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Miércoles 05 de Marzo de 2014

Hasta que Wanda se separe

El 29 de octubre pasado los ministros de Educación de todo el país, presididos por el titular de la cartera nacional, Alberto Sileoni, aprobaron que en 2014 las clases comenzaran el 26 de febrero. No pasó ni una semana para que ese acuerdo adoptado...

El 29 de octubre pasado los ministros de Educación de todo el país, presididos por el titular de la cartera nacional, Alberto Sileoni, aprobaron que en 2014 las clases comenzaran el 26 de febrero. No pasó ni una semana para que ese acuerdo adoptado por el Consejo Federal se postergara para el 5 de marzo en distintas provincias. Ni siquiera aquellas que trataron de mantener firme esa decisión lograron sostenerla, como el caso santafesino.

Vaya a saber a qué iluminado técnico de la administración pública se le ocurrió que ese miércoles 26 de febrero era una buena fecha para el inicio del ciclo lectivo; y en qué pensaban los ministros que le dieron el visto bueno. Cualquiera que trabaje y enseñe en una escuela sabe que esa medida responde más a un capricho por cumplir con un calendario ficticio que en asegurar una buena educación. Sólo como ejemplo pensemos cuántas horas de clases pierden las escuelas que por distintos problemas enseñan con horario reducido (como la secundaria de Cabín 9, que no tiene aulas propias).

Desde que se difundió la cuestionada fecha de febrero, los gremios docentes reclamaron discutir con tiempo y en paritarias la cuestión salarial. Esto tanto a nivel provincial como en la Nación. Esa insistencia y firmeza de los maestros —nadie regala nada— tuvo eco en Santa Fe. Sin embargo, y a pesar de la buena voluntad de diálogo de las centrales docentes, a nivel nacional no se logró lo mismo.

Hacía tiempo que no se daba un comienzo del año escolar tan desprolijo, con tanto manoseo hacia los maestros, familias y sobre todo a los que debieran ser protagonistas de este proceso: niños y adolescentes. En el medio, inexplicables postergaciones de las reuniones paritarias nacionales, propuestas salariales que ni siquiera merecen ser analizadas, y con la introducción del presentismo como la triste y lamentable novedad en los debates.

Por si fuera poco el trabajo de enseñar y el salario docente floreados como nunca por todos los medios, hasta en los programas televisivos de chimentos, que suplieron con este debate la falta de notas en la playa a causa de las imprevistas lluvias de febrero. Pero a no tomarlo en serio, esta notable inquietud por la educación será hasta que "la Ritó" consiga un nuevo novio, Wanda se separe de Icardi o alguna novia perdida de Diego anuncie que está embarazada. En todas estas idas y venidas, el golpe bajo provino nada menos que del gobierno kirchnerista, que supo poner a la educación en un lugar respetable, que la pensó como proyecto y la concretó en leyes inclusivas como ningún otro gobierno. La confirmación de la presidenta Cristina Fernández de aplicar el presentismo impugna esa mirada respetuosa y atenta hacia el valor de educarse que tiene un pueblo. Porque si, en el fondo, lo que se quiere discutir es el ausentismo docente, no hace falta aplicar medidas sancionadoras, seguramente los educadores estarán dispuestos a dar ese debate tan complejo. Mucho tienen para decir.

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