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Domingo 10 de Julio de 2016

"Hay grandes palabras que nos hacen infelices"

Paula Perez Alonso, la autora de la recordada No sé si casarme o comprarme un perro, reaparece con El gran plan, novela ambiciosa y polifónica. En charla con Más, hace un singular elogio de la impureza.

"Cuando llegué a Atacama buscaba otros rastros del pasado pero fue la luz lo que me capturó, venía del mar sin sosiego, y de otras geografías aprendidas más o menos restallantes. El desierto no se jacta, como el Amazonas o el Congo, de ofrecer mil aventuras y peligros y enemigos solapados en la oscuridad o el exceso, la abundancia de la vegetación de la selva y los ríos de corrientes irremontables, las encrucijadas de miles de expediciones fracasadas, los restos de los emprendimientos fanáticos obcecados", le dice el cineasta Vallejos a Ella, la innominada protagonista de El gran plan (Tusquets, 2016). La novela iba a llamarse Archipiélago, pero en un evento Paula Perez Alonso le comentó sus posibles títulos a María Moreno. Ella fue categórica: ¡El gran plan! ¡Ni lo dudes...! Ya tengo ganas de leerla.

Paula Perez Alonso, quien estudió periodismo y letras, y además es editora de Planeta, se refiere a El gran plan como "la novela del rapto". Ella misma confiesa haberse sentido raptada por la trama mientras la escribía. "Me resultaba muy poderosa, magnética, hipnótica, y representaba el propio drama de la escritura".

En la primera parte se describe la relación entre Ella y su raptor serial, un hombre que conquista y libera. Sí, libera: no hay llave en la puerta, ni rejas, no encierra a su cautiva, sólo la induce a que se quede, y se encierran los dos en esa relación apasionada. La segunda parte se sitúa en Atacama: un director de cine obsesionado por su objeto creativo, su película en la que filmó la luz como nadie hasta ahora, algo tan intangible y esquivo como la luz, mientras, alrededor, un grupo de científicos se encuentran abducidos por sus investigaciones y descubrimientos. A Ella la abduce el desierto, no imaginó lo que le sucedería.

Y en la parte final, el padre de Ella es abducido por el mítico Ezra Pound, por descubrir cómo un tipo tan transgresor y renovador en la poesía podía caer en la locura por conservar un mundo (Pound es raptado por la locura) y a la hija la abduce descubrir qué pasó con el padre, por qué desapareció durante tantos años.

La motivación inicial de la historia surgió cuando Perez Alonso ve la película Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán. Eso la lleva a tejer una ficción en este escenario. Después, claro, viene el viaje al punto mismo del origen. El viaje al desierto de Atacama:

"Vi la película y me deslumbró, tenía que ver con lo que me llevaba de las narices, que es lo invisible en el acto creativo. Inventé al director de cine a partir de él, Vallejos filma la luz como nadie hasta ahora, pero es más extremo. Él se propone hacer visible lo invisible. Me tomó la cabeza el desierto de Atacama, y las investigaciones del astrónomo, la antropóloga, el arqueólogo... las ficciones que los sostienen. Pound, gran personaje-escritor de la tercera parte, dice que la belleza nunca debe explicarse. Eso que sucede es misterioso y no hay que intentar develarlo, hay que aprender a vivir con el misterio. Pound también es parte de la estructura, es una obsesión, un núcleo obsesivo, y eso está en toda la novela, desde el principio, que avanza pero vuelve hacia atrás, para ir adelante y retroceder, es el movimiento que exige ese núcleo obsesivo. El relato envolvente se transforma en experiencia".

"Al llegar a Atacama yo ya había escrito mucho porque había visto el documental de Guzmán, había visto fotos, leído libros... pero cuando el avión aterrizó me sorprendió una emoción tremenda al ver con mis propios ojos lo que había imaginado tanto. Mi novio fue en moto, adora los desiertos y fue un gran impulsor del viaje en moto allá. Recorrimos 1.200 kilómetros de norte a sur y de este a oeste hasta el Pacífico. Es un lugar impresionante al que quiero volver. Estar ahí le agregó a la novela detalles de los científicos porque conocí a una antropóloga, a una arqueóloga, vi los observatorios, el cielo de día y de noche en el lugar más seco del planeta. La inmensidad, el vacío y los pliegues".

—En una oportunidad dijiste que El gran plan son en realidad tres grandes planes que fracasan...

—Fracasan por ser demasiado grandes. Casi lo mismo que esas grandes palabras que nos hacen tan infelices, que sostienen los ideales. Platón nos arruinó la vida. La pulsión por lo imposible sigue siendo muy fuerte. En este caso son el amor-pasión, el paraíso como huida y el estético político de principios del siglo XX, un momento antes de la Primera Guerra en el que los artistas eran los faros de la civilización, un plan, un proyecto que la guerra desbarata para siempre. La novela es una investigación, el misterio de aventurarse a zonas inimaginables, donde el lenguaje puede mostrar algo. Uno empieza y no sabe bien adónde va.

