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Sábado 05 de Septiembre de 2009

Hacia el bicentenario, sin nostalgias

—Los planteos que trae a debate, ¿deberían ser parte de la agenda educativa del bicentenario?

—Sí, pero en esta doble dimensión: no miremos a la escuela con nostalgia, hay una cosa muy autodestructiva, hay que recuperar la autoestima (la otra dimensión) de los que trabajamos en y por la educación pública. Tenemos desafíos por delante, hay miles, pero también se hizo mucho en estos 200 años. La escuela pública es altamente dinámica, donde se resiste, se vive, donde se juegan sentidos y de acciones. Hay que recuperarlos, si no estamos pensando que pasaron 200 años en vano, y que ahora tenemos que esperar los próximos 200 para festejar el triunfo de la revolución educativa. Pongamos metas, pero no podemos estar siempre en esta cosa fundacional del sistema educativo. Si no se desvaloriza el trabajo cotidiano de los docentes. En su libro "Mal de escuela", Daniel Pennac recuerda a cuántos niños y niñas ganó la escuela pública con su reconocimiento. El autor usa el término zoquete para referirse a ese discurso que culpabiliza a los propios niños de un fracaso que la sociedad produce. ¿Y cómo se salvan? Gracias a los profesores que dedican tiempo. Es verdad que la escuela no siempre escucha, pero cuando ocurre hace mucho por esos niños.

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