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Viernes 06 de Noviembre de 2015

Hasta un pulcro y aburrido 0 a 0

Opinión, por Elbio Evangeliste / La Capital. Se hace volar la imaginación, en medio de un juego, como es el fútbol: desde la AFA deciden darle curso al pedido de Central. La final de la Copa Argentina vuelve a jugarse.

Se hace volar la imaginación, en medio de un juego, como es el fútbol: desde la AFA deciden darle curso al pedido de Central. La final de la Copa Argentina vuelve a jugarse. Se elige un estadio cualquiera (queda a elección del lector). Se juega a puertas cerradas; 22 jugadores en campo, 14 suplentes, entrenadores y colaboradores. Y, por supuesto, la cuaterna arbitral (¡pobres aquellos que sean designados!). Desde ese mismo día lo que se intentará es comenzar a convivir con un espíritu de pulcritud absoluta en el fútbol, una batalla que lleva años. Pero lo importante es el partido. En medio de un trámite parejo el Canalla logra torcer la historia. Gana la final 1 a 0. Es el campeón. El juego se prestó para alguna discusión porque el gol fue de Marco Ruben, que después la televisión determinaría que metió la mano en lugar de la cabeza . Enorme festejo por parte de Central, pero mientras eso ocurre, del lado de Boca parten críticas de todo tipo, con justa razón. Elevan la queja donde creen correspondiente y peticionan que la final tenga un tercer capítulo. ¿Por qué desde la organización de la copa o desde la AFA se le negaría ese derecho a los xeneizes? Es que de no darle cabida a esa solicitud se estaría actuando de una manera distinta después de haber sentado un precedente histórico. Y así la rueda podría hacerse eterna. ¿Hasta cuándo? Hasta que no se dé una final pulcra y santa ciento por ciento, sin polémicas ni aproximaciones a las áreas. Con un aburrido 0 a 0 y definición por penales. Por las dudas se aclara: el perjuicio a Central el pasado miércoles en el Kempes está fuera de discusión y desde ese lado se entiende la bronca. Pero el tema son las posibles secuelas a futuro, no para el Canalla, sino a las que se expondría el fútbol. Y que el límite después alguien se atreva a ponerlo.

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