Ovación
Viernes 10 de Junio de 2016

Grito albiceleste en Panamá

El rosarino Cartazzo juega en el país centroamericano, rival de Argentina. "Ganamos 3 a 0", dijo

Nunca había salido del país, ni volado en avión. Y sólo había mojado los pies en el mar una sola vez en sus 23 años. No tenía idea de la existencia de un canal tan desmesurado y dice que mucho menos sabía del lavado de dinero y de los Panamá Papers. Podría decirse que cuando el rosarino Pablo Cartazzo llegó en enero, desde barrio Las Delicias a la capital de Panamá para jugar a la pelota y probar una nueva vida estaba tan perdido como Pedro Arias Dávila, el conquistador español que se instaló, espada en mano y sin pedir permiso allá por el 1500. Cartazzo verá hoy por TV el Argentina-Panamá en Chicago, pero a las 20.30 (por la diferencia horaria de dos horas: acá se verá 22.30). El hincha albiceleste estará en su casa del barrio Llano Bonito, a 5.076 kilómetros de distancia, envuelto en la bandera argentina. "Y con el volumen alto así puedo gritar los goles de Argentina: ganamos 3 a 0", desafió.

¿Cómo fue que este rosarino llegó a ponerse la camiseta morada y blanca de Deportivo Itsmeño? "La vida te da sorpresas", cantó Blades, uno de los panameños más conocidos en el mundo, y algo así fue para Cartazzo, quien comenzó a jugar a los 4 años en Alianza Sport, de zona sur. Allí donde también hicieron los palotes Américo Tolo Gallego, César Chelo Delgado y Ever Banega, hoy en la selección argentina que enfrentará a Panamá. "Es de Newell's como yo", aclaró Cartazzo, admirador del Tata Martino y de Nacho Scocco.

De Alianza pasó a la Agrupación Infantil La Consolata, siempre por zona sur, y con los años fue parte del plantel de primera local del Club Social y Deportivo de Villa Gobernador Gálvez.

"Desde chico mi sueño era ser jugador de fútbol. No importaba dónde ni el lugar, sólo quería vivir del fútbol. Pero bueno, no podía: arreglaba heladeras, fui ayudante de albañil, y como trabajaba y quería jugar hasta abandoné la escuela. Un día mi profesor del Inter (Diego Gutiérrez) me habló de jugar profesionalmente en el Caribe, él se venía y me vine con él. Acá soy delantero y trabajo limpiando oficinas, pero en pocos meses mejoré mi calidad de vida, y creo que puedo crecer", aventuró Pablo.

Dice que extraña (la familia, las comidas de los domingos, y jugar a la pelota con los amigos) pero que se adaptó y le encanta vivir entre dos océanos y encontrar matices en la misma lengua: que los panameños usen el "ofi" como "ok", a la "cosa" la llamen "vaina" o pregunten "¿qué sopa?" como si fuera un argentinísimo "¿qué pasa?". Dice también que la banana frita es tan común como el dulce de leche y que en los estadios las hinchadas ven el partido mezcladas y "no pasa nada". O bastante menos que lo que podría suceder "si se juntaran en el mismo lugar hinchas leprosos y canallas". Y también dice que su equipo juega en la tercera, y "tiene chances de ascender".

EM_DASH¿Saben tus compañeros de equipo algo de Rosario?

—Nada, pero cuando les digo que nació Messi, la cosa cambia.

Dice que para los panameños Messi es Argentina y Argentina, Messi. Y allí, entonces, el hincha rosarino de la selección albiceleste en Panamá, ya no se siente tan solo cuando se pierde en el mapa.

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