Ovación
Viernes 13 de Mayo de 2016

Gran paso con el sustento de un equipo: Central venció a Nacional de Medellín

Central ganó el primer chico de los cuartos y el Gigante fue una explosión ni bien el juez pitó el final. En un típico partido copero, lleno de imprevistos, como la lesión de Pinola y el golazo inmediato de Montoya, sacó ventaja y se anima a más.

El partido terminó con explosión. Cuando el brasileño Ricci marcó el fin con la victoria de Central por 1-0 los hinchas canallas festejaron con todas sus energías. Esa fue la señal inequívoca que se internalizó que lo que cuesta vale. Que en este tipo de confrontaciones la ventaja, por más mínima que parezca, es considerable. Que ese gol cotiza. No es decisivo. Pero puede llegar a serlo. Y para que lo sea aún falta garantizarlo en la revancha en Medellín. De visitante. Que no será sencillo. Pero hacia donde el equipo de Coudet viajará con ese gol en el equipaje, que no da seguridad, pero sí un poco de tranquilidad.

La Copa Libertadores es así. En la que los imprevistos juegan. Y rompen los planes. Con la intensidad sosteniendo las expectativas. Con un juego en el que la paridad se pasea y hace complicado cualquier pronóstico. Por eso estas fases de 180 minutos ponen a la pasión a flor de piel. Y a los nervios de punta. Porque el rayo menos pensado parte todo lo programado. Dando inicio a otro capítulo. El real. Ya que el que estaba en el borrador de la previa mutó por las circunstancias no calculadas.


Embed

En una ráfaga de dos sucesos el ritmo cardíaco pasó de la aflicción al delirio. Javier Pinola sufrió una grave lesión en un cruce (ver aparte) y el Gigante frunció el ceño de preocupación. El defensor permanecía en el suelo y la multitud disminuyó el bullicio como claro gesto dolor colectivo. Y mientras aguardaban con tensión, las señales inequívocas desde el campo, el retiro del jugador en el carrito sanitario y el trabajo precompetitivo de Alvarez confirmaban el "no va más". Y ahí, cuando el lamento recorría el contexto canalla, llegó la alegría montada en un remate del chaqueño Montoya que partió desde lejos para cabalgar hasta el gol. Así de repentino, de cambiante.

El estado de ánimo entró en ebullición, aunque después los colombianos sacaron lo mejor de sí con toque lograron una circulación que ubicó al ánimo auriazul en las dificultades lógicas de este tipo de compromisos. Tanto que se entendió que esta lucha es cruel y es mucha. Por eso no faltaron sofocones para Central. Por eso el descanso llegó como un bálsamo. Por eso en el complemento los de Coudet estuvieron varias veces a un tris de ampliar la diferencia. Pero muy cerca. Porque tras el apremio del primer tiempo el conjunto canalla mostró inteligencia, sagacidad, juego y mucho esfuerzo. Central construyó el triunfo con la convicción de lo que tiene. Y de lo que puede. Apretando los dientes cuando había que luchar. Dejando todo para resistir. Con su juego asociado para protagonizar. Con el atrevimiento para desnivelar. Intercambiando tácticas, con vocación de servicio y jerarquía para conservar la ventaja que supo conseguir. No hay dudas de que tiene con qué. A sabiendas de que el camino se estrecha a medida que avanza. Donde los errores deben quedar en la banquina. Como lo hizo ayer. Porque cada vez será más complejo.

Coudet le dijo a Ovación que este equipo se anima. Porque puede. Porque sabe. Y por todo eso mantiene viva una ilusión que tiene sustento. Ilusión que viaja a Colombia para ratificar el fundamento. Y así extender la vigencia del sueño de su gente, que anoche se fue a dormir con el orgullo por jugar y ganar.

Comentarios