—Y en este dejarse llevar, ¿cómo equilibrar el rol de editora y el de escritora? ¿Cómo hacer para que la editora aguarde y pueda desplegarse la escritora, sobre todo en los primeros borradores del texto?

—Tengo que dejar que el texto encuentre su forma, sin controlarlo del todo. Lo pensé como una composición musical de tres momentos o movimientos. Uno no ve lo que uno ha hecho, no sabe. Son los demás los que nos reescriben con sus lecturas. Pero atajo a la editora hasta tener una primera versión, entonces lo dejo descansar y lo vuelvo a leer como si fuera de otro. Para los demás somos todos genios, ¿no? Cuando se trata de lo propio a veces cuesta más ver con claridad. No tengo certezas, sólo preguntas.

—Muchos fragmentos de la novela tienen un marcado tono poético, una prosa encendida. Fragmentos que bien podrían formar parte de un libro de poesía.

—La poesía es parte de esta novela, por eso en lugar de citar algún verso, está la poesía entera. Los poetas son grandes personajes aquí, los escritores que de verdad existieron, y los personajes son indiferenciados, como si hubiera una zona de cruce donde no importa qué es realidad y qué es ficción. Alguien que vive en los libros no diferencia, está tomado por las ficciones tanto como por lo que vive. El tono es lo primero que uno tiene que encontrar para contar una historia, y la historia se va armando a partir de ese tono, es lo que manda. Y el tono en esta novela es poético, necesariamente, sin ser artificioso; está la prosa, la poesía y lo poético, poético en este sentido.

—Hay en la novela numerosas citas, versos, referencias filosóficas, literarias, del cine...

—Yo creo que uno escribe lo que a uno le gustaría leer, al menos intentarlo; me gustan los cruces, lo híbrido y mestizo, lo homogéneo me aburre. Me gustan las novelas que te implican, que te exigen, que te desacomodan. Creo que estamos permanentemente atravesados de referencias, de textos de otros (porque la música, la escultura, también son lenguaje), un link te lleva a otro, y me gustó hacerlo explícito. La literatura está hecha de restos, de diálogos entre los artistas, filósofos, escritores, poetas. "No creas en la pureza, no te creas ese verso", dice el padre a la hija al principio de la tercera parte. Y la búsqueda de pureza atraviesa la novela y es el gran error, lleva a la frustración, esconde un romanticismo larvado. Quise escribir una novela atravesada por la impureza, en su historia y en su forma. El lenguaje es impuro, lo ambiguo siempre es lo más fascinante.

Como la lengua, infinita y en expansión, El gran plan habla de historias que pueden ser una, o pueden ser todas. Lo fragmentario está en su forma y en su contenido. Paula Perez Alonso construye una novela no apta para seguidores de tramas lineales o de sentidos unívocos. El gran plan es una novela múltiple, donde la hibridez forma parte también del carácter de estos personajes enajenados, arrojados y alucinados por y para el deseo. Por y para su propia luz. ¿Y qué es leer (y qué escribir) sino también segmentarse, enajenarse y multiplicarse uno mismo con cada nuevo libro que se aborda?

Entre el matrimonio y comprarse un perro

Junto a El gran plan se reedita luego de veinte años la primera novela de Perez Alonso: No sé si casarme o comprarme un perro. En ella, Juana publica un aviso en el que convoca a un hombre a competir con un perro por el amor de una mujer. Alrededor también están las historias de Cris, Horacio y Max. Y la de una casa donde habitan ecos aterradores de la última dictadura argentina.

"Fue una sorpresa encontrarme con la novela tanto tiempo después. Me impresionó su intensidad, como escrita por alguien muy joven. Recordé el momento de escribirla, nunca pensé en un best seller, sino más bien una novela dura, sin esperanza. Me impactó leer ahora lo determinada que era. Creo que llegó esa fuerza. No le toqué ni corregí nada, porque claro que se podría mejorar pero dejaría de ser lo que publiqué, sería otro libro" dice Perez Alonso.

El primer lector de la novela fue Juan Forn, quien además alentó su publicación: "Juan, que era mi jefe en Planeta, sabía que tenía más de la mitad de una novela y cada semana me preguntaba cómo iba, y me pedía que le mostrara aunque más no fueran diez páginas. Era muy generoso. Cuando la terminé, se la di y a las tres horas me llamó para decirme que no podía parar de leerla, que tenía voz propia y que debía publicarla. Después terminé haciéndolo en Tusquets, comenzaban una colección de autores argentinos y a Paula Pico Estrada, la editora, también le había gustado. Decidí hacerlo allí en lugar de Planeta para que nadie creyera que me publicaban porque trabajaba en la editorial; Paula fue una editora maravillosa y todo fue feliz".

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