Educación
Sábado 17 de Julio de 2010

Guillermina Tiramonti: "El cambio en el secundario no debe ser sólo por la inclusión"

La pedagoga de Flacso Argentina propone debatir sobre el sentido de la escuela.

Guillermina Tiramonti es una de las especialistas en materia educativa más reconocidas de la Argentina. Pronta a iniciar el dictado de un seminario sobre la escuela secundaria (ver aparte), la investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) considera necesario introducir cambios en el nivel medio de la enseñanza para garantizar el acceso de más adolescentes al sistema. Pero propone además debatir sobre el sentido del secundario y que los cambios que se discuten no se limiten a la inclusión social. Sostiene que si se deja de lado a la escuela como espacio de iniciación cultural para los jóvenes, será "una oportunidad perdida".

—¿Cuánto se avanzó en la implementación de la llamada "nueva secundaria"?

—Algunas de las dimensiones que se abordaban en el proyecto inicial resultaban interesantes, como el cambio en la organización del tiempo y la generación de espacios alternativos. Pero generalmente poco de eso se está haciendo, porque prima esa tecnología establecida en los 90, por la que le damos a las escuelas un poco de plata y a ver qué inventan. Creo que la cosa no va por ahí, hay que hacer cambios estructurales para que lo que se envía o lo que inventa la escuela media sea fructífero.

—¿Por ejemplo?

—Sabemos desde hace cuarenta años que es necesario modificar el régimen del profesor taxi, porque nada se puede hacer si no se tiene un equipo de trabajo estable en la escuela. Sin embargo esos son cambios estructurales que requieren mucho esfuerzo político y de negociación, y no se hacen.

—¿Qué otra discusión está siendo soslayada?

—La escuela media está en una situación muy crítica, porque está redefiniendo y peleando su identidad. La universalización del secundario desnaturaliza la escuela, que es una institución destinada a seleccionar. Pero si se universaliza, con lo que estoy de acuerdo, es necesario modificar esa institución. Ahora, cuando se modifica hay que hacerlo con determinada orientación y sentido. Si la idea es hacer de eso un espacio que aguante a los chicos nada más, un cambio orientado sólo por el objetivo de la inclusión y la contención social, es una oportunidad perdida. Se le da a la escuela una identidad más relacionada con un dispositivo de control social, y se deja de lado la potencialidad de ser una escuela de iniciación cultural para los jóvenes.

—¿Esto está presente en los debates?

—No, porque creo que la preocupación de los gobiernos, y también la de muchos de los expertos, es ver cómo hacemos para que los chicos vayan a la escuela. Pero poco se pregunta respecto de cómo hacemos para que además sea eficaz en la incorporación de estos chicos al diálogo cultural. Hay más una urgencia social por tener los chicos adentro de las aulas que por rescatar la relevancia cultural de la escuela. Si el acento se pusiera en lo cultural podríamos hacer una escuela más inclusiva.

—El Consejo Federal aprobó la posibilidad de ingresar al secundario desde agosto. ¿Coincide con esta disposición?

—La escuela media tradicional está destinada a seleccionar, con una serie de exigencias que no están asociadas al aprendizaje, sino a la obediencia. Si alguien se lleva más de tres materias, no sé qué sentido tiene repetir todo el año. Flexibilizar todo eso me parece bien. Pero si nos quedamos en eso, en que los chicos se puedan llevar más previas o que puedan entrar en agosto, no hacemos más que flexibilizar un esquema que requiere ser cambiado. El formato con chicos separados por edades, todo en bloque y estandarizado, es un diseño que funcionaba para la cultura del enciclopedismo y la ilustración. Hoy lo que el docente puede explicar los chicos lo encuentran en el Google. Por eso hay que transformar la escuela en espacios donde, por ejemplo, los chicos aprendan a usar internet, y a su vez tengan un docente que sea capaz de ayudarlos a ordenar, reflexionar y discutir esa información. Eso implica transformar el ámbito escolar en uno donde los alumnos tengan otro protagonismo, y el lugar del docente sea otro.

Comentarios