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Martes 29 de Octubre de 2013

Hasta los mejores dicen adiós

El domingo, durante la premiación del ATP 500 de Basilea que ganó Juan Martín Del Potro, el público local ovacionó a su ídolo Roger Federer.

El domingo, durante la premiación del ATP 500 de Basilea que ganó Juan Martín Del Potro, el público local se manifestó de una manera conmovedora. Ovacionó a su ídolo Roger Federer como pocas veces y se fundió en un aplauso cerrado,  espeluznante, que tiene una explicación inmediata: a Roger no le queda mucho hilo en el carretel.

Es evidente, sobre todo tras una pobre temporada como la 2013. A los mejores también les llega la hora del adiós. Tan sentido fue ese reconocimiento del pueblo suizo que fue al estadio, que la cara de Roger, tensa por haber perdido la final, fue  mutando a la de la fragilidad, quedando al borde de las lágrimas. No sabe el público que lo aplaudió de esa forma cuántas veces más podrá verlo en vivo. No sabe el propio Roger, hasta dónde él mismo llegará. Y ante la posibilidad de arrepentirse en un futuro por no haberlo hecho, el público no dudó en rendirle pleitesía a su máximo ídolo.

Alguna vez, esos mismos espectadores silbaron a Roger por un mal desempeño en la Copa Davis. ¿Increíble? Demasiado como para un tenista exquisito, fenomenal, el máximo embajador deportivo de su país en el mundo. Pero lo del fin de semana  demostró que aquel hecho no es la realidad. Será difícil que los suizos vuelvan a tener un deportista así. Y ellos lo saben. Por eso el homenaje. Ya sienten que lo extrañarán. Como todo el tenis.

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