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Domingo 01 de Febrero de 2015

Grecia se sube al barco del populismo

Este viernes hubo una conferencia de prensa conjunta de dos ministros de Finanzas del Eurogrupo, ambos con apellidos difíciles de pronunciar. La reunión con la prensa hizo historia y fue en Atenas. 

Este viernes hubo una conferencia de prensa conjunta de dos ministros de Finanzas del Eurogrupo, ambos con apellidos difíciles de pronunciar. La reunión con la prensa hizo historia y fue en Atenas. El holandés, Jeroen Dijsselbloem, titular del Eurogrupo (organismo que reúne a los ministros de Finanzas de la zona euro) chocó abiertamente con su colega griego, Yanis Varoufakis.Nunca se vio semejante abismo de criterios entre dos integrantes del órgano financiero europeo. El holandés dijo lo obvio: que Grecia debe cumplir sus compromisos; el griego, recién aterrizado en el cargo desde la actividad académica, dijo todo lo contrario. Si el ministro griego y su jefe, Alexis Tsipras, cumplen con sus promesas, la deuda griega con la troika será lisa y llanamente defaulteada. De nada sirvieron las promesas de ampliar los plazos de pago que se hicieron desde distintas instancias. Impermeable, Varoufakis decretó ante su colega holandés que es "ilegal" la misma troika, esa que le entregó 240 mil millones de euros a su país en los últimos 4 años y medio. Más aún, agregó que ni siquiera negociará el último tramo del segundo rescate, que vence el 28 de febrero. Alexis Tsipras y sus "duros" no dicen sin embargo que el último gobierno centroderechista de Antonis Samaras les entregó un país sin déficit y hasta con cierta recuperación económica. Pero está claro que piensan demoler muy rápido ese modesto legado, si es cierto que reincoporarán a los 350 mil estatales despedidos en estos cuatro años. Grecia, un país de 11 millones de habitantes volverá así a tener un millón de empleados del Estado. ¿Volverá el déficit fiscal a trepar al 13 por ciento, dato que debió blanquear en 2010 Atenas luego de saberse que falseaba sus cuentas públicas año tras año? Es muy probable. Varoufakis se considera "un marxista libertario". Solo de un académico puro sin experiencia alguna en el campo privado o de la gestión pública puede esperarse ese maximalismo teórico llevado, sin mediación alguna, al ejercicio de gobierno. Argentina ya padece este ideologismo de cátedra puesto allí donde nunca debe estar, en la administración del Estado. Con la autoridad de la mala experiencia, los argentinos podemos decir que ciertamente no es una buena idea.

Un punto que por estos días se pierde de vista: después de someterse a la dieta de la troika, compensada con inyecciones masivas de euros, Irlanda, Portugal y España están fuera de la recesión y con economías saneadas. Por otro lado,la enorme cifra dada a Grecia por el doble rescate ya se había renegociado en plazos e intereses en favor de Atenas. Mientras hoy Grecia debe pagar 11 por ciento de intereses si sale a colocar deuda, con la odiada troika apenas supera el 2 por ciento, con plazos muy extendidos. De hecho, una quita de deuda muy consistente, como recordó ayer Angela Merkel. En todo caso, los europeos deben sancionar a los bancos por su aventurerismo en lugar de premiarlos y salvarlos con el vil argumento de que "son demasiado grandes para caer".

Salvo que lo visto en Atenas sea una gran puesta en escena para luego negociar con ventaja, parece que Grecia, bajo el mando de una izquierda radical y populista, sufrirá un daño que será infinitamente mayor al que estos personajes dicen venir a remediar. No extraña en absoluto de parte de admiradores confesos de Vladimir Putin como los de Syriza y aliados de Podemos, los que a su vez son admiradores y asesores del régimen creado por Hugo Chávez.

Paradójicamente, Grecia se embarca en la aventura populista radical justo cuando entra en su ocaso en America latina. Junto con el fin del boom de los commodities, unas políticas económicas calamitosas han puesto, sobre todo Venezuela pero también a Argentina, en la vidriera internacional como evidentes fracasos, como modelos cuya aplicación se debe evitar a toda costa. La diferencia es que Grecia no tiene un boom de commodities a su favor que sustente un gasto público desbocado y opaco, esa marca registrada de los populismos latinoamericanos. Hasta 2010, los griegos suplantaron esta falencia con el fraude contable sistemático, los inagotables "fondos estructurales" europeos y la facilidad de acceso a crédito baratísimo que otorgó el hecho de ser miembros del euro. Ahora perdieron esas ventajas por decisión de Alexis Tsipras y de su ministro Varoufakis, el académico que vino de Texas.

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