del entorno.
  —¿Cómo entusiasmarías a los argentinos a emprender?
— Creo que no hay nada más pleno que ser dueño de tu propio destino, y para eso hay que saber qué te motiva, luego capacitarte y llevarlo adelante. No hay nada más dignificante en la vida, por eso invito a todos a hacerlo. No garantizo éxito, pero sí plenitud de alma. A nivel de proceso te vas a sentir mejor vos. Si bien es verdad que el 70 % del vaso está vacío, allí hay agua, no es un desierto y creo que Argentina tiene historias de éxitos muy increíbles en el mundo, hay mucho talento. Hoy tenemos la oportunidad de insertar a nuestro país en el mundo desde la innovación y eso está buenísimo. •

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