Cartas de lectores
Miércoles 19 de Octubre de 2016

Hablemos de otra cosa

Desde hace un tiempo a esta parte, los corruptos y sus acciones llenan las páginas de los diarios y revistas, e insumen horas de programas de radio y televisión. Son parte de nuestras conversaciones diarias, en nuestras reuniones con amigos y familiares. Aún cuando dos personas no se conocen, empiezan a hablar de ellos. Aparecen a diario en las redes sociales. Nos acostamos escuchando las acciones de un corrupto y nos levantamos mirando qué nuevo ilícito cometieron. Quiero creer que, por suerte, son los menos. Pero hacen suficiente ruido y líos para tener a la prensa a su disposición. El lío lo hacen unos pocos. A diferencia de los terroristas no originan miedo, pero nos provocan los peores sentimientos. Miles de trabajadores se levantan todos los días sabiendo más de sus vidas, y de sus millones. Miles de estudiantes anónimos, que se preocupan por ser mejores, conocen sus historias. El peligro está vigente y es que los corruptos pueden despertar la tentación de ser como ellos, que sumen simpatizantes y voluntarios a formar parte de sus filas. Casi nadie sabe qué se esta haciendo para paliar los efectos de una enfermedad, para salvar alguna vida, para solucionar el hambre, la desnutrición y la pobreza, para terminar con la inseguridad, el odio y el enfrentamiento. O para lograr una mejor sociedad, más justa y solidaria, o una mejor educación. Pero sí sabemos sobre las cuentas, el dinero y las propiedades de los corruptos. ¿Y si dejamos de hablar tanto de ellos y comenzamos a hablar de nuestros sueños, de nuestras esperanzas, de nuestros proyectos? ¿Qué pasaría si los medios no hablaran tanto de ellos? ¿Será posible que los corruptos no tengan tanta prensa? La corrupción, y por ende los corruptos, han crecido y se han reproducido en los últimos años por el accionar de un gobierno corrupto que los apañó. Hagamos lo posible para que no salpiquen nuestro presente y nuestro futuro.

Jorge Bustamante


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