Edición Impresa
Sábado 20 de Noviembre de 2010

Hacia una educación que incluya la ética y la estética

El diseño de una nueva escuela secundaria es uno de los debates centrales que se da a nivel nacional. Pero además de un cambio en los contenidos curriculares, es necesario discutir las formas en que se imparten esos conocimientos, más ligados a los lúdico y que tomen en cuenta las particularidades de cada chico.

El diseño de una nueva escuela secundaria es uno de los debates centrales que se da a nivel nacional. Pero además de un cambio en los contenidos curriculares, es necesario discutir las formas en que se imparten esos conocimientos, más ligados a los lúdico y que tomen en cuenta las particularidades de cada chico. Así lo entiende Leandra Bonofiglio, licenciada en ciencias de la educación y ex titular de la Dirección Provincial de Actualización, Innovación y Evaluación Educativa de Santa Fe. La semana que viene presenta en Rosario un libro sobre la importancia de incluir la dimensión ética y estética en el interior de las escuelas.

"La clave pasa porque los lenguajes artísticos no queden reducidos a una hora y un docente especial", apunta Bonofiglio.

—¿Propone entonces que las materias comunes incorporen el arte y el juego en el dictado de sus clases?

—Exacto, como herramientas y formas de cruzar esos recursos. Porque lo que nos viene sucediendo es que la estructura de la escuela está fragmentada en una cuadrícula horaria que termina instalándose en la cabeza del niño. Terminamos cada docente hablándole a un pedacito del niño en vez de pensarlo como un sujeto integral. Y entonces ahí el arte es esencial como posibilidad de pensar poéticamente, metaforizar, construir imágenes mentales en relación con las cosas.

—¿Cómo debería pensarse en este contexto al docente?

—Una de las cosas que proponía la ley federal era el docente polivalente, que fue muy bien cuestionado por los gremios porque lo que aparecía ahí era una figura que habilitaba a poner un único maestro a cargo de todo. Fuera de ese contexto, y garantizando la dignidad del trabajo, la formación de un docente polivalente sería más que interesante. No para que no hayan especificidades, sino para que el maestro que tiene que enseñar matemática pueda trabajar relacionándola con la música o la plástica, como pasó en sus inicios como disciplina.

—¿La idea es superar el debate entre una escuela aburrida y un afuera divertido?

—El gran desafío es pensar la forma en la que se enseña en la escuela. Hasta ahora siento que todos los congresos y grandes discusiones pedagógicas han pasado por qué contenidos tiene que enseñar la escuela, y no por las formas que adoptan. Entonces si al pensar núcleos de aprendizajes prioritarios lo que hacemos es establecer sólo un punteo de cuáles son los temas que todo niño debe saber, pero la forma sigue estando exactamente igual que hace 100 años, esto significa que no estamos pudiendo cambiar de verdad. Me parece que si el modo de aprender está mucho más ligado a una perspectiva lúdica y estética vamos a tener una articulación de estos contenidos desde un lugar más cercano a lo propio de cada alumno.

—¿Se puede cambiar la secundaria sin dar este debate?

—Creo que no, justamente porque es necesario repensar las formas en que se mira a la escuela, si la idea es hacer una escuela media inclusiva que deje atrás la construcción histórica de una secundaria elitista.

—¿Qué experiencias exitosas se pueden nombrar de esta educación estética?

—En Rosario hay dos experiencias que, cada una a su manera, pudo generar este tipo de articulaciones. Una fue la Escuela Serena de las hermanas Cossettini, y la otra es la Biblioteca Popular Vigil. Ambas son un norte interesante para tener en cuenta, sobre todo porque se produjeron en situaciones políticas adversas, mientras que hoy tenemos un contexto que está mucho mas abierto a posibilitar este tipo de propuestas. 
 

Comentarios